¡Ups!

Se ha producido un error inesperado. Por favor, inténtalo otra vez o contacta con nosotros.

«La memoria emocional actúa, aunque no tengamos recuerdos nítidos»

La psicóloga Andrea Esquerdo nos habla sobre cómo nuestro pasado condiciona nuestro presente.

La memoria emocional actúa, aunque no tengamos recuerdos nítidos
Pexels

¿ERES PSICÓLOGO/A EN ?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

¿Buscas psicólogo? Encuentra el apoyo que mejor encaja contigo

Responde 7 preguntas rápidas y recibe recomendaciones personalizadas.

Empezar test

Hay quienes se proponen iniciar nuevas etapas en la vida como si fuese sencillo empezar desde cero. Como si tan solo fuese una cuestión de motivación y fuerza de voluntad. Pero lo cierto es que, para lo bueno y para lo malo, no podemos desligarnos totalmente de nuestro pasado. Esto no significa que no podamos cambiar, sino que hay que ser conscientes de que el contexto desde el que pensamos y nos relacionamos con los demás solo puede ser comprendido teniendo en cuenta de dónde venimos.

Por eso, hace décadas que la Psicología como ciencia se ha esforzado en analizar el modo en el que el pasado de cada persona puede ser utilizado no como un elemento delimitante, sino como una herramienta para promover el cambio a mejor. No se trata de asumir que el ayer dicta el mañana, sino de aportar soluciones efectivas y hechas a medida, sin asumir que la terapia funciona del mismo modo en todas las personas. Y de eso hablaremos con nuestra entrevistada de hoy, quien lleva años ayudando a que las personas conecten con su pasado.

Entrevista a Andrea Esquerdo Agustín: Revisar el pasado para entender nuestros síntomas del presente

La Psicóloga General Sanitaria Andrea Esquerdo Agustín, con consulta en Barcelona, es especialista interviniendo en problemas emocionales, combinando la terapia cognitivo-conductual con elementos del psicoanálisis. En esta ocasión hablamos con ella sobre cómo comprender el modo en el que hemos ido integrando nuestros recuerdos nos ayuda a mantener una mejor salud mental.

Andrea Esquerdo Agustín

Andrea Esquerdo Agustín

Psicologa General Sanitaria

Profesional verificado
Barcelona
Terapia online

¿Por qué muchas personas dicen “ya lo superé” pero siguen actuando o sintiendo desde heridas no resueltas?

Es importante distinguir entre lo que procesamos de forma consciente y lo que permanece activo en el inconsciente. A nivel consciente podemos sentir que “ya lo superamos” simplemente porque el tema dejó de estar tan presente en nuestros pensamientos o en nuestras preocupaciones cotidianas.

Sin embargo, en el plano inconsciente siguen operando emociones, memorias y patrones que no han sido integrados del todo. Es ese nivel profundo el que continúa influyendo en nuestras reacciones, activando recuerdos y condicionando la manera en que actuamos, incluso cuando creemos que el asunto ya está resuelto.

Como psicóloga, ¿consideras que casi siempre es necesario mirar hacia el pasado de los pacientes para comprender lo que les sucede emocionalmente en el aquí y ahora?

La palabra “siempre” es difícil de aplicar en psicología. Sin embargo, es cierto que para entender lo que una persona vive en el presente suele ser muy útil revisar su historia. Cuando nacemos somos, en cierto modo, un libro en blanco. Vamos construyendo nuestra visión del mundo a través de la mirada de nuestros padres, de los cuidados que recibimos y de las experiencias tempranas que atravesamos. A partir de esas vivencias formamos asociaciones, creencias y maneras de interpretar el exterior que después influyen en cómo sentimos, reaccionamos y nos vinculamos en la vida adulta.

¿Qué tipo de experiencias tempranas o vínculos suelen dejar huellas que luego se manifiestan como síntomas actuales?

Las experiencias que más suelen dejar marcas duraderas son aquellas que, desde la mirada del niño, se vivieron como una falta de seguridad emocional o de acompañamiento afectivo. Muchas veces no hubo un hecho traumático puntual, sino pequeñas experiencias repetidas que configuraron una forma de sentir, interpretar y relacionarse con el mundo. Entre ellas destacan:

  • Situaciones percibidas como rechazo o no ser tenido en cuenta. Cuando un niño siente que sus necesidades emocionales no importan o pasan desapercibidas, puede desarrollar en la vida adulta inseguridad, miedo al abandono o dificultad para confiar.
  • Falta de validación emocional. Crecer sin que nuestras emociones sean nombradas, acompañadas o comprendidas deja una sensación interna de confusión y autocrítica, que más adelante puede transformarse en ansiedad, bloqueo emocional o dependencia.
  • Vínculos ambivalentes o inconsistentes. Cuando los cuidadores a veces están presentes y disponibles, y otras veces no, el niño aprende que el amor es impredecible. Esto puede convertirse en relaciones adultas marcadas por la duda constante, la búsqueda de señales o el temor a perder al otro.
  • Separación de los padres o conflictos intensos. Cambios bruscos en la estructura familiar o ambientes tensos generan inseguridad y una sensación de vulnerabilidad que puede manifestarse años después como miedo a la inestabilidad o hipersensibilidad ante el conflicto.
  • Exigencias elevadas o expectativas rígidas. Niños que crecen tratando de cumplir con estándares altos —para “no molestar”, “no decepcionar” o “ser perfectos”— suelen desarrollar en la adultez autoexigencia, perfeccionismo o una sensación constante de no ser suficiente.
  • Ambientes emocionalmente caóticos o impredecibles. Incluso sin violencia explícita, la falta de estabilidad emocional afecta al sistema nervioso y puede generar patrones de alerta, sobrecontrol o hipervigilancia en la vida adulta.
  • Cuidar emocionalmente a los padres. Cuando el niño ocupa un rol que no le corresponde —como consolar, regular o proteger al adulto— suele desarrollar una tendencia a anteponer las necesidades de los demás y a desconectarse de las propias.

