En el momento en que escribimos este artículo, el Kunsthistorisches Museum de Viena ofrece una exposición dedicada a Michaelina Wautier, una de las (muchas) artistas femeninas olvidadas por la historia. Como es habitual, la mayoría de sus obras fueron atribuidas a pintores masculinos, como, por ejemplo, su magnífico El triunfo de Baco, ejecutado entre 1655 y 1659 y cuyos excelentes estudios anatómicos hicieron pensar a los críticos que no podía ser la obra de una mujer.
En la actualidad, y como sucede con algunas de sus compañeras de oficio, Michaelina Wautier recupera el estatus de grandísima pintora barroca que nunca debió perder. Su indiscutible talento con el pincel cautivó al mismísimo archiduque de Austria, Leopoldo Guillermo, embajador en aquellos años de los Países Bajos, que estaban bajo la égida hispánica. A continuación, recordamos la figura de esta magnífica pintora barroca, Michaelina Wautier.
Breve biografía de Michaelina Wautier, la magnífica pintora barroca
Como también suele suceder con muchas artistas femeninas, sabemos muy poco de la biografía de Michaelina Wautier. Parece ser que su nombre de pila fue Michelle, que más tarde la propia artista latinizó como Michaelina. En cualquier caso, pertenecía a una familia culta, aunque no de artistas. Solo conocemos dos casos de miembros de los Wautier que se dedicaron a la pintura: Michaelina y Charles, su hermano mayor, con el que siempre estuvo muy unida.
Dos hermanos muy unidos
En 1638 fallece la madre de ambos. Como el padre, Charles, había muerto veinte años atrás, los dos hermanos se trasladan a Bruselas, para probar fortuna con su arte. Sabemos que Charles Wautier se encontraba en la ciudad flamenca en 1633, y que su hermana se unió a él hacia 1640.
En Bruselas, los Wautier alquilan una vivienda, que compartirán hasta el fin de sus días. Charles y Michaelina también trabajarán en el mismo taller, donde precisamente la joven pintora podrá practicar el dibujo de la anatomía masculina, que tanto dará que hablar en el futuro. Sin embargo, aunque ambos ejercieran como pintores, solo Charles aparece inscrito en el gremio de pintores de la ciudad.
Por supuesto, en el siglo XVII era prácticamente imposible que una mujer entrara a formar parte de un gremio de artistas. Como muchas otras, Michaelina trabajó "en la sombra", tutelada profesionalmente por su hermano. Parece ser que, como viaje de aprendizaje, los dos Wautier se trasladaron brevemente a Italia, viaje que no está suficientemente probado pero que pudo haber inspirado a los artistas. Especialmente a Michaelina, pues de esta época data su primer dibujo fechado: un hermoso torso de Ganímedes, el héroe de Troya.
Si eres mujer... pinta retratos
Uno de los pocos géneros que podía permitirse una mujer pintora era el del retrato, en el que Michaelina Wautier sobresalió especialmente. Su primer éxito en este sentido fue el retrato perdido de Andrea Cantelmo, un general italiano que estaba al servicio de la corona hispánica, y que debió pintarse hacia 1643. Conocemos cómo pudo ser la composición a partir de un grabado que del cuadro realizó Paulus Pontius, en el que se indica, por cierto, que Michaelina Wautier ejecutó el original.
Fue probablemente su hermano Charles quien le presentó a muchos de sus retratados, pues el pintor se movía por un nutrido y selecto grupo de notables de Bruselas. Tres años más tarde, Michaelina pinta el Retrato de un comandante del ejército español, probablemente Antonio Pimentel del Prado. En este excelente retrato muestra Michaelina todo su talento, al plasmar con enorme precisión no solo los detalles físicos de Pimentel, sino también su psicología, mostrada sobre todo en la mirada penetrante y analítica del soldado.

También en el terreno del autorretrato demostró ser una excelente pintora. En la misma década de 1640 se retrata ante el caballete, con el pincel en la mano y la mirada abstraída. De esta forma, Michaelina repite lo que ya hicieron sus predecesoras Sofonisba Anguissola (c. 1532-1625), Lavinia Fontana (1552-1614) y Catharina van Hemessen (1528-1567), al pintarse dignamente ejerciendo su profesión. Una verdadera declaración de intenciones.
La época de la Contrarreforma
En la Europa católica del siglo XVII, el Barroco era el vehículo esencial de la Contrarreforma. Michaelina Wautier nació en el seno de una familia católica de Mons, en el condado de Henao, y fue bautizada en la iglesia de Saint-Nicolas-en-Havrén, que seguía el rito romano. Sus principales vínculos con el poder y sus más importantes mecenas estaban en el bando católico, que en Flandes abanderaba la corona española frente a las protestantes provincias del norte.
Como vehículo de la Iglesia romana, el Barroco meridional abogaba por la representación cuidadosa de los temas religiosos, siguiendo las normas establecidas en el Concilio de Trento (siglo XVI). Michaelina Wautier cultivó el género religioso siguiendo las directrices de la Contrarreforma tridentina; algunas de sus obras más conocidas son Los desposorios místicos de santa Catalina, (1649), la Anunciación de 1659 y La educación de la Virgen (1656).
Esta última pieza, que posee una inconfundible influencia de Caravaggio, recoge asimismo algunas de las características del Barroco pictórico, como el acentuado realismo en el rostro lleno de arrugas de la anciana Santa Ana, la madre de la Virgen, o el estudio naturalista de los pliegues de los ropajes. Por otro lado, tanto en esta pintura como en Los desposorios místicos de santa Catalina algunos autores han creído ver una intencionalidad en la autora, al otorgar un gran protagonismo a los personajes femeninos por encima de los masculinos.
La Anunciación es una de las últimas composiciones religiosas que se conocen de Michaelina Wautier: está fechada en 1659, año en que finalizan súbitamente sus trabajos. No parece plausible que esta interrupción sea fruto de una muerte prematura, puesto que encontramos testimonios de que Michaelina vivió hasta 1689. ¿Por qué dejó de pintar? ¿O puede que sus obras posteriores a 1659 estén sin identificar?
El triunfo de Baco... y de Michaelina
Una de sus pinturas más famosas y que solo recientemente se le ha adjudicado es El triunfo de Baco, ejecutado entre 1655 y 1659, el año en que "dejó de pintar". Probablemente encargado por el archiduque de Austria, el lienzo fue cercenado en el siglo XVIII, por lo que parte de la composición se perdió. Actualmente, y gracias a la IA, se han podido recuperar los 40 cm mutilados, y así se expone en el Museo de Historia del Arte de Viena.

El triunfo de Baco es, sin ninguna duda, una de las obras maestras de Michaelina Wautier. La ejecución de las anatomías es perfecta, lo que demuestra, una vez más, que la pintora tuvo acceso a modelos reales, probablemente del taller de su hermano. Precisamente por esta precisión en el dibujo anatómico se creyó durante muchos años que el cuadro no había sido pintado por una mujer, puesto que, en el siglo XVII, las artistas no podían pintar desnudos del natural.
No fue ese solamente el motivo por el que la obra fue adjudicada a un artista masculino. En el muy misógino siglo XIX se creía a la mujer incapaz de crear una composición semejante, de tanta complejidad y precisión, por lo que la definitiva adjudicación a Michaelina es, una vez más, parte de su triunfo. Ella misma parece decírnoslo, pues aparece representada en la tela, con uno de los pechos desnudos, en el papel de bacante. Nos mira fijamente, casi de forma desafiante, y sonríe.


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