Educar en la adolescencia: comprender antes que exigir

Cómo la neurociencia y la psicología del desarrollo pueden ayudar a acompañar a los adolescentes.

Educar en la adolescencia: comprender antes que exigir
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En muchas de mis sesiones con madres y padres aparece siempre la misma frase:

Solo le pido cuatro cosas: que baje la basura, que haga la cama, que se levante a tiempo, que meta el plato al lavavajillas… y no hace nada. Estoy harto/a. Esto es una tomadura de pelo. Ya no sé qué hacer. He probado de todo… Ya no sé qué hacer. Si no cuesta tanto…”.

La mayoría de padres y madres llegan cansados, enfadados y con una sensación muy profunda de fracaso como padres. También llegan así los hijos e hijas: “Mi madre me habla como si fuera mi jefa” o “No sabe nada de lo que me pasa…”.

Y casi siempre les digo lo mismo: “No estás ante un problema de mala intención de tu hijo o hija. Estás ante un proceso de reorganización y maduración cerebral. Les hablo de educar desde el ejemplo, desde la conversación, la filosofía de vida, los valores y con un acompañamiento desde la paciencia y la compasión y no con las órdenes, los castigos y las amenazas. Pero esto es más una misión especial que un día a día ¿verdad? Realmente es el oficio de ser padres y madres. Y no es sencillo. Por decirlo de alguna manera, tenemos que aprenderlo. Solo con el amor no basta”.

El gran malentendido: creemos que ya pueden… porque parecen adultos

Uno de los mayores errores culturales que tenemos es pensar que, porque un adolescente ya sale solo, ya se organiza con sus amistades, ya maneja un móvil o ya tiene criterio para algunas cosas, también debería ser capaz de organizarse, priorizar, responsabilizarse y colaborar de forma estable en casa. La neurociencia nos dice otra cosa.

La corteza prefrontal —la zona del cerebro implicada en la planificación, la organización, el autocontrol, la toma de decisiones, la anticipación de consecuencias y la responsabilidad— no termina su proceso de maduración hasta bien entrada la adultez temprana, aproximadamente entre los veintitantos y cerca de los treinta años. Esto no significa que antes no exista. Significa que su funcionamiento todavía es inestable. Y un cerebro en reorganización no funciona como un cerebro adulto.

Qué ocurre realmente en el cerebro adolescente

Durante la adolescencia suceden, al menos, tres procesos clave:

1. La consolidación de las funciones ejecutivas es lenta

Organizarse, recordar tareas que no son relevantes emocionalmente, anticipar consecuencias o sostener rutinas requiere un nivel de control que todavía se está construyendo.

2. Se produce la llamada poda sináptica

El cerebro está reorganizando conexiones, eliminando unas y fortaleciendo otras. Esto genera inestabilidad, menor constancia y mayor dispersión.

3. El sistema emocional va por delante

El sistema límbico (búsqueda de placer, novedad, pertenencia al grupo y sensibilidad social) madura antes que la corteza prefrontal.

El resultado es muy claro en la vida cotidiana:

  • La motivación social es muy alta.
  • La motivación funcional doméstica es muy baja.

Para un cerebro adolescente, hacer la cama no tiene valor emocional ni recompensa inmediata.

Pero atención: esto no significa que no se les deba pedir nada: Aquí es donde suele aparecer el mensaje equivocado. No es que no puedan. Es que, la mayoría, no pueden solos todavía. Las funciones ejecutivas no aparecen por arte de magia. Se desarrollan utilizándolas día a día.

Desde la neuroeducación sabemos que la autorregulación primero es externa y después se va interiorizando. Es decir, el cerebro aprende a organizarse cuando alguien le ayuda a organizarse.

El problema no es la exigencia. Es el modelo de exigencia

La mayoría de los padres utilizan el modelo adulto:

  • Haz la cama.
  • Baja la basura.
  • Ya deberías saberlo.
  • Eres vago/a.
  • Eres irresponsable.

Cuando un adolescente recibe este tipo de mensajes de forma reiterada, lo que se activa no es la responsabilidad. Se activa el estrés. Y un cerebro activado en amenaza o en conflicto: aprende menos y se regula peor. Neurobiológicamente etás muy claro: el estrés reduce todavía más el funcionamiento ejecutivo.

Lo que sí desarrolla la corteza prefrontal: el diálogo

Aquí aparece algo que trabajo mucho en sesión y que suele sorprender a las familias. No se trata de hablar por hablar. Se trata de conversaciones que entrenan el pensamiento.

Por ejemplo:

  • Sabes que si no haces la cama tú la hago yo porque me gusta ver la casa ordenada. incluido tu cuarto que es parte de la casa.
  • ¿Cómo te sientes cuando sabes que te hago la cama todos los días pudiéndolo hacer tú?
  • ¿Qué te ayudaría a acordarte?
  • ¿Qué es lo que más te cuesta de esto?
  • ¿Qué podrías probar mañana?

