Las relaciones de pareja no se construyen únicamente alrededor de los conflictos que consiguen resolver. También importan aquello que sus miembros valoran el uno del otro, cómo celebran sus logros, la forma en que se acompañan durante las dificultades y los pequeños gestos que mantienen viva la conexión con el paso del tiempo. La Psicología Positiva ha permitido ampliar la mirada sobre las relaciones para estudiar no solo qué las deteriora, sino también qué recursos pueden ayudarlas a crecer.
Psicología Positiva y relaciones de pareja: hablamos con Beatriz Fernández
De todo ello vamos a hablar con la psicóloga clínica Beatriz Fernández, miembro del equipo del Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP).
1. ¿Qué aporta la Psicología Positiva al estudio de las relaciones de pareja más allá de centrarse únicamente en los conflictos o problemas?
Durante mucho tiempo hemos estudiado las relaciones preguntándonos, sobre todo, qué hace que una pareja se deteriore, qué genera conflicto, distanciamiento o insatisfacción. Y conocer todo eso es fundamental. La Psicología Positiva añade otra pregunta: ¿qué hace que una relación pueda crecer y convertirse en una fuente de bienestar para las dos personas?
No se trata de ignorar los problemas ni de mirar únicamente «lo positivo». Se trata de ampliar el foco y estudiar también los recursos que permiten que una pareja funcione bien, observando las fortalezas de sus miembros, la gratitud, la intimidad, las emociones positivas compartidas, el sentido, los proyectos comunes o la capacidad de acompañarse en los momentos difíciles.
Esto conecta con una de las ideas fundamentales de la Psicología Positiva: el bienestar no consiste solamente en la ausencia de malestar. También tiene que ver con desarrollar recursos que nos permitan crecer y construir una vida valiosa. Y las relaciones ocupan precisamente un lugar central dentro de ese bienestar.
La investigación muestra, además, que aspectos como sentirse apreciado, percibir compromiso por parte de la pareja o sentir que el otro nos comprende y responde a nuestras necesidades están estrechamente relacionados con la calidad del vínculo.
Para mí, esa es una de las aportaciones más interesantes de este enfoque. Nos permite entender mejor no solo qué deteriora una relación, sino también qué procesos contribuyen a que sea satisfactoria y se mantenga en el tiempo.
2. ¿Qué características suelen compartir las parejas que consiguen construir vínculos estables, satisfactorios y emocionalmente seguros?
No existe una fórmula única ni un tipo de pareja ideal. Pero sí encontramos algunos procesos que aparecen de manera bastante consistente en la investigación.
Uno especialmente importante es lo que llamamos responsividad: sentir que, cuando hablo, mi pareja intenta comprenderme, valida lo que estoy viviendo y muestra interés por mi bienestar. No significa estar siempre de acuerdo, sino sentir que, incluso en el desacuerdo, la persona que tengo delante me escucha y me tiene en cuenta.
Desde la Psicología Positiva añadiríamos otro elemento: la capacidad para reconocer los recursos y fortalezas que existen dentro de la relación. No solo detectar lo que nos molesta o nos gustaría cambiar, sino también identificar qué aporta el otro: por ejemplo, humor, prudencia, perseverancia, amabilidad, esperanza o capacidad para poner las cosas en perspectiva. La investigación muestra que reconocer y valorar estas fortalezas se relaciona con una mayor calidad del vínculo.
Y esa seguridad también se construye en los momentos difíciles. Poder expresar que estamos estresados, pedir apoyo y sentir que no tenemos que afrontar solos aquello que nos ocurre ayuda a vivir la relación como un espacio de confianza.
Una relación segura también necesita cierto equilibrio entre cercanía y autonomía: saber que podemos contar con el otro y, al mismo tiempo, seguir teniendo espacio para ser nosotros mismos. No siempre es fácil encontrar ese equilibrio y, además, puede ir cambiando según la etapa de la relación.
3. ¿Qué papel juegan emociones como la gratitud, la admiración o la ternura en la calidad de una relación a largo plazo?
Tienen un papel mucho más importante de lo que a veces pensamos. Con el paso del tiempo podemos acostumbrarnos a todo lo que la otra persona hace y empezar a verlo como algo esperado.
