«La crisis de pánico puede entenderse como una falsa alarma del cuerpo»

Hablamos sobre los ataques de pánico con la psicóloga Martina Zorrilla.

La crisis de pánico puede entenderse como una falsa alarma del cuerpo

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En la mayoría de los casos, la ansiedad no solo no es un problema psicológico; es, de hecho, una herramienta fundamental para la supervivencia. Gracias a este mecanismo somos capaces de reaccionar rápidamente a aquello que exige de nosotros adaptarnos a uno o varios problemas.

Pero a veces, cuando el contexto lo propicia, ese resorte motivacional tan necesario desencadena lo que se conoce como un trastorno de ansiedad.

En esta entrevista a la psicóloga Martina Zorrilla abordaremos uno de los fenómenos que pueden dar lugar a uno de estos trastornos. Estamos hablando del ataque de pánico.

Entrevista a Martina Zorrilla: comprendiendo y abordando los ataques de pánico

Martina Zorrilla es psicóloga general sanitaria experta en ansiedad y trauma, problemas de disociación y apego. En esta ocasión, charlamos con ella sobre los ataques de pánico y todo lo que implican para quienes los sufren, así como sobre las soluciones ante este fenómeno cuando se convierte en un elemento desestabilizador de la salud mental.

Martina Zorrilla

Martina Zorrilla

Psicóloga Sanitaria especialista en trauma y apego.

Profesional verificado
Baiona
Terapia online

¿Cómo describirías un ataque de pánico a alguien que nunca ha vivido uno?

Un ataque de pánico es una experiencia realmente desagradable, especialmente cuando lo vivimos por primera vez. Primero, debemos tener en cuenta que aunque un ataque de pánico cursa con sintomatología muy intensa y llamativa, no es algo grave. Además existen tratamientos que funcionan de forma eficaz.

Es una respuesta repentina de miedo intenso que alcanza rápidamente su máxima expresión y después, cesa paulatinamente. El episodio suele durar unos 30 o 40 minutos y se caracteriza por una sensación de peligro o muerte inminente y una necesidad urgente de escapar.

No todos los pacientes lo experimentan de la misma manera, se han llegado a identificar 13 síntomas somáticos y cognitivos presentes en estas crisis: sensación de falta de aire, palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de atragantarse, presión en el pecho, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad o mareo, desrealización o despersonalización, miedo perder el control o a “volverse loco”, miedo a morir, parestesias y escalofríos o sofocaciones.

¿Qué suele haber detrás de estos episodios? ¿Siempre hay una causa clara o pueden surgir “de la nada”?

A lo largo de la investigación, se han identificado tres tipos de crisis de pánico.

Crisis inesperadas: no se asocian con ningún desencadenante ambiental y la persona las vive como reacciones espontáneas, sin motivo aparente.

Crisis determinadas situacionalmente: el episodio aparece cuando la persona se expone o anticipa un estímulo concreto, por ejemplo, al quedarse encerrada o al enfrentarse a una araña.

Crisis predispuestas situacionalmente: el episodio se relaciona con algún estímulo ambiental, pero no ocurre siempre en el mismo momento de la anticipación o exposición. Por ejemplo, si el pánico está asociado a conducir, puede manifestarse mientras se conduce o incluso un tiempo después de haber conducido.

Esta clasificación describe principalmente la experiencia subjetiva del síntoma, pero cada persona es diferente. Desde un enfoque integrativo, los ataques de pánico pueden entenderse como un mecanismo de defensa, en el que el sistema de alerta se dispara y dificulta sentirse seguro consigo mismo. Explorar cómo la persona vive sus emociones, vulnerabilidades y necesidades permite comprender mejor los episodios y desarrollar estrategias efectivas para manejarlos.

¿Qué señales físicas y emocionales ayudan a identificar que se trata de un ataque de pánico y no de otra cosa, como un problema médico?

Es cierto que los síntomas físicos pueden ser muy parecidos, pero existe una diferencia importante. Los ataques de pánico están basados en el miedo; un problema médico, no. Durante una crisis de pánico, si la persona aprende a autorregularse, las sensaciones físicas suelen disminuir de forma paulatina. En cambio, un problema médico no responde a nuestra capacidad de gestión emocional y suele ir acompañado de la sensación de que algo no funciona bien en el cuerpo.

Aprender a reconocer estas diferencias requiere experiencia. Por ello, si es la primera vez que te ocurre, lo más recomendable es acudir al médico para descartar causas orgánicas y recibir una explicación adecuada de lo que está sucediendo. Con el tiempo, si se desarrolla una tendencia a sufrir crisis de pánico, es posible aprender a identificar el miedo y a poner en marcha estrategias específicas para manejarlas.

Es importante aclarar que estas recomendaciones pueden variar en función de cada persona. Si, además de ataques de pánico, existe hipocondría o un trastorno obsesivo-compulsivo, esta diferenciación puede resultar más difícil y requerir un acompañamiento psicológico más específico.

¿Qué diferencia hay entre un ataque de pánico puntual y un trastorno de pánico?

