Una manera de mejorar el rendimiento deportivo. Unsplash.

A día de hoy, es evidente para cualquiera la importancia que tienen las variables psicológicas en el rendimiento y la experiencia deportiva. Que un equipo considerado “pequeño” elimine a un “grande” remontando la eliminatoria en casa de éste último es difícil de explicar desde un punto de vista técnico o físico. Que un equipo pase de coquetear con el descenso a ganar Liga, Copa y llegar a dos finales de Champions League no puede explicarse si no aludimos a algún concepto sacado de la psicología.

Los nervios, la motivación, la presión, el compañerismo… son elementos que pueden decidir un resultado, y todos ellos son susceptibles de optimizarse tras un entrenamiento mental. Uno de los más importantes es el que se basa en rutinas de concentración.

¿Qué es la concentración en el ámbito deportivo?

La concentración es la variable psicológica que implica la capacidad para mantener la atención en un estímulo concreto. En deporte, es de vital importancia para conseguir que todas nuestras habilidades y conocimientos estén disponibles para nosotros en el momento necesario. Es lo que llamamos coloquialmente “estar enchufados”.

Hay varias maneras de entrenar esta variable. Lo principal es crear situaciones artificiales que puedan requerir ponerla en práctica durante los entrenamientos, ya que las variables psicológicas son como un músculo, cuanto más las usemos más las desarrollaremos (y si dejamos de usarlas, reducirán su rendimiento).

Existen múltiples dinámicas destinadas a ejercitar la atención, pero la más básica es el clásico juego del pañuelo (cada participante tiene un número asignado y ha de correr a por un pañuelo cuando un moderador cante dicho número, compitiendo con el participante con el mismo número del equipo contrario). Las décimas de segundo que tardamos en reconocer nuestro número pueden marcar la diferencia entre conseguir o no el punto para nuestro equipo, de forma semejante a las décimas que tardamos en observar dónde hay un compañero desmarcado en un partido. La sesión puede adaptarse al deporte en cuestión sustituyendo el pañuelo por un balón de fútbol, baloncesto, etc.

Las dinámicas pueden sofisticarse con el único límite de la imaginación de cada uno, por ejemplo, dividiendo el campo en tres partes y poniendo normas diferentes en cada tercio del mismo (solo jugar al primer toque en la primera, no devolver el balón a quien me la ha pasado en la segunda, etc.). De esta forma entrenamos el músculo de la concentración, poniéndolo a punto para cuando lo necesitemos a su máximo potencial en los partidos.

Sin embargo, además de entrenar la concentración, existen estrategias destinadas a invocarla en los momentos de más necesidad (lanzar un tiro libre, un penalti, un servicio…), por la importancia de la situación o la vulnerabilidad de la misma a elementos distractores.

Rutinas de concentración

Para este fin existen las llamadas rutinas de concentración. Estas rutinas consisten en una secuencia de dos o más sencillos gestos conductuales, el último de ellos desembocando en ese estado de concentración (por ejemplo, colocarse la media izquierda, colocarse la media derecha, botar el balón y lanzar a canasta en un tiro libre).

El funcionamiento subyacente es el de asociación de estímulos, y por ello es de remarcar la importancia de la sistematicidad en el entrenamiento de estas rutinas, ya que, en los entrenamientos, es el propio deportista quien provoca ese estado de concentración después de la secuencia y, tras muchos ensayos, la secuencia terminará por asociarse con ese estado, pudiendo utilizarlo en los momentos en los que nos sea más difícil concentraros de forma voluntaria durante la competición, de forma parecida a cuando un olor nos recuerda a una persona o la canción que tenemos en nuestro despertador nos acaba provocando rechazo por sí misma si la oímos en cualquier momento del día. Los ejemplos más famosos de rutinas en deporte de élite serían las del tenista Rafa Nadal, antes de servir, o la del futbolista Cristiano Ronaldo, antes de lanzar las faltas.

Cabe destacar que una rutina no tiene por qué ser una conducta visible, sino que puede consistir en un pensamiento o frase de autodiálogo.

La capacidad para focalizar nuestra atención en cada momento del juego puede ser una variable que marque la diferencia, y las dinámicas o los entrenamientos de rutinas en psicología del deporte son un recurso que pueden significar el valor añadido entre nuestro equipo y los rivales.