La gratitud rompe precisamente esa automatización. Nos hace detenernos y reconocer: «Esto que has hecho por mí tiene valor». Sara Algoe y sus colaboradores estudiaron a parejas en su vida cotidiana y encontraron que los momentos de gratitud se relacionaban con una mayor sensación de conexión y satisfacción incluso al día siguiente, tanto en quien agradecía como en quien recibía ese reconocimiento.
Desde la Psicología Positiva sabemos, además, que las emociones positivas no son simplemente momentos agradables. Barbara Fredrickson plantea que emociones como la alegría, el interés o el amor pueden ampliar nuestra manera de pensar y actuar y contribuir, con el tiempo, a construir recursos psicológicos y sociales.
En una relación, esto se traduce en algo muy cotidiano: agradecer, admirar, reír juntos, mostrar cariño o disfrutar de pequeños momentos compartidos ayuda a reforzar la conexión y a recordar qué seguimos valorando del otro.
Sin olvidarnos de la ternura, que también tiene un papel importante. El contacto afectivo —abrazarse, cogerse de la mano, acariciarse— se ha relacionado con el bienestar relacional y psicológico y puede convertirse en una forma muy sencilla de transmitir cercanía y seguridad.
Lo interesante es que hablamos de comportamientos bastante cotidianos. La investigación muestra que estos pequeños gestos tienen un peso importante en cómo nos sentimos dentro de una relación. Y es curioso, porque son precisamente los que más fácilmente dejamos de prestar atención cuando llevamos mucho tiempo juntos.
4. ¿Cómo puede una pareja fortalecer sus recursos y fortalezas sin caer en la idea de que una relación sana debe ser siempre feliz o estar libre de dificultades?
Este matiz es fundamental porque Psicología Positiva no significa «pensar en positivo» ni intentar mantenernos permanentemente felices.
Una relación sana no es una relación en la que no existen tristeza, miedo, enfado, incertidumbre o desacuerdo. Es una relación que dispone de recursos para poder atravesar también esos momentos sin que necesariamente se pierda la conexión.
Las emociones difíciles tienen una función. A veces nos indican que hay un límite que revisar, una necesidad que expresar o algo importante que atender. Por eso, el objetivo no debería ser eliminar todo aquello que nos incomoda, sino aprender a relacionarnos de una manera más saludable con ello.
Trabajar desde las fortalezas puede significar preguntarnos: ¿qué hacemos bien cuando llegan momentos difíciles?, ¿qué recursos tenemos como equipo?, ¿qué aporta cada uno cuando aparece un problema?
Cada persona puede aportar recursos diferentes a la relación: quizá una ayude a poner las cosas en perspectiva, mientras la otra aporta perseverancia; una puede introducir humor en momentos de tensión y la otra actuar con más prudencia.
Lo interesante no es que ambos reaccionen de la misma manera, sino que puedan reconocer qué fortalezas aporta cada uno y cómo utilizarlas conjuntamente. Esto no elimina las dificultades, pero puede ayudar a afrontarlas de otra manera.
5. ¿Qué importancia tiene la forma en que una pareja celebra los logros del otro y responde a sus buenas noticias?
Muchísima. De hecho, es uno de los hallazgos que más me gustan de la investigación sobre relaciones, porque normalmente pensamos que una pareja se pone a prueba cuando las cosas van mal. Pero también es importante lo que ocurre cuando las cosas van bien.
Shelly Gable y sus colaboradores estudiaron qué sucede cuando contamos algo bueno a nuestra pareja. Encontraron que la respuesta más beneficiosa es aquella que se produce de manera activa y constructiva: la otra persona muestra entusiasmo, pregunta, se interesa y ayuda a prolongar ese momento positivo.
Imaginemos que una persona dice a su pareja: «Me han felicitado por un proyecto en el trabajo». No es lo mismo recibir un «qué bien, me alegro» y pasar rápidamente a otra cosa que encontrar una respuesta como: «¡Qué bien! Cuéntame, ¿qué te han dicho?, ¿cómo te has sentido?». En ambos casos puede haber alegría por el otro, pero en el segundo hay un interés más activo y se genera un espacio para compartir y disfrutar juntos de ese momento.
