En un momento en el que el coronavirus parece influir en todo lo que ocurre en la sociedad a nivel internacional, los profesionales especializados en el ámbito de la psicoterapia se han visto forzados a adaptar sus métodos a las exigencias del momento. Y es que aunque muchos negocios hayan cerrado, las personas necesitan asistencia psicológica más que nunca.

Afortunadamente, la existencia de la terapia online ha hecho que esta transición al formato "a distancia" no haya sido muy brusco, ya que desde hace años ya hay muchos psicólogos que ofrecen esta modalidad de servicio. Un ejemplo de ello es Laura Migale, a quien entrevistamos en las siguientes líneas.

Entrevista a Laura Migale: la importancia de la terapia online ante el coronavirus

Laura Migale es psicóloga especializada en la orientación psicanalítica, y atiende tanto de manera online como de forma presencial en su consulta ubicada en Barcelona. En esta ocasión, nos habla sobre su experiencia ofreciendo apoyo profesional a distancia en el contexto del confinamiento por el estado de alarma ante la pandemia.

Desde tu punto de vista como profesional, ¿qué es lo que aporta la terapia online al mundo de la intervención psicológica en pacientes?

Ante todo, agradecer la oportunidad de expresar mi punto de vista que se encuadra en el marco psicoanalítico y que incorpora la modalidad online dentro de la práctica clínica. En el contexto actual, las medidas tomadas para enfrentar la pandemia han generado cambios en los encuentros entre las personas, ya sea con afectos o en áreas profesionales, el contacto físico se reduce siginificativamente y el #yomequedoencasa es ley.

Hay procesos terapéuticos que no se pueden interrumpir, por lo tanto el paciente y profesional deben acordar el método de encuentro; ambos deben estar familiarizados con las nuevas tecnologías. Y hay que tener en cuenta algo fundamental: el paciente debe disponer de un ámbito que le permita refugiarse y lograr cierto clima de confianza e intimidad.

En las actuales circunstancias es común el surgimiento de sentimientos displacenteros como la ansiedad por no saber cuándo se termina la cuarentena, la soledad, el estrés por la convivencia familiar ininterrumpida, la preocupación por la pérdida de ingresos, el miedo a la enfermedad y a la muerte, la dificultad para sobrellevar el encierro, el deseo sexual insatisfecho. Estos temores, que afloran en las conversaciones cotidianas durante la pandemia por COVID-19, se reflejan también en el intercambio entre pacientes y analistas mientras ambos intentan adaptarse a los nuevos canales de comunicación.

Pero la terapia online no sólo se utiliza en casos de pandemia. Los pacientes que viven lejos de los centros urbanos, los que viven o padecen algún tipo de reclusión, por encontrarse enfermos o impedidos, agorafóbicos o altamente ansiosos pueden ser atendidos de esta forma. La lista incluye a quienes migraron dentro o fuera del país y desean continuar su terapia con el mismo profesional.

Confieso que no es fácil recrear la situación del consultorio si uno no se encuentra en el mismo por las razones de confinamiento o eventuales horarios que exceden la agenda presencial; pero al mismo tiempo la modalidad online se convierte en la posibilidad de poder hacer la terapia que en otros momentos históricos hubiera sido imposible.

¿A día de hoy son frecuentes los casos de personas que no pueden realizar terapia online debido a sus limitaciones técnicas, como una mala conexión a Internet o un ordenador demasiado viejo?

Personalmente no he escuchado demasiadas quejas técnicas por mala conexión pero algunos pacientes no aceptaron el cambio y prefirieron, por el momento, interrumpir el tratamiento. Refieren no encontrarse cómodos con el uso de tecnologías, se sienten limitados o desadaptados provocando un corte en el devenir de su análisis que posponen hasta el encuentro presencial. Otros pacientes no aceptan esta variante porque no pueden reemplazar el cara a cara o el uso del diván que genera una situación de acompañamiento, de trabajo conjunto.

