Uno de los problemas más habituales entre quienes tienen un perfil profesional ambicioso es la sensación de haber perdido su identidad. La búsqueda constante de productividad que se "come" el tiempo libre, el estrés acumulado a causa de la constante toma de decisiones, los conflictos causados por no cultivar bien las relaciones personales... Son aspectos que van desgastando el equilibrio emocional y, si se prolongan durante mucho tiempo, hacen que el autoconcepto se vaya desvaneciendo. Cuando una persona lleva años priorizando su trabajo, llega un momento en el que echa la vista atrás y se pregunta a dónde ha ido su "Yo".
Hoy hablamos de este fenómeno con alguien que se ha especializado en abordar esta clase de problemas y que recientemente ha escrito un libro sobre ello: Irene Zamora.
Entrevista a Irene Zamora: Volver a Sentir
Irene Zamora Sauma es coach experta en Bienestar Emocional y autora de Volver a Sentir, una guía de autorregulación emocional para emprendedores y líderes que ayuda a progresar profesionalmente sin perderse a uno mismo. En esta charla con ella nos desvela algunas de las ideas principales que desarrolla en su libro.

Irene Zamora Sauma
Irene Zamora Sauma
Master En Bienestar Emocional
¿Qué experiencias personales o profesionales te llevaron a escribir Volver a Sentir y por qué consideraste que este mensaje era especialmente necesario en este momento?
Son muchas las experiencias profesionales que vienen a mi mente, porque esta sensación de desconexión es cada vez más frecuente en las personas.
Recuerdo especialmente la conversación con un cliente que tenía todo aquello que, desde muy joven, había soñado alcanzar. Había construido una carrera exitosa, ocupaba el puesto que siempre había visualizado, disfrutaba de estabilidad económica y contaba con una familia que lo apoyaba. Sin embargo, vivía con una profunda sensación de vacío que incluso le generaba culpa, porque sentía que tenía todas las razones para ser feliz y, aun así, algo faltaba.
Durante nuestro proceso descubrimos que convivía con una sensación constante de no ser suficiente. Él mismo la describía como una sombra que siempre lo acompañaba. Cuando logró reconocerla y trabajarla, comenzó a ver con mayor claridad lo que realmente necesitaba. Y cuando atendió esas necesidades internas, que no tenían nada que ver con lo económico ni con lo externo, empezó a experimentar gratitud y el disfrute. Las cosas, la búsqueda incesante de experiencias, dejaron de ser intentos de completarlo porque entendió que ya estaba completo.
A nivel personal, gran parte de mi propio camino ha consistido en soltar la voz crítica y comprender que detenerse también es necesario. No ha sido un único episodio de vida, sino varios momentos que me han invitado a mirar hacia dentro. La autoexigencia suele tener muchos tentáculos: miedo a fallar, necesidad de validación, ansiedad o la sensación de que siempre hay algo más que demostrar.
Durante años mi mente me decía: “¿Para qué preocuparte si puedes ocuparte?”. Y así seguía adelante sin detenerme. Pero hace no mucho la vida me invitó a parar, a escucharme y a descubrir el enorme regalo que existe en la aceptación. Desde ahí nació gran parte del mensaje de Volver a Sentir.
Muchas personas exitosas tienen dificultades para reconocer sus propias necesidades emocionales hasta que aparece el agotamiento o el malestar. ¿Por qué sucede esto?
Porque el malestar y la incomodidad son una de las formas que tiene nuestro cuerpo de comunicarse con nosotros cuando algo necesita atención.
Sin embargo, el cuerpo no empieza gritando. Primero susurra. Lo hace a través de emociones, pequeñas incomodidades, cansancio, irritabilidad o una sensación difícil de explicar de que algo no está bien. El problema es que muchas veces ignoramos esas señales porque estamos demasiado ocupados, distraídos o acostumbrados a funcionar en piloto automático.
Cuando dejamos de escuchar esos susurros, el cuerpo aumenta el volumen. Entonces aparecen el agotamiento, la ansiedad, el estrés crónico o incluso manifestaciones físicas más evidentes. No es que el cuerpo nos esté fallando; está intentando mostrarnos hacia dónde necesitamos dirigir la mirada.
¿Crees que vivimos en una cultura que valora tanto la productividad y tan poco la conexión con el mundo emocional?
Creo que sí, aunque también percibo un cambio esperanzador.
Durante mucho tiempo, hablar de emociones en los espacios profesionales era visto como algo secundario o incluso incómodo. Hoy, cada vez más organizaciones comprenden que el bienestar emocional no es un lujo, sino una necesidad. Han entendido que las emociones influyen en la toma de decisiones, en la comunicación, en el liderazgo y en la calidad de las relaciones.
Veo líderes y empresas mucho más receptivos a temas como la autenticidad, los valores, la compasión, la comunicación asertiva y la autorregulación emocional. Todavía queda camino por recorrer, pero me parece que estamos transitando hacia una visión más humana del éxito y del liderazgo.
¿Qué señales pueden indicar que una persona está funcionando de manera eficiente por fuera, pero desconectada de sí misma por dentro?
Una de las señales más frecuentes es la sensación persistente de que nada es suficiente. La persona logra objetivos, alcanza metas y cumple con sus responsabilidades, pero la satisfacción dura muy poco o simplemente no aparece.