El acontecimiento positivo es el mismo, pero la experiencia emocional cambia.
Cuando compartimos algo bueno y encontramos una respuesta genuinamente entusiasta, esa experiencia se amplifica. No solo disfrutamos más de lo que nos ha ocurrido, sino que ese momento se convierte también en una oportunidad para sentirnos más cerca.
Y creo que esto es algo a lo que prestamos relativamente poca atención. Nos preocupamos mucho por saber acompañarnos cuando las cosas van mal, pero no siempre somos conscientes de la importancia que tiene cómo respondemos a los momentos positivos de nuestra pareja.
6. ¿Hasta qué punto compartir valores, proyectos y sentido vital influye en la satisfacción de pareja?
Puede influir mucho, aunque compartir valores no significa pensar exactamente igual en todo.
Lo importante es que exista cierta sintonía en aquello que cada uno considera importante y que la pareja pueda construir una dirección compartida. Por ejemplo, cómo entendemos la familia, qué lugar queremos dar al trabajo, cómo imaginamos nuestro futuro o qué tipo de vida queremos construir juntos.
El sentido y el propósito tienen un papel importante en el bienestar, y eso también puede trasladarse a la pareja. Tener proyectos comunes, apoyarse en los objetivos del otro y sentir que ambos avanzan hacia algo que tiene significado puede reforzar la sensación de equipo y de compromiso.
La investigación sobre metas compartidas muestra precisamente que coordinar objetivos y apoyarse mutuamente puede favorecer tanto el progreso hacia esas metas como el bienestar.
Ahora bien, construir un proyecto común no significa renunciar a los proyectos individuales. No necesitamos compartir cada afición, cada interés o cada objetivo para tener una buena relación.
Por eso, hablaría más de una dirección compatible que de una identidad única. Es importante poder construir objetivos comunes sin que ninguno de los dos tenga que dejar de lado aquello que también es significativo a nivel personal.
7. ¿Cómo se puede cultivar una comunicación positiva sin evitar conversaciones incómodas, desacuerdos o emociones difíciles?
La comunicación positiva no consiste en evitar los temas difíciles, sino en aprender a abordarlos de una manera que no deteriore la relación.
Podemos expresar exactamente el mismo malestar de formas muy distintas. No es lo mismo decir «nunca me tienes en cuenta» que explicar «cuando ha ocurrido esto me he sentido desplazada y me gustaría que pudiéramos hablarlo». En el segundo caso seguimos poniendo sobre la mesa algo incómodo, pero lo hacemos desde nuestra experiencia y no desde el ataque al otro.
También es importante cómo escuchamos. Muchas veces, mientras nuestra pareja habla, estamos preparando nuestra defensa o pensando qué vamos a responder. Escuchar de verdad implica intentar comprender qué hay detrás de lo que el otro está diciendo, incluso cuando no compartimos completamente su interpretación.
Y no todo tiene que resolverse en ese mismo momento. A veces, reconocer que estamos demasiado activados, hacer una pausa y retomarlo después puede ser mucho más constructivo que continuar una discusión que ya no está llevando a ningún sitio.
Por supuesto, esto no significa que todos los desacuerdos sean fáciles de gestionar. Hay cuestiones que pueden necesitar más tiempo y, en algunos casos, ayuda profesional. Pero sí podemos aprender a discutir de una manera que no añada más daño al problema que estamos intentando resolver.
Una pregunta que puede ayudarnos en esos momentos es: «¿Quiero que me entiendan o quiero ganar esta discusión?».
8. ¿Qué papel desempeñan la autonomía individual y el crecimiento personal dentro de una relación saludable?
Creo que aquí es importante recordar que estar en pareja no significa dejar de ser uno mismo. Construimos un espacio compartido, sí, pero seguimos siendo dos personas con intereses, amistades, proyectos y necesidades propias.
A veces podemos confundir cercanía con hacerlo todo juntos o pensar que tener espacios propios genera distancia. Sin embargo, conservar esos espacios también forma parte de una relación saludable. Poder seguir desarrollándonos como personas nos permite llegar a la relación con nuevas experiencias, intereses y aprendizajes.
