Enero llega cargado de propósitos, listas nuevas y buenas intenciones. Queremos cuidarnos más, organizarnos mejor, tomar decisiones distintas, vivir con más calma… Y, sin embargo, muchas veces repetimos los mismos patrones.
¿Te suena alguna de estas situaciones? Te propones algo con ilusión… y a las pocas semanas lo abandonas sin saber muy bien por qué. Te notas irritable, cansada o desmotivada y, cuando te preguntan qué te pasa, no sabes qué responder y acabas diciendo: nada. Tomas decisiones sensatas, pero no te ilusionan. Te enfadas por cosas pequeñas y eres consciente de que detrás hay algo más.
Puede que no te falte fuerza de voluntad. Puede que no necesites más disciplina ni más control. Puede que lo que falte sea algo mucho más básico: saber qué estás sintiendo. Porque cuando no pones nombre a lo que sientes, no decides desde dentro. Decide el piloto automático.
Cabeza y corazón: cuando se separan, nos desalineamos
Nos han enseñado a pensar, analizar y razonar. Y eso es valioso. El problema aparece cuando la cabeza toma el mando sin escuchar al corazón. Entonces ocurren cosas como estas: eliges lo “correcto”, pero no lo que te nutre, aguantas situaciones que ya no encajan, dices que sí cuando por dentro todo dice que no, y te exiges coherencia externa mientras pierdes coherencia interna.
La emoción no es un obstáculo para decidir bien. Es información. Funciona como una brújula interior: no te dice qué hacer exactamente, pero sí te indica si te estás acercando… o alejando de ti. Eso sí, para que una emoción pueda orientarte, primero necesita algo fundamental. Ser escuchada y nombrada.
El hábito sencillo que lo cambia todo: empieza tu diario emocional
No te hablo de escribir páginas y páginas, ni de recrearte en tu malestar. Hablo de 5 o 7 minutos al día para convertir lo que sientes en información útil. Para que puedas empezar ya te propongo este sencillo guion:
- Qué ha pasado: Un hecho concreto, sin interpretaciones.
- Qué he sentido: La emoción o emociones presentes.
- Dónde lo noto en el cuerpo: Tensión, nudo, presión, cansancio…
- Qué me estoy diciendo: El pensamiento automático.
- Qué he hecho o he evitado: Conducta.
- Qué necesito de verdad: Descanso, límites, claridad, apoyo…
- Un pequeño paso consciente: Algo posible, no heroico.
No se trata de escribir bonito. Se trata de escucharte con honestidad. Escríbelo a mano: conecta más con el mundo emocional. Elige un momento fijo. Por ejemplo, antes de dormir. Sé breve y realista: mejor poco y constante que mucho y nunca.
“No sé qué siento”: cuando la emoción no está clara
Puede que a veces abras tu diario y no sepas expresar lo que sientes de verdad. Aquí te confío algo que a mí me cambió la vida y que es clave entender: no siempre sentimos lo que creemos sentir. Muchas veces las emociones funcionan como capas. En la superficie aparece la más visible y debajo suele haber otra que nos hace sentir más vulnerables y que tendemos a tapar sin darnos cuenta.
Imagina que te irrita que una persona del trabajo no te conteste un mensaje. Piensas: “Me enfada su actitud”. Pero al profundizar descubres que lo que hay debajo es inseguridad o miedo a no ser tenida en cuenta. Cuando intentas gestionar solo el enfado, nada cambia. Cuando atiendes la emoción real, la respuesta se transforma. Ser consciente de la emoción correcta es como usar la llave adecuada: dejas de forzar la cerradura.
Para los días intensos: un mini protocolo en 4 pasos
Cuando la emoción es muy intensa y no puedes escribir con calma, estos cuatro pasos te ayudarán a no dejarte arrastrar:
- Respira: Pausa. La respiración regula directamente el sistema emocional.
- Acoge: No luches contra lo que sientes. Está ahí por una razón.
- Comprender: pregúntate ¿qué me quiere decir esta emoción? ¿qué necesito?
- Integra: ¿Qué pequeño ajuste puedo hacer hoy para cuidarme o alinearme?
Un nuevo año, una nueva relación contigo
Quizá este año no necesites proponerte ser mejor. Quizá lo que necesitas es escucharte mejor. No para hacer siempre lo que te apetece, sino para vivir y decidir con más coherencia interna. El diario emocional no te asegura una vida sin emociones difíciles. Promete algo más realista y más valioso: una vida en la que no te pierdes de ti cuando aparecen. Tal vez ese sea un bello propósito para empezar el año: aprender a usar lo que sientes como brújula… y volver a casa, poco a poco, decisión a decisión.


Newsletter PyM
La pasión por la psicología también en tu email
Únete y recibe artículos y contenidos exclusivos
Suscribiéndote aceptas la política de privacidad














