Entrevista a Marta Puente Bermúdez: los mitos del amor romántico

«El problema surge cuando estas expectativas tan elevadas se convierten en estándares rígidos»

Entrevista a Marta Puente Bermúdez: los mitos del amor romántico

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Durante años hemos aprendido a entender el amor a través de historias, canciones y relatos que prometen conexiones perfectas, intensas y casi inevitables. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a cuestionar cuánto de todo eso es real y cuánto forma parte de una construcción cultural que condiciona la manera en que nos relacionamos. Cuando estas ideas se convierten en expectativas rígidas, pueden generar frustración, dependencia o relaciones que no funcionan como imaginábamos.

Charlando con Marta Puente Bermúdez

De esto hablaremos con Marta Puente Bermúdez, psicoterapeuta integradora especializada en problemáticas emocionales y relacionales, con una amplia experiencia acompañando a adolescentes y adultos en procesos de autoconocimiento, gestión emocional y construcción de vínculos más sanos.

Marta Puente Bermúdez

Marta Puente Bermúdez

Grado en Psicología con Mención en Salud y Master en Técnicas de Intervención Psicológica

Profesional verificado
Vilanova i la Geltrú
Terapia online

¿Qué le dirías a alguien que cree que “el amor todo lo puede”?

Le invitaría a reflexionar sobre esa idea, ya que, aunque es una creencia muy arraigada y compartida culturalmente, desde un análisis profundo resulta algo irreal. El amor, es sin duda, un sentimiento maravilloso; sin embargo, no basta por sí solo para sostener una relación.

Para que un vínculo sea sano, ese amor debe ir acompañado de pilares fundamentales como el respeto mutuo, la comunicación clara, la honestidad y la aceptación del otro con sus virtudes y defectos. Mantener una relación requiere constancia, un esfuerzo diario y, sobre todo, la capacidad de cultivar recursos para gestionar los conflictos que inevitablemente surgirán.

A veces, el cine o la literatura tienden a idealizar el amor de pareja, presentando como una realidad alcanzable lo que, en la práctica, es una visión utópica que no tiene en cuenta el trabajo que hay detrás de una pareja equilibrada.

¿Qué entendemos por “los mitos del amor romántico”?

Esta expresión se refiere a un conjunto de creencias socialmente compartidas sobre el amor de pareja que, aunque tradicionalmente se han asociado a modelos heterosexuales, también están presentes en relaciones homosexuales. Se basan en la idealización y magnificación de ciertos aspectos de la interacción afectiva. Parte del problema surge cuando estas expectativas tan elevadas se convierten en estándares rígidos; al no cumplirse en la vida real, terminan generando frustración, sufrimiento y dolor.

Desde tu perspectiva como psicóloga, ¿cuáles son los mitos sobre el amor más comunes que influyen en cómo entendemos las relaciones de pareja?

Los mitos más extendidos en nuestro entorno son, sin duda, el de la “media naranja” (o alma gemela) y el del “sacrificio por amor” El mito de la media naranja conlleva una creencia muy limitante: buscamos que otra persona nos complete y llene vacíos que solo nosotros podemos sanar. Me gusta reflexionar este tema con mis pacientes e invitarles a verse como “naranjas completas”; la pareja no es una pieza que falta en nosotros, sino un compañero de vida. Además, pensar que en un mundo de millones de personas solo existe una “correcta” es irracional. “Nuestro bienestar depende mayoritariamente de nosotros”, no de las manos de quien elegimos para compartir el camino.

Si analizamos el término “alma gemela”, la RAE define “alma” como una sustancia espiritual e inmortal, y “gemelo” como algo idéntico a otro con el que forma pareja. Bajo esta premisa, el mito nos empuja a buscar a alguien idéntico a nosotros para sentirnos amados y, que yo sepa, la ciencia aún no clona seres humanos (perdón por la ironía). Popularmente, se cree que esta conexión es inmediata y mágica, pero esa intensidad inicial responde a la neuroquímica: la dopamina, la oxitocina y la serotonina hacen su función, pero no se mantienen a un mismo nivel, ni tan alto para siempre.

Por otro lado, el mito del sacrificio normaliza la idea de que amar implica sufrir. Existe la falsa creencia de que tener pareja conlleva sacrificarse o, de alguna manera, anularse y “desaparecer con el otro” (algo implícito en el mito de la media naranja, “los dos somos uno”). Es fundamental distinguir entre llegar a acuerdos, que implica pequeños cambios o puntos intermedios, y aceptar un dolor evitable. Si una forma de amar minimiza o destruye la identidad del otro, no es amor sano.

