Impulsividad y trastornos del estado de ánimo: ¿por qué a veces actuamos antes de pensar?

Cuándo actuar sin pensar puede estar relacionado con cambios significativos en el estado de ánimo.

Impulsividad y trastornos del estado de ánimo: ¿por qué a veces actuamos antes de pensar?

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La impulsividad no siempre es una cuestión de personalidad o falta de autocontrol. En algunos trastornos del estado de ánimo puede aumentar junto con cambios en la energía, el sueño y la forma de valorar los riesgos. Entender cuándo aparece y qué la diferencia de una decisión espontánea puede ayudar a reconocer patrones importantes.

Comprar algo que no necesitamos, enviar un mensaje del que después nos arrepentimos o aceptar un plan sin pensarlo demasiado son experiencias bastante comunes. En ocasiones, actuamos rápido porque estamos entusiasmados, enfadados, cansados o simplemente porque no todas las decisiones de nuestra vida necesitan pasar por un análisis exhaustivo. Ser espontáneo no significa necesariamente ser impulsivo, y mucho menos tener un problema psicológico.

Pero imaginemos que algo cambia. Una persona que normalmente controla sus gastos empieza a realizar compras importantes, duerme cuatro horas y asegura encontrarse perfectamente descansada, inicia varios proyectos simultáneamente y toma decisiones que semanas antes habría considerado demasiado arriesgadas. O alguien atraviesa un periodo emocional muy negativo y comienza a reaccionar de manera precipitada cada vez que el malestar se vuelve intenso. En estos casos, la impulsividad quizá no pueda entenderse separada del estado emocional en el que aparece.

La relación entre impulsividad y trastornos del estado de ánimo resulta especialmente relevante en el trastorno bipolar, aunque también se han observado alteraciones de la toma de decisiones en personas con depresión. La clave no consiste en convertir cada conducta impulsiva en una señal clínica, sino en observar el patrón completo: qué ha cambiado, durante cuánto tiempo, con qué emociones y energía aparece y qué consecuencias está produciendo.

Javier Ares Arranz

Javier Ares Arranz

Psicólogo especialista en Depresión, Ansiedad y Pareja.

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

La impulsividad es algo más que «no pensar las cosas»

En psicología, la impulsividad no describe una única capacidad. Puede referirse a actuar rápidamente sin valorar suficientemente las consecuencias, tener dificultades para frenar una respuesta ya iniciada, buscar recompensas inmediatas o tomar decisiones precipitadas cuando experimentamos emociones intensas. Por eso, dos personas pueden parecer igualmente impulsivas desde fuera y estar funcionando de maneras muy diferentes.

Esta distinción importa cuando estudiamos los trastornos del estado de ánimo. Las investigaciones utilizan tanto cuestionarios sobre tendencias habituales como tareas experimentales que evalúan inhibición de respuestas, tolerancia a la demora, toma de decisiones o comportamiento ante el riesgo. Y los resultados no siempre coinciden entre unas medidas y otras. En un estudio publicado en Brain and Behavior, por ejemplo, personas con trastorno bipolar y depresión mayor mostraron diferencias en algunos componentes de impulsividad y decisión respecto a controles, pero no en todos los indicadores evaluados.

Por tanto, decir simplemente que alguien «es impulsivo» aporta poca información. Resulta mucho más útil preguntar cuándo ocurre, qué estaba sintiendo, qué recompensa buscaba y si esa forma de actuar representa un cambio respecto a su comportamiento habitual.

Manía e hipomanía: cuando también cambia nuestra percepción del riesgo

La impulsividad adquiere una importancia especial durante los episodios maníacos e hipomaníacos del trastorno bipolar. Estos episodios no consisten simplemente en estar de buen humor. Implican un cambio definido respecto al funcionamiento habitual que puede incluir aumento de energía y actividad, menor necesidad de dormir, pensamientos acelerados, mayor facilidad para hablar, irritabilidad o una sensación inusual de capacidad y confianza.

En ese contexto pueden aparecer decisiones que normalmente habrían despertado más cautela: gastar grandes cantidades de dinero, asumir proyectos poco realistas, conducir de forma arriesgada, incrementar de manera marcada la actividad sexual o involucrarse excesivamente en otras actividades gratificantes. El NIMH incluye precisamente un apetito excesivo por determinadas actividades placenteras entre las posibles manifestaciones de los episodios maníacos.

Lo importante es comprender que no estamos únicamente ante una reducción voluntaria de la prudencia. Durante un episodio puede cambiar también la manera en que la persona interpreta sus propias capacidades y las posibles consecuencias. Una inversión económica puede parecer una oportunidad extraordinaria; dormir apenas unas horas, una prueba de productividad; asumir cinco proyectos simultáneos, algo perfectamente manejable.

Por eso, una decisión que desde fuera resulta claramente arriesgada puede no sentirse de esa manera para quien la está tomando.

¿La impulsividad desaparece cuando mejora el estado de ánimo?

Aquí aparece una cuestión especialmente interesante. Si la impulsividad fuese únicamente consecuencia de la manía, esperaríamos que desapareciera completamente cuando la persona recupera un estado de ánimo estable. Sin embargo, la investigación sugiere una realidad más compleja.

Rachel Primo Santana y sus colaboradores realizaron en 2022 una revisión sistemática y metaanálisis para estudiar precisamente si la impulsividad era solamente un fenómeno asociado a los episodios o podía permanecer también durante la eutimia, el periodo en el que una persona con trastorno bipolar no presenta un episodio depresivo, maníaco o hipomaníaco activo. Encontraron que las personas con trastorno bipolar en eutimia seguían mostrando niveles superiores de impulsividad autoinformada respecto a los controles, aunque los resultados variaban según el tipo de medida utilizada.