Este tipo de diálogo activa; pero no muchos padres y madres están dispuestos o con la paciencia suficiente para hacerlo:

Con este diálogo estamos enseñando y contagiando comunicación efectiva y:

  • Planificación.
  • Anticipación.
  • Toma de perspectiva.
  • Reflexión sobre la propia conducta.

Es decir, exactamente las funciones que queremos desarrollar. No es negociación blanda. Es entrenamiento cerebral. Y lleva su tiempo. Como aprender a comer solo/a, caminar o hablar. O a tocar un instrumento o hacer bien las divisiones o multiplicaciones en matemáticas. Ensayo, error y práctica.

Igual que cuando aprendieron a andar o a hablar

Muchas veces utilizo esta comparación en mis sesionmes: ¿Te imaginas que cuando tu hijo/a tenía dos años y no pronunciaba bien una palabra le hubieras dicho que es un desastre, que no se esfuerza y que ya debería hablar bien? Y le propinabas un castigo por ello…

Nadie en su sano juicio (quiero pensar) hace eso. Hoy sabemos que el lenguaje se aprende con repetición, acompañamiento y paciencia. Con la autorregulación ocurre exactamente lo mismo. La diferencia es que ahora el cuerpo ya es grande… y olvidamos que el cerebro todavía no.

El papel central de la relación

Otro aspecto que trabajo mucho con madres y padres es el miedo a que, si no “aprietan”, si son blandos los hijos se “acomoden”. Pero la neurobiología del desarrollo emocional muestra algo muy distinto: el cerebro aprende mejor cuando se siente seguro. El apego seguro no es permisividad. Es la base sobre la que se construye la capacidad de autorregularse.

El mensaje sano no es: “Como te quiero, no pasa nada”. El mensaje sano es: “Te quiero, y por eso te acompaño a aprender a responsabilizarte. Y no voy a dejar de quererte, ni abandonarte ni humillarte porque te cueste entender esto ahora. Pero no voy a dejar de insistir en ello, porque si quieres ser autónomo/a esto forma parte de tu autonomía. Colaborar en la casa, aprender y hacer tareas incómodas y repetitivas para la convivencia en familia o en comunidad es indispensable para la vida”.

Cuando el conflicto no va de la cama ni de platos ni de basura En muchas familias con las que trabajo hay, además:

  • Divorcios.
  • Alta tensión emocional.
  • Relaciones muy deterioradas.
  • En algunos casos consumo de sustancias.
  • Enfermedades.
  • Problemas económicos.
  • Problemas con la concentración y los estudios.
  • Maltrato en el hogar.
  • Bullyng….

Aquí es importante comprender algo clave: el estrés relacional crónico consume recursos cognitivos. Un adolescente que vive en un entorno emocionalmente inestable dispone de menos capacidad real de autocontrol, organización y regulación. Por eso, en estos contextos no se puede pedir más estructura. Se necesita más acompañamiento.

Conversación productiva y comunicación no violenta

Este enfoque conecta con el modelo desarrollado por Marshall Rosenberg, creador de la Comunicación No Violenta.

Su propuesta se basa en:

  • Observar sin juzgar.
  • Expresar lo que sentimos.
  • Identificar necesidades.
  • Formular peticiones claras.

Cuando un padre o madre sustituye el reproche por este tipo de lenguaje, disminuye la reactividad y aumenta la cooperación. No porque el hijo sea “mejor”, sino porque su sistema nervioso deja de estar a la defensiva.

El valor del humor y la cercanía

Algo que también observo con mucha frecuencia es que el humor, la complicidad, la flexibilidad y la cercanía no son un lujo educativo. Son herramientas reguladoras.

El humor reduce la sensación de amenaza, disminuye el nivel de estrés y abre la atención. Un cerebro relajado aprende. Un cerebro humillado o presionado se bloquea.

Una referencia clara desde la psicología del apego

Todo este enfoque conecta profundamente con el trabajo de Gabor Maté y Gordon Neufeld y con su libro “Tus hijos te necesitan”. Se trata de una obra de referencia en psicología del apego aplicada a la educación y a la adolescencia.

En este sentido, una de sus ideas centrales es que los hijos no crecen mejor cuando los controlamos más, sino cuando la relación con sus padres sigue siendo su principal fuente de referencia. Y una afirmación especialmente relevante para muchas familias es esta: cuando se rompe la conexión, los padres pierden influencia. No perdemos autoridad por dialogar.

Perdemos autoridad cuando dejamos de ser base emocional.

Lo que realmente está en juego para los padres

En sesión aparece con frecuencia una tensión profunda entre dos valores:

  • Proteger y cuidar.
  • Fomentar autonomía y responsabilidad.

No es una disyuntiva. Es una transición. La adolescencia no es un corte. Es un proceso.

