Muchos padres me consultan preocupados porque su hijo adolescente “ya no es el mismo”. La sensación suele ser de desconcierto: “Antes no era así”.
Cuando un hijo adolescente cambia, se vuelve más irritable, baja su rendimiento escolar o se distancia, es habitual que los padres sientan preocupación, desconcierto e incluso culpa. La pregunta aparece rápidamente: “¿Qué estamos haciendo mal?".
Sin embargo, no siempre se trata de un error de los padres ni de un problema individual del adolescente. En muchos casos, estos cambios forman parte de un proceso más amplio que incluye tanto el momento vital del joven como las circunstancias que atraviesa la familia.
La adolescencia es un momento de transformación
Tal como ya señalaba Sigmund Freud, la adolescencia no solo es una etapa de crecimiento, sino que incluye también una reorganización profunda de la vida afectiva y del modo en que el sujeto se vincula con los otros.
El joven necesita cuestionar a sus padres, tomar distancia y construir una identidad propia. Esto implica, muchas veces, una cierta desidealización de las figuras parentales.
¿Qué hacer?
Ante esto, más que buscar soluciones inmediatas, puede ser útil orientar la mirada.
1. No tomarlo todo de manera literal
Las palabras en la adolescencia pueden ser intensas. Frases como “eres una mala madre” o “no me entiendes” no siempre son descripciones objetivas, sino formas de expresar malestar, frustración o necesidad.
Como ya señalaba Françoise Dolto, el adolescente necesita confrontar a sus padres para poder separarse de ellos. Esto incluye momentos de rechazo que, aunque duelan, forman parte del proceso.
2. Evitar respuestas únicamente punitivas o correctivas
Centrarse exclusivamente en corregir conductas, mejorar notas, imponer normas más rígidas o restringir vínculos puede dejar de lado una pregunta importante: ¿Qué está intentando expresar el adolescente con lo que hace?
Esto no implica dejar de poner límites, sino sostenerlos sin perder la capacidad de escuchar.
3. Sostener una presencia sin invadir
El equilibrio es delicado: ni retirarse completamente ni controlar en exceso.
El psicoanalista Donald Winnicott hablaba de la importancia de un entorno que acompañe sin asfixiar. Los adolescentes necesitan saber que los adultos están disponibles, aunque no siempre lo pidan de forma directa.
4. No colocarlo en el lugar de sostén de la familia
Cuando la familia atraviesa momentos difíciles, a veces los hijos quedan, sin quererlo, en una posición de tener que “estar bien”, no dar problemas o incluso cuidar a los adultos.
Es importante recordar que, aunque parezcan más autónomos, siguen necesitando apoyarse en sus padres, no al revés.
5. Habilitar espacios de palabra
No todos los adolescentes pueden hablar fácilmente con sus padres. En esos casos, un espacio externo, como una consulta psicológica, puede ser de gran ayuda.
No se trata de “llevarlo porque está mal”, sino de ofrecerle un lugar donde pueda pensar y poner en palabras lo que le ocurre.
6. Cuidar también a los padres
Las dificultades de un hijo impactan inevitablemente en los adultos. Poder contar con un espacio para hablar, consultar o pensar lo que está pasando no solo ayuda a los padres, sino que también repercute positivamente en el adolescente.
La adolescencia no es un problema a resolver, sino un proceso a atravesar. Como ya indicaba Sigmund Freud, crecer implica siempre una reorganización, a veces conflictiva, de los vínculos y de la propia identidad.

Laura Migale
Laura Migale
Psicóloga/Psicoanalista especialista en ansiedad, relaciones y autoestima en Barcelona.
Por eso, cuando un hijo cambia, quizá la pregunta no sea únicamente "¿cómo hacer que vuelva a ser como antes?"… sino otra más fecunda: ¿Qué está intentando elaborar en este momento de su vida? Sostener esa pregunta, sin apresurarse a respuestas rápidas es, muchas veces, la mejor manera de acompañar.
Porque incluso en los momentos de mayor desconcierto, el adolescente no deja de estar buscando, a su manera, un lugar propio en el mundo… y sigue necesitando, aunque no lo diga, que haya adultos capaces de sostener ese camino.













