Un repaso a las características del apego.

El apego es uno de los aspectos más importantes de la psicología humana. El componente emocional de los vínculos afectivos que establecemos tienen mucha influencia en nuestra manera de vivir y de desarrollarnos, tanto en nuestra vida adulta como en nuestra infancia. De hecho, las investigaciones sugieren que las formas de apego que experimentamos durante nuestros primeros años de vida dejan una importante huella en nosotros.

Por eso, comprender cómo el apego se relaciona con la crianza es muy importante.

Comprendiendo el apego: entrevista a Cristina Cortés

En esta ocasión entrevistamos a Cristina Cortés, psicóloga especializada en terapia infanto-juvenil del centro de psicología Vitaliza de Pamplona.

Suele confundirse el apego con otros términos como el amor, ¿pero qué es el apego en realidad?

Podemos considerar la teoría del apego desarrollada por John Bowlby como un intento de conceptualizar y explicar la tendencia y necesidad de los seres humanos a apegarnos, es decir, a crear lazos afectivos y al mismo tiempo, un intento de explicar el dolor emocional que se produce como consecuencia de la separación y pérdida de estas relaciones.

Según la teoría del apego, los bebés tienden a crear un lazo emocional con sus padres, vínculo que estará asociado a su seguridad en sí mismos a medida que crezcan. Un inadecuado establecimiento de ese vínculo en la infancia puede conllevar a dificultades psicológicas posteriores.

Somos seres inminentemente sociales, necesitamos el contacto del otro, de otro cerebro para desarrollar adecuadamente el nuestro. El apego viene mediado por la biología, venimos preparados genéticamente a apegarnos a nuestra madre nada más nacer. Serán la calidad y la cantidad de esas interacciones afectivas las que desarrollaran el apego y el vínculo.

Son varios los investigadores que han aportado conocimiento valioso sobre el apego, algunos tan conocidos como John Bowlby. Aunque su teoría ha sido interpretada por múltiples autores, fue uno de los primeros teóricos en poner el foco de atención la en la vinculación afectiva con nuestras figuras parentales en edades tempranas. ¿Cuándo comienza a desarrollarse el apego?

Podemos decir que los primeros lazos sociales se forman durante el embarazo y el nacimiento, que es cuando tenemos la necesidad más imperiosa de depender de los demás. Los lazos sociales se van a ir fortaleciendo durante la lactancia y las interacciones parentales desde un inicio muy temprano.

La oxitocina, la hormona del amor, o la hormona tímida, como se la conoce, media los procesos biológicos que favorecen las conductas de apego. Hormona Tímida porque solo se produce en contextos de seguridad. Por lo tanto podemos decir que la seguridad es el preámbulo del apego. Todo esto implica que hablamos de procesos biológicos y no de amor romántico.

Hace unos meses participaste en Ia “I Jornada de apego” celebrada en Pamplona. Durante tu charla hablaste de los diferentes tipos de apego. ¿Podrías explicarlos brevemente?

Si, resumiendo podemos decir que la función del apego es garantizar la seguridad del bebé y del niño. Esto implica que cuando el bebé, el niño, experimenta malestar se le atiende y se le calma. Es lo que espera cualquier bebé, que sus figuras de apego atiendan sus necesidades. En la medida que esto va ocurriendo el bebé primero y luego el niño van desarrollando los circuitos neuronales que le llevan a regular su estado de ánimo, es decir el niño va aprendiendo a calmarse a base de ser calmado.

El apego seguro será aquel en el que el niño tiene la certeza de que ocurra lo que ocurra va a ser calmado, sosegado. Tiene la fortuna de ir creciendo y desarrollando una imagen segura de sí mismo y de que puede confiar en los demás. Los padres son lo suficientemente buenos y sensibles para ver las necesidades del niño, no solo las físicas.

El apego inseguro es aquel, en el que el niño no llega a experimentar a sus cuidadores como una base segura. Esto puede deberse a que las figuras de apego tengan dificultad para conectar con las emociones, no las atiendan y se centren en la acción, evitando el contacto y contenido emocional en la interacción: modelo es conocido como apego evitativo. O bien a que los cuidadores no sean suficientemente consistentes en sus cuidados y regulación del afecto. En este caso, el niño va creciendo con la incertidumbre de si sus padres estarán ahí para él o no, a veces están y en otras ocasiones no. Este tipo es llamado apego ambivalente o preocupado.

Y en el otro extremo a la seguridad se encuentra el apego desorganizado que se produce cuando el bebé o el niño tiene cuidadores negligentes o atemorizantes que no cubren las necesidades físicas y afectivas y cuando los cuidadores son al mismo tiempo la fuente del terror. Estos cuidadores no calman al niño y así éste difícilmente alcanzara una regulación emocional saludable.