Algunas frases que utilizo mucho en mis sesiones

  • “La autonomía no se exige. Se entrena”.
  • “Tu hijo no aprende a organizarse cuando tú te organizas por él”.
  • “El problema no es que tu hijo/a te toma el pelo; es que tu paciencia se agota para seguir educando”.
  • “Aprende cuando tú le acompañas a organizarse”.
  • “Que hoy no le salga no significa que no sea capaz”.
  • “Significa que todavía necesita guía”.

Y una que conecta especialmente con mi forma de acompañar: “Educar no es conseguir que hoy obedezca. Es ayudarle a construir el cerebro con el que mañana podrá decidir”.

Un cambio de paradigma necesario

Durante muchos años hemos educado desde el mandato y el miedo. Hoy necesitamos educar desde un acompañamiento consciente. No porque los hijos sean más frágiles, sino porque hoy sabemos mucho más sobre cómo se desarrolla el cerebro humano y sobre el papel decisivo que tiene la relación en la construcción de la autorregulación, la responsabilidad y la capacidad de decidir.

Ser madre o padre no es automático. También es un aprendizaje. Y, en ese sentido, también es un arte. Como recordaba Bruno Bettelheim, psicólogo y pedagogo de origen austríaco, conocido por su trabajo clínico y educativo con niños y adolescentes con graves dificultades emocionales, no existen padres perfectos, sino adultos reales capaces de sostener una relación suficientemente segura para el desarrollo emocional de sus hijos.

Por qué hoy sabemos más (y también mejor) sobre la adolescencia

Gran parte del cambio de paradigma en educación y crianza se apoya en los avances de la neurociencia de las dos últimas décadas, especialmente gracias a técnicas de neuroimagen como la resonancia magnética funcional (fMRI) y la resonancia estructural. Estas herramientas permiten observar cómo se reorganizan las redes cerebrales durante la adolescencia y cómo evolucionan las áreas implicadas en la regulación emocional, la toma de decisiones y el autocontrol.

Investigaciones lideradas por equipos como el de Sarah-Jayne Blakemore, eurocientífica británica especializada en el estudio del desarrollo del cerebro adolescente y de los cambios cerebrales implicados en la conducta social y la toma de decisiones, han mostrado que el cerebro adolescente no es un cerebro “deficitario”, sino un cerebro en plena reorganización funcional, especialmente en los circuitos relacionados con la sensibilidad social, la evaluación de riesgos y la regulación de la conducta.

Del mismo modo, los trabajos de Adele Diamond, neurocientífica canadiense referente internacional en el estudio de las funciones ejecutivas (autocontrol, atención, flexibilidad y planificación) a lo largo del desarrollo infantil y adolescente, han contribuido a clarificar cómo las funciones ejecutivas —planificación, control inhibitorio y flexibilidad cognitiva— siguen desarrollándose de forma progresiva y son especialmente sensibles al contexto relacional y emocional.

Cristina Santolaria De Castro

Cristina Santolaria De Castro

Coach personal especialista en toma de decisiones, autoconfianza , cambios y ansiedad vital.

Profesional verificado
Bilbao
Terapia online

Sin embargo, la propia neurociencia reconoce también sus límites. Sabemos cada vez mejor cómo cambia el cerebro, pero aún no podemos predecir con precisión cuándo ni en qué medida cada adolescente consolidará estas funciones. El desarrollo no es lineal ni uniforme, y está profundamente modulado por la calidad de las relaciones, el estrés crónico y el entorno emocional.

Romper con los modelos educativos obsoletos no implica sustituirlos por nuevas técnicas, sino revisar una idea de fondo: educar no es acelerar procesos neurológicos que no dependen solo de la voluntad, sino crear las condiciones relacionales que permiten que esos procesos se consoliden.

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Cristina Santolaria. (2026, marzo 3). Educar en la adolescencia: comprender antes que exigir. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/desarrollo/educar-en-adolescencia-comprender-antes-que-exigir

Coach terapéutica

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Cristina Santolaria es coach terapéutica experta en Psicología Positiva, Coaching Educativo y de Familia, Calidad de Relaciones y Comunicación, y Gestión del Cambio a través de las Fortalezas y Valores Personales.

En sus sesiones acompaña y trata a personas de todas las edades con problemas relacionados con la ansiedad en el trabajo, la autoestima, las relaciones interpersonales y los retos de la educación, tanto en el ámbito familiar como en el docente. Su metodología se basa en la necesidad de sintonizar con las emociones, activar las fortalezas personales, buscar y trabajar hacia la meta deseada, siempre alineada con los valores de cada cual, y definir un propósito de vida que sirva de faro en los momentos de oscuridad y desánimo.

Ha creado una metodología propia, que combina las herramientas del Coaching Terapéutico con los 5 Pilares del Bienestar Personal y Psicológico, destinada a organizar el pensamiento, encontrar claridad emocional, salir de conversaciones internas en bucle, activar las fortalezas personales y definir un propósito de vida.

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