¿Cuántas veces al día te encuentras pensando en algo que ya pasó o preocupado por lo que vendrá? Probablemente más de las que te gustaría reconocer. Y no porque seas ansioso o estés «mal», sino porque vivir en el pasado o en el futuro se ha vuelto una forma de habitar. Es el modo automático de una mente que no ha aprendido a descansar en el presente.

Marianne Buehringer Bugeda
Marianne Buehringer Bugeda
Psicóloga con enfoque humanista, diplomado en tanatología
La trampa de la mente viajera
Hay una investigación de la Universidad de Harvard que encontró que las personas pasan casi el 47 % de sus horas despiertas pensando en algo diferente de lo que están haciendo. Y lo más significativo del estudio no fue ese número, sino lo que descubrieron después: cuando la mente divaga, tendemos a ser menos felices, independientemente de hacia dónde divague.
No importa si estás recordando algo bonito o anticipando algo emocionante. El simple hecho de no estar donde estás puede generar un estado de malestar silencioso que se acumula con el tiempo.
Cuando la mente viaja constantemente al pasado, suele ir cargada de culpa, de «debí haber hecho las cosas diferentes», ansiedad o dolor. Cuando viaja al futuro, suele ir llena de miedo, de anticipación catastrófica, de escenarios que casi nunca ocurren, pero que generan la misma respuesta de estrés que si ya estuvieran pasando.
Y, mientras tanto, el presente, que es el único lugar donde realmente ocurre la vida, pasa sin ser habitado.
¿Qué pasaría si solo tuvieras el hoy?
Imagina por un momento que tu memoria se borra. Que desaparece todo lo que te han dicho que eres, todo lo que salió mal, todas las expectativas que llevas cargando. Solo queda este momento.
¿Crees que vivirías diferente? ¿Qué cambiaría en ti?
Esta pregunta puede ayudarte a descubrir quién eres hoy, sin la carga del pasado o la anticipación del futuro, solo tu ser auténtico, sin máscara.
La ansiedad, en su mayoría, no vive en el presente. Vive en la anticipación de lo que podría pasar. El dolor que no ha sanado no vive en el ahora. Vive en la repetición mental de lo que ya pasó. Y, cuando esas dos sensaciones se encuentran en tu mente, el presente desaparece.
Estar presente no es una técnica. Es un regreso
Las técnicas de meditación y mindfulness te ayudan a estar presente, a tener un regreso a lo que ya está aquí: tu respiración, el lugar y el peso de tu cuerpo, el sonido de lo que te rodea, la sensación de este momento exacto.
No se trata de vaciar la mente ni de dejar de pensar. Se trata de aprender a notar cuándo la mente se ha ido y de tener la capacidad de volver.
Una y otra vez. Porque la presencia se practica un momento a la vez, un respiro a la vez, una decisión a la vez de volver al aquí y ahora. Como quien riega un árbol sin forzar su florecer. El camino no está en esperar que florezca rápido. El camino está en seguirlo regando.
¿Por qué importa esto en terapia?
Cuando una persona llega a terapia cargando el peso de su historia o la angustia de su futuro, una parte fundamental del trabajo es ayudarla a regresar al presente. No para ignorar lo que pasó ni para dejar de planear, sino para que pueda encontrarse a sí misma aquí, donde realmente ocurre el cambio.
Porque el pasado no se puede modificar desde el pasado. Y el futuro no se construye desde el miedo. Ambos se transforman desde el presente, desde este momento, desde aquí y ahora.
Porque, al final, este momento es el único lugar donde realmente podemos encontrarnos con nosotros mismos.

Marianne Buehringer Bugeda
Marianne Buehringer Bugeda
Psicóloga con enfoque humanista, diplomado en tanatología