En terapia, especialmente al trabajar la dependencia emocional o con víctimas de perfiles narcisistas, planteo un ejemplo sencillo: si tú detestas el cine de terror porque te hace sufrir y te provoca pesadillas, ¿qué clase de amor es aquel que te presiona para que lo acompañes viendo una película de miedo y, por lo tanto, lo pases mal solo por el hecho de que quiere que cedas, confundiendo ceder con sufrir? Querer a alguien implica no desear su sufrimiento. El amor no es perfecto ni está libre de desacuerdos cotidianos, pero nunca debería exigir la renuncia a uno mismo.

¿Por qué estas creencias erróneas siguen tan presentes en nuestra cultura? ¿Tienen algún tipo de magnetismo seductor que nos lleva a caer en ellos una y otra vez?

Por un lado, creo que estas creencias se mantienen porque no es habitual que se cuestionen o se analicen de una forma racional y sencilla. Además, se siguen promocionando en el cine, la literatura, la música y los medios digitales, proyectando una idealización donde la conexión debe ser siempre máxima y el enamoramiento eterno, de lo contrario, se asume erróneamente que no es amor.

El magnetismo de estas ideas es evidente: todos queremos sentirnos especiales y creer que el destino o algo mágico nos ha unido a otra persona. Es una narrativa muy atractiva que incluso el marketing utiliza para hacernos sentir únicos. Sin embargo, la ciencia ofrece una explicación menos romántica pero más precisa, ese estado de enamoramiento inicial es biológicamente similar a un proceso de adicción. Afecta a las mismas áreas cerebrales relacionadas con el placer y la recompensa que se activan con la adicción a las drogas, al juego o las compras, lo que explica por qué nos resulta tan difícil renunciar a esa intensidad.

¿Qué señales pueden indicar que estamos idealizando a la pareja en lugar de verla con realismo?

Una de las más claras es la polarización cognitiva, percibir a la otra persona solo a través de rasgos positivos llevados al extremo (es súper atenta, perfecta, o superinteligente). En el enamoramiento inicial vivido desde el amor romántico, los defectos no existen o, si aparece un leve atisbo de ellos, se minimizan de inmediato bajo la falsa promesa de que cambiará por amor o minimizando su importancia.

Otras señales están relacionadas con sesgos cognitivos como la proyección (no ver como es en realidad la otra persona, si no nuestras necesidades, deseos o fantasías de pareja ideal) o el efecto halo (a través de una sola cualidad o gesto, asumimos muchas otras que ni siquiera hemos tenido tiempo de comprobar). En ese estado emocional intenso surge también el sesgo de confirmación, es decir, prestar atención solamente a lo que nos indica que esa persona es tan ideal como la fantasía que ha creado nuestra mente.

A nivel emocional, la idealización se manifiesta como una intensidad desbordante. Aparecen las famosas “mariposas”, la taquicardia y una fascinación absoluta por cualquier gesto del otro. La persona está, discúlpame la expresión, “embobada”, eufórica y nerviosa. Sin embargo, debemos ser honestos: en ese estado de intensidad emocional, sin regularse de ninguna manera, es muy complicado ser objetivos. Resulta muy difícil ver la realidad de la otra persona o evaluar con criterio en qué tipo de relación nos estamos adentrando

¿Cómo se relacionan los mitos del amor romántico con la dependencia emocional?

Desde mi punto de vista, se relacionan con los procesos neuroquímicos que se activan en el cerebro. La dependencia emocional se nutre de ese refuerzo inmediato del inicio y, sobre todo, del refuerzo intermitente que aparece después. Los miembros de la pareja pueden llegar a necesitar, física y psicológicamente, que esa intensidad inicial regrese. Cuando esa euforia vuelve solo de vez en cuando, se genera una conducta de “enganche” o espera continua, que es muy difícil de romper. A veces, si alguien intenta buscar una forma de amar más serena y constructiva, su propio entorno e incluso su propia pareja, pueden llegar a decirle que esa calma no es amor de verdad.

En terapia suelo explicar que es vital distinguir el enamoramiento inicial (pasional, casi obsesivo y ciego ante los defectos) del amor profundo. Este último solo llega con el tiempo, el conocimiento objetivo del otro y el trabajo conjunto. El amor real implica aceptar que la otra persona no es perfecta y que habrá cosas que nos irriten, se trata de crecer juntos, resolver conflictos y alcanzar acuerdos. En definitiva, amar es respetar la diferencia del otro sin pretender encorsetarnos en roles de “'príncipes o princesas”, porque la perfección no existe: todos somos “maravillosamente imperfectos”

¿Por qué algunas personas confunden el sufrimiento o la inestabilidad con intensidad emocional o “amor verdadero”?

