“Siento que no puedo parar de pensar. Mi cabeza no deja de hablarme…”, me dijo entre lágrimas. Era Lucía, una gimnasta de 15 años que llevaba meses bloqueándose justo antes de ejecutar su rutina en el potro. Entrenaba horas, dominaba cada movimiento, pero cuando llegaba el momento de competir, su mente se adelantaba a cada salto, a cada giro, como si quisiera hacer la coreografía antes que su cuerpo.
Su entrenadora creía que era miedo. Sus padres pensaban que le faltaba confianza. Pero lo que Lucía sufría era algo más sutil: su cabeza iba demasiado rápido, y su cuerpo no podía seguirle el ritmo.
A veces, como Coach Mental, veo ese mismo patrón en deportistas de todo tipo: jóvenes promesas, futbolistas, nadadores o golfistas. Todos tienen talento, todos entrenan duro, pero muchos viven atrapados en una mente que no sabe frenar. Y cuando la mente acelera, el cuerpo se desconecta.
El enemigo invisible: cuando pensar demasiado te hace perder el presente
El exceso de pensamiento es como un ruido de fondo que no se apaga. En el deporte, ese ruido puede manifestarse como ansiedad, tensión o pérdida de concentración. No siempre se nota desde fuera; un deportista puede parecer tranquilo, pero por dentro está haciendo mil cálculos: “¿Y si fallo?”, “¿Qué pensará mi entrenador?”, “No puedo repetir el error de ayer”. En esos momentos, la mente se convierte en un campo de batalla. Y lo paradójico es que cuanto más intentas controlar cada pensamiento, más te domina.
Lucía lo vivía cada día:** visualizaba su salto, pero en lugar de confiar en el movimiento aprendido, empezaba a anticipar errores**. Su cuerpo se tensaba, su respiración se aceleraba y su equilibrio desaparecía. No fallaba por falta de técnica, sino por exceso de control.
Como Coach Deportivo, suelo explicar que el cuerpo necesita silencio mental para rendir. Un pensamiento puede orientar, pero diez pensamientos seguidos bloquean. Lo mismo que un motor al límite, la mente también se sobrecalienta.
La mente acelerada: cómo el exceso de futuro roba el presente
Una de las trampas más comunes en el alto rendimiento es vivir adelantado.
Pensar en lo que va a pasar, en lo que puede salir mal, en cómo será evaluado el resultado.
Pero la ansiedad —esa sensación de ir “por delante”— tiene un costo: nos desconecta del ahora.
En psicología del deporte, este fenómeno se conoce como “interferencia cognitiva”. En coaching mental lo trabajamos desde otro enfoque: ¿dónde está tu atención?
El cuerpo solo puede actuar en el presente, pero la mente puede viajar al pasado o al futuro.
Y cuando lo hace, el cuerpo se queda sin piloto.
El pensamiento anticipado activa el sistema nervioso simpático: respiración superficial, rigidez muscular, pérdida de sensibilidad corporal.
Por eso muchos deportistas sienten que “no les sale igual en competencia”. No es falta de entrenamiento; es exceso de pensamiento.
Como me dijo un portero de fútbol profesional: “En los penaltis, si pienso medio segundo más, ya es tarde”.
El reto no es eliminar los pensamientos, sino aprender a escucharlos sin dejar que conduzcan.
Ahí entra el coaching mental: herramientas prácticas para devolver la mente al cuerpo, para reconectar con el presente.
Tres ejercicios para volver al ahora
1. La respiración del anclaje (2 minutos antes de competir)
Pide al deportista que inhale profundo por la nariz durante cuatro segundos, mantenga dos y exhale lento por la boca durante seis.
Mientras exhala, que repita mentalmente: “Estoy aquí, ahora”.
Este simple patrón activa el sistema parasimpático, reduce la frecuencia cardíaca y reestablece la conexión mente-cuerpo. Los estudios del HeartMath Institute han demostrado que la coherencia cardíaca puede mejorar la precisión y la toma de decisiones en momentos de presión.
2. El ritual del presente (visualización corta)
Antes de competir o entrenar, que imagine el inicio de su rutina o partido, pero sin centrarse en el resultado. Solo en las sensaciones corporales: el suelo, el aire, los músculos, el ritmo de la respiración.
El objetivo es que el deportista “se meta” en su cuerpo antes de actuar, no en su cabeza.
Como decía Simone Biles: “Cuando siento mi cuerpo, no hay espacio para el miedo”.
3. El diario del foco
Después de cada entrenamiento o competencia, escribe tres frases:
- “Lo que hice bien…”
- “Dónde perdí el foco…”
- “Qué haré diferente la próxima vez.”
Este ejercicio de reflexión guiada ayuda a convertir la autocrítica en aprendizaje.
Muchos padres pueden acompañar a sus hijos en este hábito, no para evaluar, sino para escuchar. Preguntar “¿qué aprendiste de hoy?” vale más que decir “¿por qué fallaste?”.
El papel del entorno: padres, entrenadores y expectativas
La ansiedad deportiva no nace en el vacío. Muchas veces, detrás de un deportista acelerado hay un entorno también acelerado: padres exigentes, entrenadores impacientes, agendas sin pausa.
El joven atleta interioriza esa velocidad y empieza a creer que pensar más equivale a rendir más. Pero pensar más no es pensar mejor.
La mente del deportista necesita descanso, silencio, momentos de desconexión.
Como Coach Mental, suelo recomendar a los padres que normalicen el descanso mental tanto como el físico: un paseo sin auriculares, una tarde sin competir, un domingo sin objetivos.
El coaching mental no busca crear robots concentrados, sino deportistas conscientes.
Cuando un atleta aprende a observar su mente sin dejarse arrastrar, gana libertad.
Y esa libertad es la base de la motivación deportiva real: actuar por elección, no por presión.
Cuando el foco regresa, el cuerpo también
Después de varias sesiones, Lucía aprendió a respirar antes de cada salto. Lo hacía en silencio, apenas tres segundos. Pero esos tres segundos eran su ancla. Con el tiempo, dejó de intentar controlar cada movimiento y empezó a confiar. Un día, después de competir sin fallos, se acercó y me dijo:
—“Hoy mi cabeza se quedó quieta. Solo sentí mi cuerpo.”
Esa frase, tan simple, resume lo que muchos deportistas buscan: volver al presente. El foco no se entrena repitiendo una técnica mil veces, sino aprendiendo a callar la mente. Un buen Coach Deportivo no enseña a eliminar pensamientos, sino a convivir con ellos sin perder el ritmo. Porque el verdadero equilibrio no está en no pensar, sino en pensar justo lo necesario.
Cuando la cabeza va más rápido que el cuerpo, el cuerpo no falla: solo espera que la mente vuelva a casa. La calma no se encuentra en el silencio externo, sino en la quietud interna.
-medium.jpg)
Daniel Miskiewicz Perdigon
Daniel Miskiewicz Perdigon
Master en Coaching Deportivo
Y esa quietud —como todo en el deporte— se entrena.
La próxima vez que sientas que tus pensamientos corren demasiado, haz una pausa, respira, y recuerda: el presente es el único lugar donde el cuerpo puede ganar.


Newsletter PyM
La pasión por la psicología también en tu email
Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos
Suscribiéndote aceptas la política de privacidad
-small.jpg)

















