Poca gente sabe que, antes de ser santa y doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús fue vigilada estrechamente por la Inquisición. El motivo: sus ideas y conducta se parecían asombrosamente a las de otras místicas, denominadas ‘alumbradas’, que preconizaban, entre otras cosas, que el fiel podía acceder a Dios por él mismo. Una doctrina que, como podemos ver, se acercaba de forma peligrosa a lo que, al mismo tiempo, predicaba Lutero en el norte de Europa.
Pero ¿quiénes eran las alumbradas? ¿De dónde proviene su doctrina? ¿Por qué la Iglesia las persiguió sin tregua, a ellas y a sus compañeros? En el artículo de hoy te contamos la historia de las alumbradas, las mujeres místicas perseguidas por la Inquisición.
¿Quiénes eran las alumbradas?
Las alumbradas y sus compañeros, los alumbrados, surgieron a finales del siglo XV entre la élite intelectual. Se trataba de hombres y mujeres que se reunían en círculos muy selectos para discutir temas religiosos y para leer e interpretar la Biblia, en un contexto en el que un enorme y sincero deseo de renovación espiritual se había expandido por toda Europa.
Los alumbrados y alumbradas tenían en común con los protestantes del norte de Europa su deseo de acercarse directamente a los textos sagrados, sin mediación de ningún sacerdote, además de vivir más acorde con las vidas evangélicas, renunciando a la opulencia y siguiendo la castidad y la pobreza.
El movimiento no surgió de repente, ni mucho menos. Hacía siglos que la Iglesia católica estaba siendo sacudida por corrientes que preconizaban un regreso a la vida espiritual auténtica. Entre estas corrientes podemos incluir a San Francisco de Asís (c. 1181-1226), un aristócrata de vida disoluta que, después de tener una revelación, decidió abandonarlo todo y dedicarse a los pobres y a Cristo.
Esta ansia de renovación espiritual (la llamada devotio moderna) alcanzó sus cotas máximas durante los siglos XIV y XV, un período especialmente laxo para la Iglesia. El cisma de Aviñón y la opulencia en la que vivían los hombres de la Iglesia, especialmente en Roma, hizo que la cristiandad se planteara la posibilidad de un retorno a los orígenes y, por tanto, a una fe más verdadera. No hay que olvidar que uno de los motivos por los que Lutero rompió con la Iglesia oficial fue el comercio con las bulas, mediante las cuales se otorgaba el perdón divino a cambio de dinero. Un dinero que, por cierto, iba directo a financiar las obras del nuevo San Pedro del Vaticano, entre otras empresas consideradas de todo menos pías.
Las alumbradas y el largo trayecto de la mística
Otro factor importante que hay que tener en cuenta para entender el surgimiento de las alumbradas es el largo trayecto que la mística tenía en Europa. Desde la famosa Hildegarda de Bingen (1098-1179) pasando por las místicas beguinas, desde el siglo XII se observaba un movimiento espiritual protagonizado especialmente por mujeres.
Las místicas estuvieron siempre estrechamente vigiladas por la Iglesia, ya que su modo de acceder a Dios estaba revestido de una libertad que parecía sospechosa. Muchas de ellas se libraron de milagro de la acusación de herejía; la misma Hildegarda tuvo que utilizar su aguda inteligencia para poner a Bernardo de Claraval, uno de los personajes religiosos más influyentes del momento, de su lado, y obtener así una ‘carta blanca’ por parte del papa para plasmar sus visiones por escrito.
Otras místicas, como Margarita Porete (¿?- 1310) no tuvieron la misma suerte. Porete fue acusada de herejía por su obra El espejo de las almas simples, un hermoso tratado de mística en el que la iluminada muestra todos los pasos para acceder a Dios a través del Amor y la purificación. Cuando fue conminada a retractarse, Margarita se negó, y finalmente fue condenada a la hoguera el 1 de junio de 1310. Curiosamente, su obra se tradujo posteriormente al latín y fue adjudicada al eminente teólogo parisino Jean Gerson.
En suma, la aparición de las alumbradas del siglo XV obedece principalmente a dos condiciones: la primera, el contexto de la época, en el que la sed de renovación espiritual había alcanzado cotas altísimas y en toda Europa se encendía la mecha de la revolución espiritual. La segunda, ese largo camino recorrido por la mística (y, especialmente, la mística femenina) que había abonado el terreno para la aparición de la idea de que el fiel podía acceder por sí mismo a Dios.
Algunas alumbradas famosas
En ámbito hispánico, las alumbradas y los alumbrados tuvieron un foco especial en Guadalajara, en la corte de los Mendoza, en cuyo espléndido palacio se reunían. Eran frecuentes sin embargo por toda Castilla, especialmente en las ciudades más relevantes, como Valladolid o Ávila.
Es un asunto curioso que muchas de estas mujeres provenían de familias judeoconversas. No existe una explicación plausible, ya que lo más habitual era que los judeoconversos intentaran pasar desapercibidos para no llamar la atención de la Inquisición. A continuación, reseñamos algunas de las alumbradas más importantes.
Maria de Cazalla (1487- c. 1550)
Proveniente de una selecta familia judeoconversa, María de Cazalla es una de las alumbradas más conocidas. Como la mayoría de alumbrados, María simpatizaba con las ideas franciscanas de pobreza y renovación espiritual, y fue una fiel seguidora de la otra gran alumbrada, Isabel de la Cruz.
Se desconoce la mayoría de sus datos biográficos. La única certeza documental es el duro proceso inquisitorial que vivió su familia en 1559, el año en que el Santo Oficio publicó su lista de títulos prohibidos y recrudeció su vigilancia y persecución. La casa familiar de los Cazalla, en Valladolid, fue destruida, y en su lugar se levantó una lápida que rezaba: “El Santo Oficio de la Inquisición condenó a derogar y asolar estas casas que eran del Dr. Cazalla y de Dª Leonor Vibero, su mujer porque los hereges Luteranos se juntaban en ellas a hacer conventículos contra nra Stª fe católica en 21 de mayo de 1559”.
Tras la rápida extensión del luteranismo en el norte de Europa, la Iglesia identificaba toda disensión religiosa con el protestantismo. Pero, a pesar de que los alumbrados y alumbradas poseían ideas en común con los seguidores de Lutero, no eran protestantes. Sin embargo, la coincidencia de algunos conceptos, especialmente el de la devoción directa, sin intermediarios, y su fuerte crítica hacia la Iglesia oficial los hicieron entrar en el mismo saco y pagar las consecuencias.
María de Cazalla entró en prisión en 1532 y fue torturada y enjuiciada por el Santo Oficio dos años después. A pesar de que sabemos que fue finalmente absuelta, desconocemos su paradero y qué fue de ella después de su liberación. Lo que es seguro es que el año en que procesaron a su familia (1559) María de Cazalla ya había fallecido.
Isabel de la Cruz (¿?-¿?)
Si sabemos poco de María de Cazalla, de su tutora, Isabel de la Cruz, todavía sabemos menos. Se desconoce su fecha de venida al mundo y también la de su muerte, aunque su vida debió transcurrir en el siglo XVI, de forma más o menos contemporánea a María de Cazalla y sus compañeros.
Isabel de la Cruz pertenecía también a una familia judeoconversa, igual que María de Cazalla y que la mismísima Santa Teresa de Jesús. Fue procesada por la Inquisición en 1529, año en que entró en prisión perpetua. A partir de ahí, se pierde su pista, por lo que lo más probable es que falleciera encarcelada.
