Una gran parte del problema radica en la pretensión de que la intensidad del inicio debe mantenerse intacta durante toda la relación. Según los mitos románticos, si el vínculo es “verdadero” la pasión debería ser siempre máxima, cuando esa efervescencia decae ,algo natural tras el primer año o el segundo, surge la frustración.

Al no cumplirse esta expectativa, aparece una gran inestabilidad. Se empieza a creer que el otro “ya no está a la altura” o que el amor se está acabando, lo que genera reproches y conflictos constantes. El riesgo es que se termine normalizando el sufrimiento como parte del afecto, entrando en un ciclo tóxico de tensión, explosión y reconciliación (fase de nuevo muy intensa del amor). Al final, esa montaña rusa emocional se confunde con amor verdadero, cuando en realidad es una dinámica de dependencia mutua.

¿Qué papel juega el autoconocimiento a la hora de elegir una pareja adecuada?

Para mí, el autoconocimiento es la base de toda relación sana. Pero cuando hablo de conocerse a uno mismo para seleccionar una pareja adecuada, no me refiero solo a saber qué le voy a exigir al otro o qué espero de una relación. Me refiero a algo mucho más profundo y previo: saber quién eres tú y cómo eres contigo mismo. Esto implica ser capaces de mirar objetivamente nuestras virtudes, pero también nuestros defectos. Conocernos de verdad significa saber hacer una autocrítica sana y constructiva: entender en qué nos equivocamos, reconocer nuestras sombras y, sobre todo, saber pedir perdón. Sin esa honestidad con nosotros mismos, es imposible construir un vínculo saludable.

En un lenguaje sencillo: conocerse es saber qué tipo de compañía eres para ti mismo. Si no sé cómo funciono, si no acepto mis imperfecciones o si no sé rectificar, acabaré volcando mis frustraciones en la pareja. Como suelo decir en consulta: una cosa es amar al otro de igual a igual y otra perderte a ti en ese vínculo, recuerda no somos una media naranja, si no que ya somos una naranja completa. Pero para ese encuentro, primero tienes que existir tú como individuo sólido y consciente. Solo cuando sabes cómo eres de verdad, con tus luces y tus sombras, puedes elegir a una pareja adecuada.

¿Cuáles son las claves psicológicas que, al ser aplicadas en el día a día, ayudarían a las personas a desarrollar vínculos más sanos y equilibrados?

Las claves para construir relaciones saludables residen en nuestra capacidad de gestionarnos en tres niveles que marcan cómo nos relacionamos con los demás: emocional, cognitivo y conductual. En primer lugar, es imprescindible la gestión emocional. Al regular la intensidad de lo que sentimos, por ejemplo, mediante técnicas de respiración, reducimos la confusión mental que empaña nuestra visión del otro. Una emoción desbordada nos vuelve vulnerables a pensamientos irracionales que nos hacen percibir ofensas donde no las hay o magnificar pequeños errores o malentendidos.

En segundo lugar, la gestión del pensamiento nos permite cuestionar esos juicios automáticos para buscar interpretaciones más realistas. Pero no desde un realismo pesimista sino desde una perspectiva positiva sana y constructiva. Observar posibles interpretaciones nos ayuda a identificar recursos para resolver conflictos en lugar de estancarnos en la queja o el problema.

Finalmente, la gestión conductual traduce todo lo anterior en acciones. Implica detectar patrones automáticos, para entrenar respuestas más conscientes y adecuadas. Al modificar nuestra forma de actuar, rompemos dinámicas disfuncionales y creamos un espacio de interacción más seguro y estable.

Para que estas claves funcionen, debemos integrar la aceptación y la acción. Es profundamente sano validar lo que sentimos y pensamos en cada momento, aceptándolo sin juicios como el primer paso para la calma. Solo desde esa aceptación podemos pasar a la acción y buscar soluciones. Este proceso nos protege de las sobreexigencias y de la trampa de los "debería", recordándonos que un vínculo sano no es el que no tiene errores, sino el que sabe transitarlos con honestidad y perdón.

Un mensaje final de Marta

Es importante destacar que este proceso de crecimiento no tiene por qué ser un camino solitario; puede ser un compromiso que se asuma junto a la pareja con la que ya convivimos o con la que estamos iniciando una relación. Aplicar estas herramientas en común permite que ambos caminen hacia una misma dirección de madurez y entendimiento.

En definitiva, estas herramientas psicológicas cultivan la base de todo lo demás: el vínculo con uno mismo. Porque, en última instancia, si una persona logra desarrollar una relación sana, compasiva y equilibrada consigo misma, estará sentando los cimientos reales para construir vínculos igual de sanos con los demás.

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Psicología y Mente. (2026, abril 24). Entrevista a Marta Puente Bermúdez: los mitos del amor romántico. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/entrevistas/entrevista-marta-puente-bermudez-mitos-amor-romantico

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