Es importante destacar que si bien no hay encuentro de los cuerpos en el mismo espacio no significa que no exista la presencia del psicoanalista. Ésta se infiere en la manera de interpretar, de operar sobre el discurso del analizante. Y afortunadamente, la terapia online ha dado muestras que es posible hacer un trabajo analítico fructífero.

¿Cuáles son los problemas psicológicos ante los que resulta más útil la terapia online?

La terapia online es una alternativa a la terapia que podemos hacer en un consultorio, y consiste en tener las sesiones a través de los nuevos medios de comunicación como por ejemplo Skype, WhatsApp, teléfono, u otros dispositivos o aplicaciones desde un lugar que resulte privado y cómodo para hablar. En una terapia online podemos tratar problemas de ansiedad, de depresión, de autoestima, problemas familiares y de pareja.

Si bien no es lo mismo el contacto humano que online podemos trabajar seriamente y con buenos resultados la mayoría de problemas psíquicos. Lo importante a destacar es que el proceso terapéutico se apoye en una teoría sólida y respetuosa de la singularidad, sin modelos estereotipados de supuesta “normalidad” y garantizando una ética profesional.

Como psicoanalista propongo el método de la asociación libre y el trabajo en transferencia para que cada paciente se autorice a tomar su palabra y tenga la posibilidad de crear un discurso propio y singular. Ser psicoanalista es estar en una posición básicamente responsable, en tanto es aquel a quien se le confía la operación de una conversión ética radical aquella que introduce al sujeto (paciente) en el orden del deseo.

¿El hecho de resultar una manera accesible de hacer terapia tiene un impacto en el compromiso que los pacientes desarrollan con esta, según tu experiencia? Por ejemplo, en lo que respecta a no saltarse sesiones.

Hay pacientes que aceptaron continuar a distancia y otros que se sienten incómodos porque no disponen de un espacio físico sin personas cerca escuchando, otros que se muestran más reacios pero en algún momento prueban y deciden continuar; algunos utilizan esto como resistencia, es decir que les costaba avanzar y cualquier motivo puede ser utilizado para hacer una pausa, y hay quienes están asustados por cómo sostendrán la economía cuando todo esto pase y prefieren no continuar con el tratamiento.

En este momento uno de los temas más serios es el económico. En muchos pacientes la angustia apunta a la incertidumbre de cómo van a vivir y con cuánto dinero, a la inestabilidad en los puestos de trabajo más que la cuestión del temor a morir por el coronavirus.

De todas maneras, sorprende como una gran mayoría de pacientes continúan sus sesiones con los temas que venían tratando antes, sus síntomas, sus angustias, sus preocupaciones previas son las que siguen apareciendo como prioridad y en algún momento hablan de la situación actual pero no como un tema central en el tratamiento.

¿Cómo suele desarrollarse la primera sesión de psicoterapia online?

En general se acuerda con el paciente los horarios y honorarios y se lo invita a decir su preferencia de medio tecnológico para el desarrollo de la primera sesión. Podemos conversar lo más conveniente para su proceso pero en mi experiencia las primeras sesiones son por videollamadas para luego sugerir o arribar por razones técnicas de timing y de escucha la llamada telefónica. En mi opinión la manera más eficaz de mantener la atención centrada en la palabra.

¿Cuáles crees que son las barreras que aún tiene que romper la terapia online para alcanzar su máximo potencial?

Las creencias de que no se trabaja igual, fantasías de falta de intimidad, y sobre todo el nivel de compromiso. Por otra parte veo una real dificultad en el trabajo con niños, trabajar por medio de entrevistas virtuales es casi imposible porque los niños se expresan a través del juego.

En el consultorio ponemos el cuerpo, jugamos con variados materiales y juguetes. Cada niño elige su juego para expresarse y contar a través de él su historia, lo que le está pasando. En estos casos es preferible tener entrevistas virtuales con los padres en caso de que lo requieran.