Aburrirse es normal. Es una emoción totalmente sana, por mucho que se empeñen en decir que debemos estar entretenidos y ocupados. El aburrimiento es lo que nos permite reflexionar, calmarnos e intimar con nosotros mismos, sin ninguna distracción.

Sin embargo, cuando el aburrimiento se convierte en nuestra principal compañera cada día, esta emoción puede llevar a la apatía, desgana y dejadez, evolucionando en problemas psicológicos.

Este fenómeno es muy común en personas mayores de 65 años, quienes acaban de jubilarse y no saben qué hacer con su tiempo libre. Hoy vamos a averiguar cómo ayudar a alguien que sufre aburrimiento en la jubilación, con varios consejos.

¿Cómo ayudar a una persona jubilada que se aburre?

La palabra “jubilación” viene del latín “iubilatio” que significa, literalmente, júbilo. De esto podemos extraer que cuando se cumple la edad de jubilación se inicia un período de alegría, disfrute personal y libertad. Ha llegado la hora de dedicarnos a nosotros mismos, y no a dedicar nuestro tiempo y energías a un trabajo que, si bien puede habernos gustado, también nos ha cansado. Ha llegado nuestro merecido descanso.

Pero la jubilación no nos inyecta alegría en vena y mágicamente estamos contentos. A diferencia de lo que su nombre indica, en la jubilación, como en cualquier otro período de nuestras vidas, podemos sentir un amplio abanico de emociones. Seguimos siendo humanos: podremos estar contentos, tristes o enfadados, entre otras muchas emociones. Sin embargo, la emoción más común y la que más problemas acarrea en los recién jubilados es el aburrimiento.

La jubilación es una situación en la que, de repente, nuestros días pierden estructura porque aquello que nos mantenía ocupados, el trabajo, ya no está. Cada trabajo es distinto, claro está, pero por regla general las personas, que perfectamente pueden llevar en el mismo empleo durante décadas, se encuentran en la situación de que de lunes a viernes tienen más de 8 horas al día vacías. ¿Qué hacer con tanto tiempo? Disponer de tanto tiempo libre conlleva nuevas oportunidades, pero también riesgos.

El aburrimiento es algo normal y saludable, pero aburrirse de forma crónica daña gravemente la salud mental. En una sociedad en la que estar ocupados y estresados es percibido como signo de triunfo y la desocupación como fracaso e inutilidad, no son pocos los jubilados que, tras dejar el empleo empiezan a deprimirse, sintiendo que su vida útil ha llegado a su fin. El primer año de jubilación es crítico pues tanto tiempo libre mal gestionado, lejos de ser una liberación, se convierte en una sentencia de muerte en vida.

Cabe decir que adaptarse a la nueva situación, en la que ya no hay horarios fijos ni obligaciones laborales, es una cuestión de actitud, pero también depende del apoyo que reciba de su entorno más cercano. Si tenemos a un padre, abuelo, tío o cualquier ser querido que se acaba de jubilar no debemos creer que él o ella ya se apañará y se encargará de aprovechar las horas muertas. Corremos el riesgo de estar condenándolo al más enfermizo tedio. Debemos ayudar a nuestro ser querido que sufre aburrimiento.

Reactivándose en esta etapa de la vida

Para ayudar a alguien que sufre aburrimiento en la jubilación lo primero que se debe hacer es descubrir cuáles son sus sueños y aficiones. Puede que tenga hasta un poco de vergüenza en decírnoslo, pero nadie en esta vida no tiene sueños incumplidos. Ya sea hacer un viaje, escribir una novela, redactar sus memorias, pintar, aprender un idioma... son muchos los “quiero pero no puedo ahora” que, por culpa del trabajo y otras obligaciones, no han podido hacer.

Muchas de estas aficiones se podrían considerar una cosa individual. Por ejemplo, no podemos aprender un idioma por él o ella, ni tampoco hacer un viaje en su nombre, pero sí que podemos acompañarlo en el camino. Si nosotros también tenemos tiempo, que seguro que sí, podemos apuntarnos a su misma afición para hacer piña y aprender juntos. No es únicamente cuestión de presionarlo un poco para que cumpla sus sueños y mate el aburrimiento, es también pasar tiempo con esa persona. Puede que todavía esté sano y ágil, pero no olvidemos que está en su último período de vida.

A muchas personas les pasa que se jubilan de su trabajo y de su vida. Como dejan atrás un período larguísimo de su vida que, perfectamente, pueden haber iniciado con 18 años, corren el riesgo de dejar absolutamente todo en la vida. Pasa que renuncian a todo tipo de responsabilidad social y personal, dejando atrás a amigos, compañeros del trabajo o, incluso, familiares. Si somos alguno de esos seres queridos debemos hacer todo lo posible para que no se pierda el contacto e insistirle en quedar, invitándole a todo tipo de planes como cenas, excursiones o, simplemente, quedar para verse.

No únicamente está bien aprender cómo ayudar a alguien que sufre aburrimiento en la jubilación, sino prevenir que pueda tener cualquier problema de salud física y mental. Animarla para dar paseos, hacer ejercicio, bailar, nadar... además de regalarle libros, motivarla para hacer sudokus, crucigramas o que intente aprender algo nuevo es fundamental para retrasar la aparición de enfermedades asociadas a la edad. No solamente el aburrimiento causa depresión, sino también las demencias y mediante el ejercicio físico y mental se pueden evitar.

Pero no debemos dejar de lado el aspecto emocional de nuestro ser querido recientemente jubilado. Todos tienen batallitas que contar que, si bien puede que las hayan dicho en el pasado, no está de más recordarlas. Escucharlo es fundamental para que se sienta querido y se entretenga contando su vida. Sus experiencias quizás no salgan en los libros de texto, pero forman parte de la historia familiar. Ya sea porque le queremos o por acto de respeto, escucharle contar sus historias es algo que todos en la familia deben hacer.

¿Cómo evitarlo?

Lo ideal es prevenir antes que curar. Tanto si somos nosotros mismos quienes estamos al borde de la jubilación como si lo está un ser querido, lo que debemos hacer es planificarla antes de que llegue. Hacer una lista de todo lo que nos gustaría hacer o que hemos intentado en el pasado pero no pudimos por el trabajo es muy recomendable, pero también debemos ser conscientes de que muchas de las cosas que pongamos en el papel acabarán descartándose.

El motivo de ello es que, por muy difícil que nos cueste reconocerlo, con 65 años hay cosas que ya no se pueden hacer de manera sostenida. Cada persona es diferente, pero la agilidad cognitiva y física no son las mismas que cuando teníamos 25 años, con lo cual debemos centrarnos en aquellas actividades que sí podamos realizar. No establecer prioridades hará que avancemos poco y nos frustremos mucho, por eso existe el dicho “quien mucho abarca poco aprieta” y a estas edades no conviene perder el tiempo.

Referencias bibliográficas:

  • Aleixandre, M. (1993). La preparación a la jubilación: análisis de las variables que posibilitan la satisfacción y su aplicación a un programa de intervención. Tesis doctoral Facultad De Psicología Universidad de Valencia.
  • Aranda, C., Pando, M. y Aldrete, M. G. (2002). Jubilación, trastornos psicológicos y redes sociales de apoyo en el adulto mayor jubilado. Revista de psiquiatría de la Facultad de Medicina, 29, 169-174.
  • Belsky, J. (2001). Psicología del envejecimiento. Madrid: Paraninfo.