¿Por qué los propósitos se desinflan?
Empieza el año y llenamos listas de metas: hábitos nuevos, grandes cambios, promesas a nosotros mismos. Y al poco tiempo… nada. La motivación se esfuma.
No es que nos falte fuerza de voluntad. El cambio verdadero no se enciende como un interruptor. Requiere tiempo, práctica y atención a lo que pasa dentro de nosotros, no solo a lo que hacemos afuera.
Cada decisión consciente, aunque sea pequeña, moldea nuestra mente, nuestras emociones y nuestra relación con nosotros mismos.
Cuando el cambio duele, miremos lo que hay debajo
Intentar cambios enormes de golpe genera frustración y culpa. Nuestro cuerpo y mente necesitan adaptarse. A veces lo que sentimos como miedo, cansancio o dificultad son señales que nos hablan de patrones internos y partes de nosotros que necesitan atención.
Imaginemos que queremos bajar de peso y decidimos empezar una dieta estricta y hacer ejercicio todos los días. Al principio todo parece funcionar: nos sentimos motivados, vemos pequeños avances, y creemos que con fuerza de voluntad lograremos todo rápido.
Pero al cabo de unos días comienzan a aparecer sensaciones incómodas: hambre constante, cansancio, ansiedad antes de comer o irritabilidad. Esto no es flaqueza ni fracaso; son señales claras de que nuestro cuerpo y nuestra mente están reaccionando a un cambio demasiado brusco.
Estas sensaciones nos indican varias cosas:
- Que nuestro cuerpo necesita tiempo para adaptarse a nuevas rutinas y cambios en la alimentación.
- Que nuestra mente y emociones también necesitan procesar la transición: dejar hábitos antiguos puede generar dudas, miedo o incomodidad.
- Que hay patrones internos no conscientes que emergen: por ejemplo, comer para calmar emociones o comer para buscar confort frente al estrés.
Si observamos estas señales con curiosidad y sin juicio, en lugar de ignorarlas o castigarnos, nos sirven como guía para ajustar el cambio: introducir la dieta y el ejercicio de manera gradual, o identificar emociones que disparan ciertos hábitos que tenemos que trabajar.
En otras palabras, lo que sentimos como incomodidad o dificultad es información valiosa: una brújula que indica cómo avanzar respetando nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestros patrones internos. Escuchar estas señales convierte la lucha en aprendizaje y fortalece nuestra transformación.
Mini-reflexión: observar nuestros bloqueos
- Pensemos en un cambio que queramos hacer.
- Notemos qué emoción o sensación surge al intentarlo.
- Preguntémonos: ¿Qué nos está enseñando sobre nuestros hábitos o reacciones internas? (ejemplo: cada vez que me agobio, como demás)
- Identifiquemos una palabra que resuma nuestro descubrimiento.
Lo que sentimos como dificultad muchas veces refleja partes de nosotros que hemos ignorado o no nos atrevemos a mirar. Observarlas con curiosidad, sin juzgarnos, permite aprender y usar esa energía para avanzar.
En nuestro ejemplo: notar el estrés, la ansiedad o el cansancio puede mostrarnos qué hábitos o emociones necesitan atención antes de forzar el cambio.
Nuestra guía interna sabe más que nuestra fuerza de voluntad
Todos tenemos señales que nos guían: emociones, intuiciones, recuerdos o momentos de incomodidad. Aprender a escucharlas es clave para cambios que duren. Por ejemplo, al intentar la dieta estricta puede aparecer ansiedad antes de comer, recuerdos de comidas reconfortantes o pensamientos como “no puedo controlar esto”. Estas señales no son un obstáculo; son mensajes de nuestro mundo interno, que nos muestran dónde poner atención y por dónde empezar a trabajar.
Mini-reflexión: descubrir nuestros patrones
- Observemos un hábito que queramos transformar.
- Notemos las emociones que surgen.
- Preguntémonos: ¿Qué patrón interno podría estar sosteniendo este hábito?
(Ejemplo: cada vez que estamos cansados, comemos algo con mucha azúcar)
Prestemos atención a cualquier pensamiento, imagen o sensación que aparezca; son pistas de nuestro mundo interno.
Pasos tan pequeños que parecen invisibles… pero funcionan
El cambio duradero se construye con acciones conscientes y repetidas, no con grandes arranques. Escogemos un hábito a la vez. Celebramos cada pequeño logro. Ajustamos nuestra estrategia según lo que aprendemos de nosotros mismos, sin juzgarnos.
Mini-reflexión: nuestra acción mínima
Hoy, elijamos una acción muy pequeña que nos acerque a nuestra meta. Hagámosla, observemos qué surge dentro de nosotros y reconozcámoslo. Cada acción consciente ayuda a mirar y transformar nuestros patrones internos, convirtiendo bloqueos en fuerza.
Los tropiezos son nuestro mapa secreto
El cambio nunca es lineal. Los días de “retroceso” o pausa no son fracaso, son información valiosa. Cuanta más autocompasión nos brindemos, más claro será nuestro aprendizaje y más fácil será avanzar. Observemos lo que surge con suavidad, sin culpa ni juicio. Cada tropiezo, cuando se mira así, se transforma en un momento de autoconocimiento y sanación, un bálsamo que fortalece nuestro camino y permite un cambio profundo y sostenible.

Georgina Hudson
Georgina Hudson
Terapeuta Transpersonal, Coach Vida Y Estrategia, Coach Transformacional
Nuestro viaje profundo empieza hoy
El cambio duradero no depende de calendarios ni de arrancar con fuerza extrema. Depende de:
- Escuchar nuestro interior.
- Tomar decisiones conscientes, pequeñas y repetidas.
- Observar nuestras emociones y patrones internos sin juzgarnos.
Cada paso, cada pausa y cada reflexión nos acercan a una transformación auténtica y profunda, que cambia no solo lo que hacemos, sino cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo.
Nuestro viaje empieza hoy. No queremos más propósitos vacíos. Solo decisiones conscientes, profundas y llenas de significado. Y si en algún momento sientes que necesitas apoyo para entender tus patrones, emociones o bloqueos, busca la ayuda de un buen profesional que te acompañe con cuidado en tu proceso de transformación.


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