También pueden aparecer el cansancio físico o mental constante, la pérdida de creatividad, la dificultad para disfrutar de aquello que antes generaba ilusión, la sensación de estar sobreviviendo más que viviendo, la rumiación mental, la disminución de las defensas del cuerpo o una sensación difusa de pérdida, aun cuando aparentemente todo marcha bien.
Desde fuera puede parecer que la vida está funcionando perfectamente. Desde dentro, sin embargo, la persona siente que ha perdido la conexión consigo misma. Muchas veces sigue resolviendo, produciendo y sosteniendo responsabilidades, pero ha dejado de escucharse. Y cuando eso ocurre durante mucho tiempo, el cuerpo y las emociones terminan encontrando la manera de llamar nuestra atención.
¿Qué diferencia existe entre simplemente intentar controlar las emociones y desarrollar una verdadera capacidad de autorregulación emocional?
Creo que una de las mayores confusiones que existen es pensar que regular las emociones significa controlarlas. Las emociones no están diseñadas para ser controladas. Son mensajeras. Cada emoción trae información valiosa para nuestra existencia. Cuando intentamos controlarlas o reprimirlas, muchas veces lo que hacemos es resistirnos a sentir, y esa resistencia suele intensificar aquello que estamos intentando evitar.
La autorregulación emocional es algo muy distinto. Implica desarrollar la capacidad de detenernos, escuchar lo que estamos sintiendo y comprender qué necesita esa emoción de nosotros. Cuando entendemos el mensaje, podemos responder de una forma más adaptativa. Las emociones no buscan quedarse para siempre. Cuando escuchamos lo que necesitan mostrarnos, dejan de tener que gritar para ser atendidas.
¿Cómo cambia el estilo de liderazgo de una persona cuando aprende a relacionarse de forma más consciente con sus emociones?
Cambia prácticamente todo.
Las personas que desarrollan una relación más consciente con sus emociones suelen convertirse en líderes con mayor capacidad de escucha, reflexión y presencia. Entienden que los desafíos forman parte natural de cualquier proceso de crecimiento y dejan de reaccionar impulsivamente ante ellos.
Son líderes que hacen más preguntas y emiten menos juicios. Que saben acompañar sin controlar. Que delegan con mayor confianza porque no sienten la necesidad de tenerlo todo bajo supervisión constante. También desarrollan relaciones interpersonales más saludables porque aprenden a responsabilizarse de sí mismos sin asumir responsabilidades que pertenecen a otros. Visibilizan a las personas, reconocen sus fortalezas, escuchan perspectivas diferentes y generan entornos donde es más seguro participar, equivocarse y aprender.
En definitiva, dejan de liderar desde el control y comienzan a liderar desde la consciencia. Y cuando una persona deja de estar en guerra consigo misma, también deja de liderar desde la exigencia hacia los demás.
¿Qué lugar ocupan prácticas como la respiración consciente, la presencia y la autoindagación en un mundo que parece exigir velocidad constante?
Para mí ocupan un lugar fundamental porque representan espacios de integración.
Me gusta utilizar la metáfora de la respiración para explicar la vida. La inhalación representa todos aquellos momentos que nos expanden: los proyectos, los aprendizajes, los logros y las oportunidades. La exhalación simboliza los desafíos, las pérdidas, los cambios y aquellos momentos de la vida que nos invitan a recogernos para integrar lo vivido.. Y entre ambas existe una pausa. Esa pausa suele pasar desapercibida, pero es donde ocurre gran parte de la integración.
Vivimos en una cultura que nos empuja constantemente hacia la siguiente tarea, el siguiente objetivo o la siguiente meta. Sin embargo, sin espacios de presencia y reflexión, terminamos acumulando experiencias sin procesarlas realmente.
La respiración consciente nos devuelve a ese espacio de pausa. Nos ayuda a volver al momento presente y a habitar con mayor consciencia cada etapa de la vida, ya sea de expansión, de contracción o de transición. Y cuando aprendemos a estar presentes, descubrimos que muchas de las respuestas que buscamos afuera ya habitan dentro de nosotros.
Si tuvieras que resumir el mensaje central de Volver a Sentir para alguien que se siente exitoso pero profundamente agotado a nivel emocional, ¿qué le dirías?
Le diría: detente un momento y escúchate.
Vivimos buscando respuestas afuera. Sin embargo, muchas veces aquello que estamos buscando no está fuera de nosotros.
La mayoría de las respuestas importantes ya viven dentro. Lo que ocurre es que el ruido, la prisa y la desconexión nos impiden escucharlas.
Volver a Sentir es una invitación a regresar a ti mismo. A recordar que el bienestar no nace de hacer más ni de convertirte en alguien diferente. Nace de la capacidad de escucharte, comprenderte y relacionarte contigo con más consciencia, compasión y autenticidad. Porque solo aquello que somos capaces de reconocer y aceptar puede transformarse. Y para aceptar, primero necesitamos detenernos a escuchar.
Muchas personas han aprendido a sostener resultados, pero no han aprendido a sostenerse a sí mismas. Tal vez el verdadero éxito no consiste en llegar más lejos, sino en poder regresar a uno mismo sin perderse en el camino.