Se puede empezar a considerar un trastorno de pánico cuando, después de la primera crisis, se experimentan nuevos episodios de forma recurrente durante al menos un mes. Otro aspecto importante a tener en cuenta es que la forma de comportarse de la persona con trastorno de pánico se ve alterada e influida por la preocupación constante ante la posibilidad de volver a experimentar una crisis y sus consecuencias.

Por un lado, puede darse lo que se conoce como conducta agorafóbica, que consiste en evitar aquellos ambientes o situaciones que podrían detonar una crisis de pánico; como consecuencia, el trastorno irrumpe en dos o más áreas de la vida de la persona. Por otro lado, puede desarrollarse una hipervigilancia constante de las sensaciones corporales en busca de posibles síntomas, lo cual conduce a un estado de estrés y necesidad de control que aumenta la probabilidad de aparición de nuevas crisis

Desde tu punto de vista como especialista, ¿cuál es el tipo de abordaje terapéutico que consideras más eficaz para tratar los ataques de pánico?

Los enfoques cognitivo-conductuales o conductuales tienen una base sólida de evidencia científica a la hora de reducir la severidad de estos síntomas y mejorar la calidad de vida de la persona. Estas herramientas forman parte de mi práctica clínica.

Desde mi experiencia, cuando el caso tiene componentes de trauma relacional, contextos vitales complicados, mucha dificultad para seguir las pautas o pánico cronificado, un abordaje integrativo resulta especialmente útil. Este modelo permite trabajar tanto los síntomas como otros factores que influyen en el problema y se adapta muy bien a las necesidades de cada caso individual. Es muy importante tener en cuenta que más allá del modelo, es fundamental tener un psicólogo con el que te sientas comprendido y con el que se pueda construir una buena alianza terapéutica. Sentirse en un clima de seguridad y confianza es clave para que la apertura necesaria para el trabajo terapéutico se den.

¿Qué herramientas prácticas puede empezar a aplicar una persona para regularse en el momento en que siente que está entrando en pánico?

La crisis de pánico puede entenderse como una falsa alarma del cuerpo: una detección de peligro que en realidad no existe. Por ello, resulta útil hacer justamente lo contrario de lo que la ansiedad nos sugiere.

Cuando sentimos miedo, el cuerpo reacciona tensándose y volviéndose rígido, como si necesitara protegerse de una amenaza. Sin embargo, al no tratarse de un peligro real, es de gran ayuda reconocer que el miedo está compuesto por sensaciones corporales y pensamientos, y permitirnos soltar. Soltar la tensión muscular y también los pensamientos catastrofistas que aparecen en ese momento (lo cual no implica negarlos, sino dejar de alimentarlos).

Otro aspecto importante es entender que la ansiedad y el control no se llevan bien: cuanto más intentamos controlar lo que nos ocurre, mayor sensación de descontrol solemos experimentar. Por eso, intentar que los síntomas desaparezcan a toda costa suele ser contraproducente; resistirse a ellos tiende a intensificarlos.

La ansiedad también nos predispone a huir, pero evitar las situaciones temidas aumenta la percepción de amenaza y refuerza la inseguridad a largo plazo. Existen técnicas que pueden entrenarse para reducir la probabilidad de sufrir nuevas crisis, pero es importante que este trabajo esté guiado por un psicoterapeuta. Un uso inadecuado de estas estrategias puede convertirse en otro intento de control del pánico, perpetuando la idea de que es peligroso y resultando contraproducente.

¿Cuánto suele durar el proceso terapéutico hasta que una persona empieza a recuperar la sensación de control?

La duración de la terapia varía según la historia de cada persona y los factores que influyen en sus crisis. En la práctica, muchas personas que llegan con ataques de pánico presentan experiencias previas de estrés intenso o relaciones que no les han sostenido, lo que hace que el proceso terapéutico requiera más tiempo y trabajo en distintos niveles. Por eso, es difícil dar un tiempo exacto; lo que sí se puede decir es que, con constancia y aplicando las estrategias aprendidas, muchas personas comienzan a recuperar sensación de control en unos meses.

¿Qué mitos o malentendidos sobre los ataques de pánico crees que es urgente desmontar?

Los ataques de pánico no son un problema de salud física ni tampoco un trastorno mental grave, pero como son síntomas muy intensos y pueden afectar bastante la calidad de vida de la persona, pueden parecer más graves de lo que realmente son. Simplemente son un miedo aprendido cuya vivencia subjetiva es muy desagradable y en la mayoría de los casos, es la forma de responder a las crisis lo que agrava los síntomas. La forma correcta de actuar es bastante contraintuitiva, por eso es muy comprensible que no sea la primera respuesta que nos salga.

Por otro lado, muchas personas sienten mucha vergüenza por padecer estos síntomas, ya que tienen miedo de parecer débiles o indefensos. La realidad es que no hay nada de qué avergonzarse, ya que tan solo se trata de un malentendido de nuestro sistema nervioso que le puede pasar a cualquiera. De hecho, es una patología bastante común.

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Psicología y Mente. (2026, enero 23). «La crisis de pánico puede entenderse como una falsa alarma del cuerpo». Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/crisis-de-panico-falsa-alarma-del-cuerpo

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