Esto apunta a una combinación posible de estado y rasgo. Algunos componentes pueden intensificarse claramente durante determinados episodios, mientras que otros podrían constituir una vulnerabilidad más estable en algunas personas.

Pero tampoco significa que toda persona con trastorno bipolar sea permanentemente impulsiva. Las diferencias individuales son grandes y la impulsividad, por sí sola, nunca permite establecer un diagnóstico.

La depresión también puede convivir con decisiones impulsivas

Cuando imaginamos una depresión, solemos pensar en lentitud, falta de energía y dificultad para tomar decisiones. Todo ello puede ocurrir. Sin embargo, depresión e impulsividad no son fenómenos incompatibles.

Algunas investigaciones han encontrado alteraciones en diferentes aspectos de la impulsividad y la toma de decisiones tanto en personas con trastorno bipolar como con depresión mayor. En determinados casos, además, una emoción desagradable muy intensa puede favorecer respuestas precipitadas dirigidas a obtener alivio inmediato: consumir una sustancia, gastar, comer compulsivamente o actuar antes de haber podido regular aquello que se está sintiendo.

Esto resulta especialmente importante porque existen también episodios con características mixtas, en los que pueden coexistir síntomas depresivos con una activación propia de la manía o la hipomanía. El trastorno bipolar no siempre adopta una alternancia limpia entre una fase «arriba» y otra «abajo».

Por eso, observar únicamente si una persona está triste o eufórica puede dejar fuera información fundamental. Energía, sueño, velocidad del pensamiento, irritabilidad, actividad y cambios en la conducta permiten reconstruir mejor qué está ocurriendo.

Cuándo una conducta impulsiva merece más atención

Comprar algo por capricho o arrepentirse de un mensaje enviado enfadado no justifica pensar automáticamente en un trastorno del estado de ánimo. Lo que debería llamar más la atención es la aparición de un cambio sostenido y claramente diferente del funcionamiento habitual, especialmente cuando varias señales aparecen juntas.

Si durante días una persona necesita dormir mucho menos sin sentirse cansada, está extraordinariamente activa o irritable, habla o piensa mucho más rápido de lo habitual y comienza, además, a gastar, asumir riesgos o tomar decisiones inhabituales, resulta recomendable solicitar una valoración profesional. En la evaluación del trastorno bipolar se tiene en cuenta precisamente el patrón de síntomas a lo largo del tiempo, su intensidad, frecuencia y consecuencias, y no una conducta aislada.

Mientras existe una activación marcada, también puede ser útil aplazar temporalmente decisiones difíciles de revertir, mantener rutinas de sueño, limitar el acceso inmediato a grandes cantidades de dinero o contar con personas de confianza que puedan señalar cambios de conducta. Estas medidas no sustituyen el tratamiento, pero pueden reducir consecuencias mientras se busca ayuda. El tratamiento del trastorno bipolar puede combinar medicación y psicoterapia y requiere una valoración individualizada.

Si la conducta implica un riesgo grave para la propia seguridad o la de otras personas, aparecen síntomas psicóticos o existe una pérdida importante de capacidad para cuidarse, la valoración debe ser urgente.

No se trata únicamente de aprender a «controlarse»

Mirar la impulsividad desde los trastornos del estado de ánimo permite abandonar una interpretación demasiado moral de determinadas conductas. Una persona puede arrepentirse profundamente de decisiones tomadas durante un episodio y preguntarse por qué no fue capaz de «pensar mejor». Pero comprender el contexto emocional y clínico no significa eliminar la responsabilidad, sino identificar qué condiciones hicieron más difícil ejercerla.

También permite detectar cambios antes de que sus consecuencias sean mayores. Conocer qué ocurre con el sueño, la energía, la irritabilidad o la tendencia a asumir riesgos puede ayudar a algunas personas a reconocer sus señales tempranas y pedir apoyo antes de que el episodio avance.

Al final, la cuestión no es si alguna vez actuamos sin pensar. Todos lo hacemos. La pregunta verdaderamente útil es si nuestra manera de decidir ha cambiado junto con nuestro estado de ánimo hasta el punto de que ya no reconocemos del todo cómo estamos actuando. Cuando sucede así, la impulsividad deja de ser únicamente una decisión precipitada y puede convertirse en una pieza importante para comprender lo que nos está ocurriendo.

Javier Ares Arranz

Javier Ares Arranz

Psicólogo especialista en Depresión, Ansiedad y Pareja.

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

National Institute of Mental Health. (2025). «Bipolar Disorder».

Nierenberg, A. A., Agustini, B., Köhler-Forsberg, O. et al. (2023). «Diagnosis and Treatment of Bipolar Disorder: A Review». JAMA.

Ramírez-Martín, A. et al. (2024). «Impulsivity, Decision-Making, and Risk Behavior in Bipolar Disorder and Major Depression from Bipolar Multiplex Families». Brain and Behavior.

Santana, R. P., Kerr-Gaffney, J., Ancane, A. y Young, A. H. (2022). «Impulsivity in Bipolar Disorder: State or Trait?». Brain Sciences.

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Javier Ares Arranz. (2026, agosto 12). Impulsividad y trastornos del estado de ánimo: ¿por qué a veces actuamos antes de pensar?. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/psicologia/impulsividad-y-trastornos-del-estado-de-animo-por-que-a-veces-actuamos-antes-de-pensar

Psicólogo

Madrid
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Psicólogo General Sanitario con diferentes estudios de posgrado que avalan su especialización en Terapia Cognitivo Conductual y técnicas de Tercera Generación para el tratamiento de la depresión, los trastornos de ansiedad, terapia de pareja y habilidades sociales.

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