En efecto, tal vez esté pecando de pedantería al intentar dar respuesta a una pregunta de difícil respuesta; pero de todos modos deseo hacerlo porque es una de las cuestiones que más me preguntan en la consulta. ¿Por qué tengo tan mala suerte? ¿Qué he hecho yo para que todo me salga tan mal?

Conociendo la buena y la mala suerte

Si muchas veces este interrogante te atormenta la mente y no sabes por qué atraes la mala suerte, entonces tendrás la sensación subjetiva de que todo te sale mal, o que tienes muy mal fario. No paras de tocar fondo, todo parece ir a peor y difícilmente puedes levantar cabeza, es como si tuvieras un maldito imán para las cosas negativas de la vida, todas las opciones que te presenta la vida o son insuficientes o se tornan demasiado oscuras. Los astros están alineados en tu contra... ¿qué he hecho yo para merecer esto?, exclamas impotente.

Este sentimiento de ser un espectador pasivo e impotente ante las implacables desgracias de la vida debe ser una verdadera tortura, ¿verdad? Debes sentirte como un muñeco de vudú, desesperado ante las puñaladas de la existencia humana.

El vicio de culpar a la mala suerte

No obstante, el creer que tienes siempre mala suerte puede transformarse en tu peor vicio. Intentar autoconvencerte de ello es buscar la justificación ideal para no salir de esa indiferencia hacia la vida, y eso queridos lectores… puede llevar a la depresión, puesto que si todo lo que pasa es causa del destino, azar o karma (lo que sea para autoengañarse), ¿para qué demonios luchar? Mucho más cómodo resignarse y no hacer nada.

No hay que desesperar, en el fondo sabes que tienes una alternativa, sabes que esa dichosa sensación fatalidad que se apodera de ti puede ser, parcialmente, producto de tu propia psique. En consecuencia, tienes el poder de modificar esos pensamientos tan negativos que te carcomen por dentro.

Cambiando creencias para atraer el éxito y la suerte

El éxito no se consigue con la buena suerte, es el resultado directo de un esfuerzo constante, de hecho la suerte no existe y si existe no depende de nosotros, entonces solo nos queda nuestra propia voluntad de poder para lo que podemos transformar.

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Vamos a explorarlo, intentemos explicar a qué se debe eso de pensar que uno tiene mala suerte, para dar unas sencillas herramientas y poder afrontarlo.

1. La fantasía de la eterna estabilidad

Posiblemente, cuando hayas vivido una buena racha no hayas sido totalmente consciente de esa irreal ilusión que te dice que que esa buena tendencia va a durar eternamente, algo que dabas por sentado. Nada es eterno (y eso es un principio físico contra el cual no podemos hacer nada) pero nuestra mente intenta crear una realidad metafísica donde el tiempo no pase y todo permanezca inamovible, como si se tratara de un dibujo animado donde todos los personajes son felices siempre.

En efecto, crees que la fiesta nunca va acabar pero de repente todo termina y tú te quedas ahí, perplejo y confundido.

¿Solución? No tengo una varita mágica que me permita solventar de golpe el problema, pero al ser toda nuestra existencia una dinámica cíclica (aunque nunca se repiten los hechos de igual forma) lo sensato sería añadir a nuestro vocabulario el concepto de finitud. La vida va a estar siempre en constante cambio, lo bueno y lo malo se turnarán, aunque en ciertos momentos creas que todo permanece estático y permanente.

Así que te propongo que cada vez que te venga a la cabeza eso de que "siempre me sale todo mal” o "tengo muy mala suerte" no te tomes tan literalmente ni le des tanta importancia a esos pensamientos.

2. Locus de control

El locus de control externo es un término muy utilizado en psicología; viene a decir que cuando te topas de frente con problemas, tienes la tendencia a creer que éstos tienen poca o ninguna relación con tu comportamiento. Por tanto, atribuyes la causa de dichas dificultades a la mala suerte, con el lógico resultado de experimentar una sensación de impotencia y desesperación que te provoca el pensar “¡siempre tengo mala suerte, soy un maldito desgraciado!”.

Oportunamente, olvidas que tienes elección sobre las circunstancias que te rodean, que el destino no está determinado y que tú tienes mucho por hacer. Tienes que centrarte en lo que depende de ti. Date cuenta de la relación que hay entre tus conductas y el mundo exterior. ¡Coge las riendas de tu destino!

3. Visión selectiva de los acontecimientos

Cuando piensas que el Dios del infortunio la ha tomado contigo estás haciendo un repaso de las vivencias más desagradables que has tenido en tu vida y descartando fijarte en las experiencias positivas, que seguro que también han sido muchas. No me malinterpretes, no digo que no existan tales desgracias pero sí que estás dejando en segundo plano el resto de experiencias.

¿Solución? Tomar otro punto de vistaLa atención es selectiva, y tú decides dónde te focalizas y en qué aspectos quieres fijarte. Pon en práctica el ejercicio opuesto al que sueles hacer. Haz una lista de todos aquellos momentos en las que te has sentido feliz. Ten una visión más global y objetiva de tu vida sin lamentarte tanto en las desgracias que te ha tocado vivir.

4. Las claves

  • Te estás olvidando de las veces que la destino te ha mostrado su cara más dulce.
  • No todo es azar, hay cosas que las determinas únicamente tú, por lo tanto tienes margen de maniobra.
  • Todo está en constante cambio: creación y destrucción. Lo que hoy es negro mañana se vuelve blanco y así sucesivamente. ¡Nunca lo olvides!