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La infidelidad femenina, en promedio: cuando dejan de sentirse valoradas en su relación

La mayoría de las mujeres no son infieles por simple sexo.

La infidelidad femenina, en promedio: cuando dejan de sentirse valoradas en su relación
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La infidelidad femenina casi nunca empieza directamente en la cama. Todo el engranaje del deseo sexual femenino empieza antes: en una conversación que se quedó en el aire, en situaciones importantes sin resolver, mucho menos en hablarse, en expresiones eróticas o sexuales que dejaron de sentirse seguras, en una identidad o un espacio que la relación dejó de reconocerle.

Durante años hemos repetido una idea cómoda y que sigue viralizándose por redes sociales: los hombres engañan por sexo, las mujeres por amor. Llevo más de 10 años acompañando procesos de pareja y puedo decirte que esa frase simplifica algo que es, en realidad, bastante más complejo y multifactorial que el hecho de que un o una infiel decida serlo por simple deseo o porque ya tiene sentimientos involucrados.

Es decir, que la infidelidad —tanto de hombres como de mujeres— no tiene una sola causa. Tampoco es simplemente un problema de valores o de falta de compromiso, aunque a veces se hable de ella como si fuese la única variable. Porque ahí se involucran la historia emocional, la historia y creencias sexuales y eróticas, las necesidades afectivas, la forma de vincularse y de entender el amor, la personalidad erótica, las creencias sobre el amor de pareja y la monogamia, así como algunos factores biológicos que apenas estamos empezando a entender.

Nada de esto busca justificar una infidelidad bajo ninguna índole. Siempre termina siendo una decisión consciente sobre algo para reafirmarse a sí misma; es, por lo tanto, un acto de responsabilidad personal y afectiva, así como un llamado a la importancia de tomar conciencia del tipo de relaciones que se están eligiendo construir, con todo lo que implica.

Este artículo busca simplemente entenderla más allá de lo que se dice en redes y de los prejuicios sociales. Y entender casi siempre abre más puertas a los factores que influyen que quedarse a juzgar.

Alessandra Skcardocci

Alessandra Skcardocci

Especialista en Sexualidad Masculina, Disfunciones sexuales y Parejas

Profesional verificado
Bogotá
Terapia online

Cuando una parte de ella deja de sentirse vista

Una relación no solo muestra estados afectivos. También confirma quién creemos ser y cómo nos autopercibimos; nuestras parejas son un espejo de quiénes somos.

Cuando una mujer deja de sentirse reconocida en su relación como ella lo espera —por eso, aunque suene tan cliché, la comunicación o la falta de ella es donde se origina el bienestar en una relación—, el sentirse deseada, escuchada, admirada o comprendida, algo en ella empieza a apagarse por dentro, silenciosa y progresivamente, no de golpe.

Primero se le va la curiosidad, empieza a dejar de preguntar por las cosas que sabe que le importan a su pareja. Se vende la idea de cierta resignación y entiende que ya hay cosas que, por más que lo intente o lo sugiera, no puede o que ella misma no quiere cambiar.

Después deja de ceder su vulnerabilidad. Evita progresivamente compartir con su pareja cómo se siente ante diversas situaciones personales, laborales o con su familia, y tiende a hacerlo o a abrirse con amigas, amigos y familiares de confianza. Simplemente se calla, lo acumula, se lo guarda y, ante la clásica pregunta: «¿Te pasa algo?», «¿Qué te pasa?», su respuesta es: «No me pasa nada».

Ya luego el deseo sexual hacia su pareja se disuelve. Y, en algún punto, aparece una frase que he escuchado cientos de veces: «Ya no disfruto con él» o «No quiero que me toque».

Muchas personas interpretan ese vacío erótico-afectivo como falta de amor hacia su pareja. A veces es la pérdida de conexión consigo misma, la falta de autoconocimiento de sí misma, el no buscar ayuda al respecto y la falta de claridad suficiente para saber comunicar lo que le pasa, en lugar de pensar que, si lo habla, puede ser causal de conflicto —ahí, parte importante del rol de la pareja es su apertura al diálogo, la escucha y la disposición a una resolución de sus diferencias—.

Bajo ese contexto, para una mujer, en promedio, una tercera persona no siempre representa solo atracción erótica. A veces representa la posibilidad de volver a sentirse vista, importante, escuchada, interesante o presente, viva e incluso deseada cuando, frente a los ojos de su actual pareja, se siente invisible.

