Un repaso a las estrategias de marketing que nos afectan. Pixabay.

Como bien sabéis, el Black Friday es el último viernes de noviembre y resulta ser tan famoso por sus descuentos en mayoría de comercios y plataformas online. Las tiendas se abarrotan de gente y el consumismo prevalece en las ciudades. No obstante, los individuos lo normalizan sin darse cuenta de lo que origina todo ello.

En este artículo veremos los principales efectos psicológicos del Black Friday en nuestra mente.

Los efectos psicológicos del Black Friday

Para todas las personas curiosas que se lo pregunten, esto es lo que nos ocurre ante esta avalancha de rebajas y descuentos que nos hace comprar desmesuradamente.

1. Aparición de la necesidad

Se nos presentan ofertas que tienen fecha de caducidad, las cuales nos van generando la urgencia de adquirir el producto aunque no lo necesitemos. Nos da la impresión que si perdemos la oportunidad nos arrepentiremos. Desde este momento, la persona pensará que lo necesita, o más bien, le han hecho pensar que lo necesita y que si no lo compra se sentirá culpable.

Además, se justifican las compras debido a la proximidad de la navidad, lo cual aumenta progresivamente el término de urgencia, y ahí ya no escapan de las garras del consumismo descontrolado.

2. Anticipación

Las empresas planifican este día con anterioridad. Para ello realizan grandes campañas de marketing ya sea a través del correo electrónico, televisión, carteles publicitarios o la radio.

En definitiva, luchan por la atención de potenciales clientes, generando campañas de publicidad distintas para llegar a todos los perfiles de comprador. Esto lo consiguen presentando sus promociones lo antes posible y de manera repetida, haciendo una llamada a nuestras emociones más primarias, activando nuestro sistema límbico, y de esta manera favoreciendo nuestro recuerdo de dicha marca.

3. ¿Dejar escapar esa oferta o ser feliz?

Ya hemos visto que las marcas juegan con nuestras emociones con el fin de conseguir más compradores. No obstante, también generan necesidades que no son congruentes con las reales. En este pulso, durante las compras, las necesidades percibidas ganan.

Para no arriesgar que la clientela no compre, hay una planificación minuciosa. Empiezan presentando anuncios para que se fantaseemos con la obtención de ese producto, que a día de hoy no podemos comprar. Imaginamos cómo sería tenerlo, llegando a creer que lo necesitamos. Finalmente, se convierte en una actividad que activa los centros de placer; hay una liberación de dopamina y endocrinas produciéndonos una sensación de bienestar.

4. A la hora de comprar, dejamos el pensamiento crítico de lado

El hecho de conseguir un objeto rebajado produce placer, ya que pensamos que hoy y sólo hoy tendremos la oportunidad de obtener el producto tan deseado. Asimismo, mediante estrategias de marketing, disminuyen un poco los precios aunque sigan siendo altos. A pesar de eso, se aseguran de hacer visible la rebaja para que el potencial cliente lo vea, y se lo presentan como único, para que finalmente lo compre. En definitiva, no compramos de manera racional.

Esto también ocurre en las compras online, y se añade el factor de comodidad, ya que no hay multitudes ni colas, lo cual facilita el proceso de pago. Con este aumenta la impulsividad, ya que se paga con tarjeta de crédito y las personas son menos conscientes del gasto.

5. Presión social

Vemos que en nuestro entorno, la mayoría va a aprovechar las ofertas para darse algún capricho.

No queremos sentirnos excluidos ni salirnos de la norma. Nos planteamos si vale la pena gastarse ese dinero ahora, algunos conocidos intentan convencernos de las gangas, vemos cada vez más anuncios, y ante tal presión al final se genera alguna necesidad. Finalmente, caemos en la trampa y có mo no... acabamos consumiendo.

¿Cómo mitigar los efectos del consumismo?

Tras este recorrido por la mente de los consumidores podemos entender mejor el porqué de este triunfo del Black Friday, y cómo reducirlo. El conocimiento es el primer paso para evitar el consumo desmedido e innecesario. Seamos más cautos para no perjudicarnos. Ya lo dijo Zygmunt Bauman, "El consumismo promete algo que no puede cumplir: la felicidad universal. Y pretende resolver el problema de la libertad reduciéndolo a la libertad del consumidor".