¿Tu hijo/a presenta rabietas frecuentes y no sabes cómo gestionarlas? ¿Trabajas con niños y a menudo estos episodios interfieren en tu trabajo, no sabiendo cómo actuar? No desesperes, en este artículo encontrarás 7 pautas detalladas sobre cómo gestionar las rabietas de los niños.

Es importante remarcar, pero, que más allá de estas pautas, será importante intervenir desde la empatía y el respeto, fomentando en él/ella, la adquisición de recursos personales para hacer frente a esos momentos de ira que a veces ni ellos saben gestionar.

Las rabietas en la infancia

Las rabietas de los niños son momentos de enfado e ira, a veces desbordada, que aparecen como respuesta a un estímulo, que puede ser interno (por ejemplo tener mucho sueño) o externo (por ejemplo no conseguir que le compren algo).

Éstas suelen aparecer a cualquier edad: desde que son muy pequeños, hasta pasada la adolescencia. No se puede (ni se debe) actuar de la misma manera ante todas ellas, porque cada niño/a es un mundo y vive su propio proceso.

Además, las causas de las rabietas también son muy dispares: inmadurez, bajo autocontrol, aburrimiento, estilos parentales inadecuados, malestar, tristeza, falta de recursos, baja tolerancia a la frustración….

Una vez dicho esto, merece la pena conocer las siguientes pautas sobre cómo gestionar las rabietas de los niños, que deberán ajustarse siempre a la edad y al momento evolutivo del pequeño. Además, será importante indagar en la causa de dicha rabieta para prevenirla y, en caso de que vuelva a aparecer, actuar de forma más efectiva y beneficiosa para el niño.

Cómo gestionar las rabietas y pataletas de los niños

Estos son consejos acerca de cómo gestionar las rabietas de los niños, adaptables a cualquier edad. Recuerda que será importante aplicarlas en el momento preciso, y conociendo bien al niño, para que resulten más efectivas.

1. Aplica la extinción

La primera pauta que os ofrecemos sobre cómo gestionar las rabietas de los niños tiene que ver con una técnica de modificación de conducta altamente efectiva: la extinción. Ésta consiste en dejar de prestarle atención a la conducta del niño/a, que se mantiene precisamente por dicha atención o por cualquier otra acción que refuerza (muchas veces sin darnos cuenta) dicha conducta.

Por ejemplo, si un niño llora por una rabieta, porque quiere que le hagan caso, y siempre que llora le prestamos atención, estamos manteniendo dicha conducta. O si por ejemplo, un niño siempre dice palabrotas, y constantemente le decimos: “no las digas”, esto deja de ser efectivo. Practicar la extinción implica “obviar” esa conducta y no reforzarla de ninguna manera.

Con el tiempo, las conductas que se ponen bajo extinción, desaparecen. Lógicamente, no todas las conductas son susceptibles de poner bajo extinción (por ejemplo si son conductas peligrosas), y deberá analizarse cada caso concreto.

2. Razona con ellos/as

Otra pauta interesante que podemos aplicar, ante las rabietas de los niños, es la de razonar con ellos. La conversación que tengamos con ellos deberá tener la finalidad de que reflexionen sobre su conducta y sobre el propósito de la misma.

Finalmente, deberemos animarles a que exploren nuevas alternativas de conducta a aplicar, en lugar de la rabieta que, al fin y al cabo, no proporciona nada positivo. Lo importante es fomentar la reflexión.

3. Habla con ellos/as sobre cómo se sienten

Relacionada con la pauta anterior, resulta importante también hablar con ellos sobre cómo se sienten en ese momento. Muchas veces no podremos preguntárselo cuando ocurre la pataleta, y deberemos esperar un tiempo prudencial para que la intensidad de su respuesta disminuya.

Una vez esto ocurre, podemos buscar un momento y un espacio tranquilo con ellos, para hablar sobre cómo se sienten, por qué se están comportando así, si hay algo que les preocupa, etc. A menudo, tras una rabieta se esconde otro sentimiento, que puede ser la tristeza. Indagar en ella resultará beneficioso para ambas partes.

4. Anticípate

La cuarta pauta sobre cómo gestionar las rabietas de los niños tiene que ver con la anticipación, una herramienta clave para evitar muchas conductas inapropiadas. Este punto no resulta nada fácil, y debe trabajarse. Anticiparse a las rabietas requiere conocer mucho a nuestro hijo y empatizar al máximo con él.

Cuando aprendamos a detectar pequeños gestos de la cara, el cuerpo, un tipo de lenguaje concreto, una emoción, etc. en él/ella, previos a la rabieta, podremos empezar a actuar. Para anticiparnos, también deberemos conocer qué puede estar sintiendo en ese momento nuestro hijo: ¿Rabia porque está entre mucha gente? ¿Descontento porque no le hemos comprado lo que queríamos? ¿Sueño excesivo porque no ha dormido bien?

En función de ello, nuestra respuesta deberá ser una u otra. Por ejemplo, apartarlo de la gente en el caso de que estemos en una aglomeración, hacerle saber que podrá dormir cuando lleguemos a casa, etc.

5. Ponle límites que pueda respetar

Es muy importante, durante el proceso educativo, poner límites. Sin embargo, “no todos los límites valen”, y debemos ser también moderados en este sentido. Decir NO a todo no resulta beneficioso para ellos/as, y en la flexibilidad está la clave.

El hecho de ser flexibles con sus deseos, pero también sus rabietas y sus necesidades, puede ayudarnos a prevenir precisamente esas rabietas. Si los niños se topan constantemente con el muro del NO que les impide hacer cualquier cosa, se pueden sentir asfixiados y, en consecuencia, actuar con una rabieta.

Es por ello que desde aquí, proponemos lo siguiente: ¿Límites? Sí, pero no para todo.

6. Juega con ellos

Otra pauta sobre cómo gestionar las rabietas de los niños es, simplemente, jugar con ellos. A veces, las rabietas de los niños surgen porque éstos están aburridos, o se les ha “chafado” un plan que tenían en mente.

Ante esto, y siempre dependiendo de la edad del niño (ajustándonos a ello), a veces una buena opción resulta jugar con ellos, distraerles… A veces es mejor quitarle importancia a la rabieta, no dejando que se extienda demasiado y que adquiera una importancia excesiva.

7. Gestiona también tu rabia

Ante las rabietas de los niños, es normal perder los nervios en algún momento, sentirse desbordado/a… sin embargo, debemos intentar evitar que nuestra rabia también aparezca, ya que, muchas veces esto intensifica la respuesta del niño.

Es por ello que es importante que nosotros, como padres, madres, educadores/as, terapeutas… mantengamos la calma y actuemos desde ella.

Referencias bibliográficas:

  • BM Newman, PR Newman, XM Villela y RR Perez. (1986). Manual de psicología infantil. México: Ediciones Ciencia y Técnica.
  • Caballo, V. y Simón, M.A. (2002). Manual de Psicología Clínica Infantil y del adolescente. Trastornos generales. Pirámide. Madrid.
  • Comeche, M.I. y Vallejo, M.A. (2016). Manual de terapia de conducta en la infancia. Dykinson. Madrid.