El inconsciente no busca a otra persona: busca terminar algo que siente pendiente o perdido

Una gran parte de nuestras decisiones sexuales y afectivas no las decide directamente la parte racional del cerebro; esto aplica para todos los seres humanos. Eso lo sabe cualquiera que haya trabajado o quien tenga experiencia con procesos inconscientes.

Una mujer que decide ser infiel puede sentirse atraída por alguien que activa partes de ella que llevaban tiempo guardadas, contenidas o que sentía, de alguna manera, perdidas: como su espontaneidad, libertad de expresarse, sensualidad, reconocimiento, validación emocional y un valor agregado que seguro no esperabas: el Complejo Mayor de Histocompatibilidad.

En una infidelidad, la tercera persona ejerce más un rol como espejo de sí misma que como premio. No porque sea «mejor» que la pareja actual, sino porque esta tercera persona despierta algo de la propia identidad que se había ocultado, quedado rezagado, dormido o desaparecido.

Por eso, desde fuera parece irracional. Culturalmente estamos más acostumbrados a la infidelidad masculina y la femenina parecería impensable o improbable. Desde el inconsciente, casi siempre tiene su propia lógica, y ha sido desde este lugar cómo se dieron las conductas de ella y, seguramente, también de los demás involucrados.

El deseo sexual femenino no funciona como el masculino

La investigación en sexualidad lleva años mostrando algo que en consulta se ve todo el tiempo: para muchas mujeres, el deseo es muy sensible al contexto y al tiempo.

Aunque las mujeres sean también visuales, en este caso su elección de pareja sexual no depende solo de qué tan atractiva físicamente sea la otra persona.

Para las mujeres tienen mayor peso, a la hora de decidirse a acceder a una infidelidad, factores como la falta de seguridad emocional, la falta de confianza, el estrés acumulado y cosas importantes de la relación sin resolver, la carga mental del día a día, la calidad deficiente del vínculo —sentirse una hermana o mamá de su pareja—, la falta de sentirse admirada, el no sentirse elegida, la novedad en la práctica sexual y la poca libertad psicológica para hablar de temas difíciles con parejas demasiado conservadoras.

Esto no es igual para todas; hay una diversidad en términos de decisión enorme de una mujer a otra. Pero cuando su entorno emocional deja de sostener el eros, su deseo por su pareja tiende a disolverse y, cuando llega alguien desde la seguridad a hacerle recuperar ese terreno, su eros se reactiva.

Basta con que parezca otra persona para que se reactiven circuitos de novedad y dopamina que llevaban dormidos. No necesariamente porque esa relación nueva sea más profunda. Simplemente, el cerebro reacciona fuerte ante lo desconocido —nos pasa a todos—.

Aunque también existen —una minoría, pero las hay— mujeres narcisistas que, aunque sus relaciones sean estables, su pareja sea amorosa y sean sexualmente activas, experimentan fascinación por recibir la atención y el deseo sexual de otros hombres. Eligen la infidelidad como alimento a su ego y dopamina y siguen como si nada en sus relaciones actuales de pareja.

La personalidad erótica también pesa

No todas las personas viven la sexualidad con la misma brújula. Tampoco existe una única ni correcta manera de disfrutarse sexualmente. Ahí entran cosas como la necesidad de explorar, la búsqueda de novedad, cuánto peso le das al erotismo, tu apertura a experimentar, tu necesidad de intimidad y tu necesidad de validación sexual.

Cuando dos personas tienen perfiles eróticos muy distintos, ni siquiera se los conocen y nunca lo hablan, la distancia crece despacio, sin peleas, casi sin darse cuenta.

La relación sigue funcionando. Pero normalizan la falta de conexión sexual inicial o se resignan a que el erotismo se vaya apagando.

Y cuando desaparece el espacio donde puede expresar esa parte de sí misma, esa necesidad no se apaga con ella. Aprovecha la oportunidad que el otro le ofrece como un lugar donde existir, donde abrirse, donde ser y donde se sienta «ella».

Las creencias sobre el amor también predisponen a ambos

Muchas mujeres crecieron escuchando frases como estas: «Una buena pareja sabe lo que quieres sin que tengas que hablar». «Si hay amor, el deseo aparece solo». «El amor de verdad nunca cambia». «Si siento atracción por alguien más, ya no amo a mi pareja». «Ya nos conocemos hace tiempo, debería saber lo que me gusta». «No es sí, el sí es no, es sí es sí…».