Y eso no resta intimidad; muchas veces ocurre lo contrario. Cuando cada uno sigue creciendo, también tiene algo nuevo que aportar al espacio compartido.
Además, cuando todo nuestro bienestar depende exclusivamente del otro, la relación puede acabar soportando demasiado peso. Mantener proyectos, vínculos e intereses propios ayuda a conservar una identidad propia y fuentes de bienestar que no dependan únicamente de la pareja.
Esto requiere encontrar un equilibrio que no tiene por qué ser el mismo para todas las parejas. Hay personas que necesitan más espacios individuales y otras que prefieren compartir más actividades. Lo importante es que ambos puedan sentirse cómodos con la manera en que organizan ese espacio personal y compartido.
9. Cuando una relación atraviesa una etapa de desgaste, ¿qué recursos de la Psicología Positiva pueden ayudar a recuperar conexión, complicidad y reconocimiento mutuo?
Lo primero sería no interpretar automáticamente el desgaste como ausencia de amor. Muchas relaciones atraviesan etapas en las que el estrés, la rutina, la crianza, el trabajo o determinadas dificultades personales dejan poco espacio para cuidar la relación.
Por supuesto, depende de lo que esté ocurriendo. No es lo mismo una etapa de distanciamiento por falta de tiempo que una situación en la que existen conflictos graves o dinámicas que hacen daño. En esos casos, recuperar los momentos positivos no es suficiente y puede ser necesario buscar ayuda profesional.
Pero, cuando hablamos de ese desgaste más cotidiano, desde la Psicología Positiva una de las claves puede ser ampliar el foco. Cuando estamos atravesando una etapa difícil, nuestra atención tiende a quedarse atrapada en todo lo que no funciona. Sin negar esos problemas, también puede ser útil preguntarnos: «¿Qué sigue funcionando entre nosotros?», «¿qué hemos superado juntos?» o «¿qué sigo valorando de esta persona?».
Recuperar esa mirada apreciativa puede ayudarnos a volver a reconocer fortalezas, gestos y cualidades que quizá la rutina ha ido dejando en segundo plano. Y la gratitud puede ser una herramienta muy sencilla para hacerlo: no decir simplemente «eres genial», sino expresar de manera concreta «agradezco que hayas hecho esto» o «valoro mucho cómo has estado conmigo en este momento».
También puede ser importante recuperar espacios compartidos que rompan la inercia y, sobre todo, volver a interesarnos de verdad por cómo está la otra persona, qué le preocupa, qué necesita o qué está viviendo en este momento.
A veces, después de mucho tiempo juntos, damos por hecho que ya conocemos perfectamente al otro y dejamos de hacer ciertas preguntas. Sin embargo, las personas vamos cambiando y lo que necesitábamos hace unos años no tiene por qué ser exactamente lo mismo que necesitamos ahora.
10. ¿Qué pequeños hábitos cotidianos pueden tener un impacto especialmente importante en la calidad del vínculo a largo plazo?
Muchas veces, lo que más influye no son los grandes gestos, sino lo que ocurre de manera repetida en el día a día.
Por ejemplo, reservar algún momento para estar realmente presentes, aunque sea breve, interesarnos por algo que sabemos que es importante para el otro, mantener pequeños gestos de afecto o simplemente darnos cuenta de cuándo llevamos varios días funcionando únicamente en modo rutina.
También me parece importante no esperar a que haya un problema para cuidar la relación. A veces prestamos atención a la pareja cuando algo va mal, pero no tanto cuando todo parece estar funcionando. Y precisamente esos momentos son una buena oportunidad para seguir construyendo conexión.
La investigación muestra que los pequeños gestos cotidianos tienen bastante peso en la satisfacción de pareja. Y es curioso, porque son precisamente los que más fácilmente dejamos de prestar atención cuando llevamos mucho tiempo juntos.
No se trata de convertir la relación en una tarea más ni de estar haciendo ejercicios constantemente. Se trata, más bien, de no perder de vista que la relación también necesita tiempo, atención y espacio dentro de una vida que muchas veces va muy deprisa.