Estas experiencias tempranas se graban en el cuerpo y en la memoria emocional, y más tarde pueden expresarse como síntomas actuales: ansiedad, miedo a la intimidad, evitación, dependencia, baja autoestima o dificultades para poner límites. Lo importante es entender que no son fallas personales, sino huellas de un aprendizaje que en su momento fue adaptativo.

¿De qué forma se repiten, sin que lo notemos, patrones relacionales o emocionales que se originaron en etapas anteriores de nuestra vida?

Tendemos a imaginar la transmisión generacional como algo explícito, pero en realidad casi nunca lo es. Nuestros padres no nos dicen “te transmito inseguridad”, “te enseño a desconfiar” o “replica mi forma de vincularte”. Lo que ocurre es mucho más sutil: a través de cómo se relacionan, cómo gestionan sus emociones y cómo afrontan sus propios conflictos des de sus heridas, nosotros construimos un modelo interno de cómo funciona el mundo. Sin darnos cuenta, esas experiencias tempranas se convierten en patrones que repetimos más adelante, no porque los hayamos elegido conscientemente, sino porque representan la forma en la que aprendimos a sobrevivir, vincularnos y comprender la realidad.

¿Y cómo se construyen creencias disfuncionales sobre uno mismo a partir de experiencias tempranas?

Muchas creencias disfuncionales se originan en contextos donde la validación emocional es escasa o condicionada. Una de las más comunes en terapia es el “síndrome de la niña o el niño perfecto”, que aparece cuando el menor percibe que para ser querido, aceptado o no generar conflicto debe portarse bien, cumplir expectativas ajenas o minimizar sus propias necesidades.

En estas dinámicas, el niño aprende que el afecto no es incondicional, sino que depende de su comportamiento, rendimiento o capacidad de adaptación. Poco a poco, va construyendo una imagen de sí mismo basada en la exigencia, el autocontrol y la desconexión de lo que siente para priorizar lo que se espera de él.

De ahí surgen creencias profundas como “no soy suficiente tal como soy”, “tengo que esforzarme para merecer amor”, “si cometo errores me rechazan” o “mis necesidades no importan”. En la vida adulta, estas creencias suelen manifestarse en forma de autoexigencia, perfeccionismo, dificultad para poner límites, miedo a decepcionar o una autoestima frágil, sostenida más por el hacer que por el ser.

¿Qué papel juega la memoria emocional, incluso cuando no recordamos detalles exactos de lo vivido?

La memoria emocional actúa, aunque no tengamos recuerdos nítidos de lo que ocurrió.

El cuerpo y el sistema nervioso almacenan sensaciones, miedos y asociaciones que se formaron en etapas tempranas, muchas veces antes de que pudiéramos poner palabras a lo vivido. Por eso, aunque no recordemos los detalles, ciertas situaciones, tonos de voz o dinámicas pueden activar miedos antiguos que siguen grabados a nivel emocional. La memoria emocional funciona como un registro implícito que influye en nuestras reacciones presentes, incluso cuando la mente consciente ya olvidó la escena original.

Suele decirse que la identidad de una persona está compuesta de recuerdos que la definen, al menos desde su punto de vista. Pero, claro, eso hace que replantearnos lo que nos pasó hace años sea algo incómodo, ya que desafía creencias importantes para uno mismo.

¿Qué tipo de resistencias aparecen cuando comenzamos a revisar nuestro pasado con honestidad?

Una de las resistencias más frecuentes es la dificultad para romper la idealización que tenemos de nuestra infancia o de nuestros padres. Revisar el pasado con honestidad suele implicar reconocer que quienes nos cuidaron no fueron “perfectos”, que cometieron errores o que no pudieron darnos todo lo que necesitábamos emocionalmente. Y eso no los convierte en malos padres: simplemente los humaniza.

Aceptar esta ambivalencia —que podemos quererlos y, al mismo tiempo, reconocer sus limitaciones— puede resultar incómodo, porque desafía creencias profundas que forman parte de nuestra identidad y de nuestra historia personal.

¿Cómo cambia nuestra relación con el presente cuando entendemos el origen de nuestro malestar?

Comprender de dónde viene lo que sentimos cambia por completo nuestra relación con el presente. Ponerle nombre y origen al malestar no nos quita responsabilidad, pero sí nos libera de la culpa y de la sensación de “estar fallando”. Cuando identificamos el patrón que se activa, podemos reconfigurarlo en lugar de reaccionar automáticamente. Esto nos permite dejar de anticipar, dejar de interpretar desde la herida y comenzar a responder de manera más consciente y ajustada a la situación actual. En otras palabras, entender el origen nos da herramientas para transformar lo que antes solo padecíamos.

Newsletter PyM

La pasión por la psicología también en tu email

Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos

Suscribiéndote aceptas la política de privacidad

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Psicología y Mente. (2026, febrero 20). «La memoria emocional actúa, aunque no tengamos recuerdos nítidos». Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/entrevistas/memoria-emocional-actua-aunque-no-tengamos-recuerdos-nitidos

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas