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¿Mi Salud Mental depende de mí o de mis relaciones?

Los problemas psicológicos no surgen solo a partir de procesos mentales confinados a tu cabeza.

¿Mi Salud Mental depende de mí o de mis relaciones?
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Cuando una persona decide iniciar un proceso terapéutico, suele hacerlo porque algo le genera sufrimiento: Ansiedad, tristeza, inseguridad, conflictos de pareja, dificultades laborales o una sensación persistente de malestar. En esos momentos, es natural pensar que el problema está dentro de uno mismo. Después de todo, somos nosotros quienes experimentamos los pensamientos, emociones y síntomas que nos preocupan.

Sin embargo, si observamos con atención la experiencia humana, aparece una realidad más compleja. Muchas de las cosas que más nos afectan no ocurren en soledad, sino en relación con otras personas. Nos sentimos heridos por una crítica. Nos angustiamos ante la posibilidad de ser rechazados. Nos avergonzamos cuando creemos haber decepcionado a alguien. Nos sentimos solos cuando no encontramos comprensión. Incluso, gran parte de las preguntas que nos hacemos sobre nosotros mismos están atravesadas por la mirada de los demás: ¿soy suficiente?, ¿le importo a alguien?, ¿merezco ser querido?, ¿tengo un lugar en el mundo?

Esto plantea una cuestión interesante: ¿Hasta qué punto nuestros problemas son conflictos internos y hasta qué punto son problemas relacionales?

La respuesta más razonable probablemente sea que ambas dimensiones son inseparables.

La dimensión social de la salud mental

Por una parte, todos tenemos una vida interior compleja. Podemos sentir deseos contradictorios, experimentar emociones difíciles de comprender o encontrarnos atrapados en patrones que se repiten una y otra vez. A veces una parte de nosotros quiere acercarse a alguien mientras otra teme resultar herida. Queremos expresar lo que sentimos, pero al mismo tiempo tenemos miedo de las consecuencias. Buscamos intimidad, pero también independencia. La experiencia humana está llena de tensiones internas.

No obstante, esos conflictos internos rara vez aparecen de la nada, y suelen tener una historia relacional.

Nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos suele construirse a partir de las relaciones significativas que hemos tenido con otras personas. Aprendemos quiénes somos a través de las experiencias de aceptación, rechazo, reconocimiento, indiferencia, cuidado o crítica que hemos vivido a lo largo de nuestra historia.

La imagen que tenemos de nosotros mismos no surge en el vacío. Se desarrolla en diálogo con quienes nos rodean. Aquí es donde aparece una tensión fundamental que conviene no ignorar. Porque si bien los vínculos nos forman, también nos confrontan con partes propias que preferimos no ver.

Por ejemplo, una persona que teme constantemente equivocarse puede parecer extremadamente autoexigente. Sin embargo, detrás de esa exigencia suele haber una historia. Tal vez aprendió que cometer errores tenía consecuencias dolorosas. Tal vez recibió el mensaje, explícito o implícito, de que solo sería valorada si cumplía ciertas expectativas. Con el tiempo, esa dinámica deja de depender de las figuras originales y se transforma en una voz interna que continúa operando incluso cuando nadie más está presente.

Tu identidad no surge solo de tus pensamientos

Nuestra propia identidad no surge de manera completamente autónoma, sino que se construye mediante las palabras, expectativas y significados que recibimos del entorno social. Por eso, muchas de las dificultades que experimentamos no pueden entenderse únicamente como procesos individuales. Lo que hoy aparece como una crítica interna, una tendencia a evitar ciertas situaciones o una dificultad para confiar en los demás, muchas veces surgió originalmente como una forma de adaptación frente a experiencias relacionales significativas.

En ese sentido, algunos de nuestros mecanismos psicológicos más arraigados no son simples defectos o fallas personales, sino intentos de protegernos del rechazo, la vergüenza, la pérdida o el dolor emocional.

Esto no significa que seamos únicamente el producto de nuestras relaciones, pero sí, que nuestra vida psicológica se desarrolla en constante interacción con ellas. El bienestar depende tanto de nuestra capacidad para comprender nuestro mundo interior como de la posibilidad de establecer relaciones auténticas, flexibles y significativas con los demás. La separación entre lo intrapsíquico y lo relacional es, en gran medida, artificial: Aquello que ocurre dentro de nosotros suele tener una historia interpersonal, y aquello que vivimos con otros termina formando parte de nuestra experiencia más íntima.

Más allá del individualismo

Quizás uno de los problemas de nuestra época es que tendemos a pensar la salud mental de forma excesivamente individual. Vivimos en una cultura que enfatiza la autosuficiencia, el desarrollo personal y la responsabilidad individual. Con frecuencia se transmite la idea de que todo depende del trabajo que hagamos sobre nosotros mismos. Sin duda, el autoconocimiento es valioso. Comprender nuestros patrones, reconocer nuestras emociones y asumir responsabilidad por nuestras decisiones puede generar cambios importantes. Sin embargo, ningún ser humano se desarrolla completamente solo.

Necesitamos relaciones que nos permitan sentirnos vistos, escuchados y reconocidos. Necesitamos espacios donde podamos expresar aspectos vulnerables de nosotros mismos sin que eso implique perder el afecto o el respeto de quienes nos rodean. Necesitamos vínculos suficientemente seguros para explorar quiénes somos.

De hecho, una de las experiencias más reparadoras de la psicoterapia suele ser precisamente la relación terapéutica. Más allá de las técnicas específicas, muchas personas descubren algo nuevo cuando encuentran un espacio donde pueden hablar libremente, ser comprendidas y explorar aspectos de sí mismas que antes permanecían ocultos o silenciados.

Esto no elimina los conflictos intrapsíquicos. Seguimos teniendo contradicciones, deseos opuestos, temores y defensas. Pero esos conflictos se vuelven más comprensibles cuando los observamos dentro de la trama relacional en la que se originaron y continúan desarrollándose.

Alexander Schaeffer Ortúzar

Alexander Schaeffer Ortúzar

Psicólogo Clínico

Profesional verificado
Las Condes
Terapia online

Quizás la pregunta no sea si mi salud mental depende de mí o de mis relaciones. Tal vez la experiencia humana ocurre precisamente en ese espacio donde ambas cosas se encuentran. No es únicamente un asunto de equilibrio interno. También tiene que ver con la calidad de nuestros vínculos, con nuestra capacidad para establecer relaciones auténticas y con la posibilidad de sentirnos reconocidos por otros sin dejar de ser nosotros mismos.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Alexander Schaeffer Ortúzar. (2026, junio 9). ¿Mi Salud Mental depende de mí o de mis relaciones?. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/clinica/salud-mental-depende-de-mi-o-relaciones

Psicólogo clínico con formación psicodinámica y especialización en terapia Gestalt

Las Condes
Terapia online

Alexander Schaeffer Ortúzar es psicólogo clínico especializado en el trabajo con personas adultas que presentan ansiedad, depresión, trastornos de personalidad y dificultades relacionales. Su enfoque integrativo combina herramientas psicodinámicas, Gestalt, cognitivo-conductuales y del psicoanálisis relacional, adaptando cada proceso a la historia y contexto de quien consulta. Cuenta con formación en género y diversidad, además de experiencia en coaching y liderazgo organizacional. Con una trayectoria previa como ingeniero civil y cinturón negro en judo, Alexander aporta una mirada analítica, presencia corporal y disciplina al espacio terapéutico. Su trabajo se caracteriza por una escucha respetuosa, comprometida y orientada a generar cambios sostenibles.

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