Con toda la complejidad que entrañan las relaciones humanas en general, y las de pareja en particular, lo cierto es que nadie nos enseña a manejar estas con unos mínimos de conocimiento. Por el contrario, las llevamos intuitivamente y cada vez más condicionadas por un cambio en el sistema de valores sociales que, precisamente, está haciendo mella en estas.
A esto se suma algo que explicaré más abajo, y es que nuestro cerebro no está diseñado para el AMOR, sino para la SUPERVIVENCIA. Así que, hacemos lo que podemos.
No pretendo darte una guía de pasos para ser feliz en pareja, pero sí que conozcas lo que está en la base de toda pareja feliz que vive su relación desde la calma y la seguridad, y para ello debes conocer antes cómo estamos conectadas las personas.
El Cerebro en las Relaciones de Pareja: “Primitivos” y “Embajadores”
Nuestras elecciones de pareja no surgen haciendo check en una lista de cosas importantes. Por el contrario, es una elección inconsciente influenciada por nuestra historia personal. De hecho, la pareja que elegimos, en algún sentido guarda un parecido, en sus defectos y sus virtudes, pero sobre todo en sus defectos, con las personas que nos criaron.
De forma que las necesidades que queremos satisfacer en nuestra relación de pareja, aquellas que no se cubrieron, se las planteamos a personas tristemente similares a aquellas que no las cumplieron cuando éramos niños.
De esta labor se encarga nuestro cerebro emocional, la parte subcortical, menos evolucionada que la llamada corteza cerebral, más desarrollada y especializada en analizar, razonar y planificar, a las cuales me voy a referir, tal y como hace el profesor Stan Tatkin, como los PRIMITIVOS y los EMBAJADORES.
Así que la mayor complejidad de las relaciones de pareja radica en que no están gobernadas precisamente por nuestra parte racional y consciente, nuestros EMBAJADORES, sino por nuestros PRIMITIVOS, esa vertiente irracional, emotiva y primitiva, que busca la seguridad y sobrevivir, causando a veces estragos en la relación, y que conserva la huella que dejaron nuestras primeras relaciones significativas, es decir, nuestra familia y posteriores experiencias de relación. La buena noticia es que tomar conciencia de esta influencia del pasado puede cambiar las cosas.
Nuestra historia personal en las relaciones de pareja
La forma en que nuestras principales figuras de apego se han vinculado y relacionado con nosotros desde nuestra infancia, hace que nuestro cerebro se conecte de una determinada manera, lo cual influirá en cómo nos vinculamos en nuestras relaciones adultas, especialmente en las de pareja.
Por este motivo, hay personas que se sienten seguras en las relaciones y otras no, necesitando evitar el vínculo y la cercanía, o albergando ambivalencia hacia la relación.
A la luz de los hallazgos de la neurociencia, podemos entender las relaciones de pareja, tal y como apunta el profesor Stan Tatkin en su modelo psicobiológico de Terapia de Pareja (PACT), como dos cerebros interactuando a la velocidad de la luz desde sus partes más inconscientes e irracionales, de ahí la dificultad para que muchas relaciones sean un lugar complejo y poco seguro.
Por eso, comprenderte a ti mismo, a tu pareja y tu relación, pasa por entender que, tal y como la evidencia científica sugiere: Nuestro cerebro no está diseñado para el amor, sino para guerrear y sobrevivir, lo que significa que estamos conectados para ver las amenazas y luchar por el poder.
Esto entra en contradicción con estar conectados para el amor, ya que cuando nos movemos en el área del poder, dejamos de movernos en el área del amor. La buena noticia es que esta predisposición se puede revertir para crear una relación afectiva basada en la armonía y la estabilidad, conociendo cómo funciona nuestro cerebro y el de nuestra pareja.
Las 3 claves básicas para la felicidad de una pareja
Para funcionar bien las personas necesitamos un nivel de activación fisiológica o energía vital adecuados, sin pasarnos por exceso ni por defecto.
Pues bien, a nuestra relación le pasa lo mismo. Fruto de la interacción, se dan unos niveles de activación, que pueden verse como un termostato subiendo o bajando como olas sobre las que cabalgan las emociones, y que necesitamos aprender a regular, si no, nos pasará factura.
Tanto la hiperactivación en pareja, véase esas relaciones que llamamos turbulentas o tóxicas, como la hipoactivación, como sería el caso de una pareja muy sumida en el aburrimiento y la rutina, nos hace entrar en una desregulación que nos hace perder la seguridad y la calma dentro de la relación. Por ello, 3 claves importantes:
1. Ser un experto del otro:
Tu trabajo es saber qué le importa a tu pareja, qué le hace sentir a salvo y qué le desregula, puede que no sea lo mismo que tú necesitas. Por supuesto, para que esto funcione tiene que ser recíproco, si no, os encontraréis en una relación asimétrica y poco justa.
2. Saber regular al otro:
Las parejas que funcionan son aquellas que tienen la capacidad de regularse a sí mismos y de corregularse mutuamente. Solo así la pareja puede hacer el amor y no la guerra, cuando las partes del cerebro que buscan seguridad se relajan.
Y para ello tenemos que aprender a conocer los PRIMITIVOS propios y los de nuestra pareja, recuerda, aquellos especializados en percibir una amenaza, disparar y luego averiguar. Esto es lo que ocurre cuando, sin entender muy bien por qué, saltamos como un resorte, y es que nuestro cerebro ha detectado algún tipo de amenaza en ese gesto o tono que ha empleado el otro miembro de la pareja.
Esto, cuando se trata de sobrevivir a una amenaza inminente está muy bien, el problema viene cuando hemos disparado a nuestra pareja. Es así como cometemos muchos errores al comunicarnos.
3. Primero es la Relación:
Tu relación ya no se trata de ti, ni de tus necesidades, tampoco de las de tu pareja, tu relación se trata de sí misma, lo cual entrará muchas veces en conflicto con vuestras necesidades individuales. En un momento social en el que imperan valores individualistas, este modelo de pareja te ofrece una nueva narrativa: el compromiso es con las necesidades de LA RELACIÓN, una tercera realidad de la cual sois sresponsable, y sólo al priorizar dicha responsabilidad se produce el efecto paradójico de satisfacer tus necesidades de maneras impensables.
De nuevo, el principio de reciprocidad, que ambos miembros de la pareja mantengan este enfoque en la relación, fomenta un clima en el que las dos personas están constantemente presentes el uno para el otro, generando un entorno emocional que desarrolla nuevas vías neuronales teñidas de amor, que reemplazan las antiguas vías tóxicas llenas de sufrimiento. Entender y trabajar diariamente en estos aspectos, es lo que marcará la diferencia.


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