Ninguna de esas frases sobrevive mucho contacto con la realidad. El deseo, las mujeres y las etapas de la vida fluctúan. Las necesidades cambian. Las personas cambian. Y, cuando no hay conversaciones honestas sobre esos cambios, el silencio ocupa el espacio que dejan.

El silencio, en mi experiencia, es de los terrenos más fértiles para la desconexión y la fragmentación de la pareja.

¿Hay algo de biología en todo esto?

Uno de los campos más curiosos en investigación sobre atracción y sexualidad estudia el Complejo Mayor de Histocompatibilidad (MHC).

¿Qué es el MHC? En síntesis, algunos estudios concluyeron que las mujeres pueden detectar por medio del olfato —inconscientemente— la actividad inmunológica de otras personas, por lo que observaron que la tendencia es que las mujeres se sienten más atraídas por perfiles inmunológicos distintos al suyo propio, ya que la actividad inmunológica diferente de otro favorecería más la diversidad inmunológica en su descendencia.

Dicho esto: la evidencia todavía no alcanza para decir que la histocompatibilidad explica por sí sola una elección de pareja, y mucho menos una infidelidad. Reducirlo a que una infidelidad es exclusivamente porque hubo «compatibilidad genética» sería quedarse corto: en este tipo de decisiones se mezclan factores psicológicos, sociales, culturales y biológicos al mismo tiempo, y ninguno de ellos manda solo.

La pregunta incómoda no es por qué fue infiel

La pregunta de verdad incómoda es otra: ¿qué parte de esa mujer dejó de existir dentro de la relación antes de que empezara a estar disponible afuera?

Esto no hace directamente responsable a quien está siendo víctima de la infidelidad ni borra la responsabilidad de la mujer que elige ser infiel. La infidelidad sigue siendo una decisión, y eso no cambia. Pero hacerse esa pregunta permite separar el acto de las condiciones y eso que ella dio por perdido o ausente que hicieron su decisión posible.

Y esa diferencia cambia por completo cómo se aborda una crisis de pareja y la fachada de «no sé qué me pasó» o «me dejé llevar por impulso».

Sugerencia para las parejas

Las relaciones casi nunca terminan en el mismo día en que se descubre o se revela una infidelidad.

Suelen empezar a fragmentarse mucho antes: cuando pasan por alto ciertos límites tempranos, cuando dejan de tener conversaciones sobre temas que van desde lo simple a lo complejo para evitar peleas o porque «mejor no le digo nada y que se dé cuenta sola/o», al dejar de sostener conversaciones auténticas, dejar la curiosidad mutua y el contacto emocional real, o cuando falta un espacio donde el deseo sexual o la falta del mismo se pueda nombrar sin miedo al juicio o al reproche.

Las parejas más sólidas que he visto no son las que nunca sienten atracción por otras personas. Son las que tienen la suficiente seguridad para hablar de lo que duele, de lo que realmente necesitan y de lo que ha cambiado sin tomárselo como ataque personal o antes de que el silencio se instale.

La fidelidad no depende solo del amor que falte o de la «simple calentura».

Depende también de qué tan bien las dos personas cuidan y sostienen el vínculo que decidieron algún día construir.

Si este texto te dejó pensando en tu propia relación actual o en tu última relación y en cómo vives el deseo, tal vez el siguiente paso no sea buscar respuestas afuera, sino empezar una conversación más honesta contigo misma y con tu pareja, incluso si estás sola.

En Sexologiatantra tienes recursos gratuitos y cuentas con programas individuales para acercarte a la sexualidad desde una mirada principalmente consciente, científica, somática y realmente humana.

Alessandra Skcardocci

Alessandra Skcardocci

Especialista en Sexualidad Masculina, Disfunciones sexuales y Parejas

Profesional verificado
Bogotá
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Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Alessandra Skcardocci. (2026, septiembre 24). La infidelidad femenina, en promedio: cuando dejan de sentirse valoradas en su relación. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/pareja/infidelidad-femenina-en-promedio-cuando-dejan-de-sentirse-valoradas-en-su-relacion

Sexóloga Somática & Tantra

Bogotá
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Alessandra Skcardocci es fundadora de la marca Sexologiatantra. Primer Sexóloga Somática certificada en Brasil de Bogotá y la cuarta Sexological Bodyworker titulada de Colombia por el ILLASS de USA en Brazil. Educadora en Sexualidad Somática y facilitadora en Tantra. Especialista en Sexualidad Masculina, Parejas y Disfunciones Sexuales.

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