En el libro Mírame, siénteme: estrategias para la reparación del apego en niños mediante EMDR, editado por Desclèe de Brouwer, hago un recorrido por los diferentes modelos de apego. El apego seguro lo presentó a través de Eneko, el niño protagonista que nos acompaña a lo largo de todos los capítulos. Desde su gestación hasta los 7 años, los padres de Eneko se convierten en un modelo de apego seguro para los lectores.

¿Por qué es importante el apego para desarrollar una autoestima sana?

Los niños que tienen un modelo de apego seguro cuentan con padres sensibles capaces de leer sus mentes y atender sus necesidades. Unos padres así no responsabilizan a sus hijos de las rupturas de conexión que se producen en el día a día. Están siempre dispuestos a reparar las rupturas, a propiciar la reconexión. Y cuando introducen el no, las llamadas de atención y los límites, no se centran en la conducta y no desvalorizan al niño.

La autoestima es el afecto que sentimos hacia nosotros mismo y es el resultado de la imagen que hemos ido creando de nosotros mismos. Esta imagen es el reflejo de los mensajes y afecto que nos han transmitido los cuidadores cuando no sabemos hacer y somos inexpertos e inseguros.

Mucho se habla de la vinculación entre apego y bienestar, pero ¿cuál es su relación con el trauma?

Apego y regulación van de la mano. Nuestros cuidadores conforme nos calman y sosiegan nos ayudan a regularnos, a que los sistemas neuronales asociados a la regulación se vayan formando y se vayan creando esos circuitos y esa súper capacidad, como a mí me gusta llamarla. Este súper poder es muy importante cuando las cosas van mal.

Y el trauma es precisamente eso, "algo ha ido mal, muy mal". Si hablamos de trauma de apego, el trauma se ha producido en la relación con los cuidadores y la regulación ha saltado por los aires, no contamos con ella. Y si hablamos de un trauma externo, en una catástrofe por ejemplo, nuestra respuesta, nuestra capacidad de recuperación va depender de mi capacidad para regular el miedo, las emociones, la capacidad de confiar, de esperar que las cosas pueden volver a ir bien. Y curiosamente las familias que reparan y reparan sus meteduras de patas, transmiten esa fe en que las cosas tienen solución.

Un apego seguro no tiene que ver con ser un super padre o madre. Los padres perfectos no permiten crecer a sus hijos. La característica más deseable del apego seguro es saber y ser capaz de reparar, no sentirte atacado en esa relación desigual de poder entre padres e hijos.

¿De qué manera puede generar problemas en la adultez el hecho de no haber mantenido un estilo de apego positivo durante la infancia?

Según Mary Main la función evolutiva más importante del apego es la creación de un sistema mental capaz de generar representaciones mentales, sobre todo representaciones de las relaciones. Representaciones mentales que incluyen componentes afectivos, cognitivos y juegan un rol activo al guiar el comportamiento. Cómo me veo a mi, y lo que espero de los demás.

Estas representaciones mentales que las creamos en la infancia, en la interacción con las figuras de apego, las proyectamos en las futuras relaciones tanto personales como profesionales y guían nuestra interacción con los demás

Parece ser que la terapia EMDR y el Neurofeedback funcionan muy bien en estos casos. ¿Por qué?

En Vitaliza llevamos más de 14 años combinando ambas terapias, en especial resultan sinérgicas cuando se han tenido experiencias traumáticas muy tempranas ya sean de apego o no, o cuando nuestro sistema ha saltado por los aires debido a la sobrecarga de un estrés crónico mantenido a lo largo de mucho tiempo. Las dos intervenciones propician la mejoría en muchos aspectos.

El neurofeddback nos va ayudar mejorar nuestra capacidad de regulación emocional, y esta mayor regulación nos permite poder procesar el trauma. Contar con una mayor capacidad regulatoria facilita y acorta la duración de la fase de estabilización requerida para procesar el trauma, y nos permite procesar mediante EMDR las situaciones traumáticas que se activan con detonantes del presente.

¿Qué consejos darías a padres y madres preocupados por el estilo de crianza de sus pequeños? ¿Cómo pueden tener más posibilidades de mantener el equilibrio óptimo entre la protección y el hecho de dejarles libertad?

La mayoría de los padres quieren propiciar la mejor relación posible con sus hijos, y si no lo hacen mejor normalmente es porque les falta conocimiento y tiempo. La falta de tiempo y el estrés que llevamos las familias en la actualidad son incompatibles con una apego seguro, donde el tiempos se detiene y el centro de la atención es no solo el bebé sino también el niño. Los bebés, los niños y niñas necesitan y requieren una atención plena no divida con el móvil o el smartphone.

Necesitamos mirar cara a cara a nuestros hijos, sentirlos, jugar con ellos, propiciar interacciones, jugar, reír, contarles cuentos, liberarlos de las extraescolares y pasar tiempo, todo el que podamos con ellos. Que no pasen más tiempo con múltiples pantallas que con nosotros, no hay ordenador que te sienta y te sonreía.