Aunque técnicamente el alcohol es una droga, en los países hispanohablantes es algo mucho más que eso y lleva siglos manteniendo una relevancia cultural que hace que sea casi omnipresente. Sin embargo, esta realidad no está libre de aspectos negativos; por ejemplo, hace que sea relativamente sencillo normalizar la adicción a esta sustancia. Pero... ¿Qué se puede hacer para luchar con esta faceta "invisible" del alcoholismo? Hoy hablamos de ello con uno de los principales expertos de España.
Entrevista a Bernardo Ruiz Victoria: el problema de la normalización del alcoholismo
Bernardo Ruiz Victoria es Psicólogo Clínico especialista en adicciones con más de cuatro décadas de experiencia interviniendo en trastornos adictivos. Además, dirige Programa Victoria, una forma de tratamiento adaptado a los problemas de drogadicción y alcoholismo que es aplicada en el contexto de un retiro terapéutico. En esta entrevista hablamos con él sobre el problema de la normalización del alcoholismo y qué se puede hacer al respecto.

Bernardo Ruiz Victoria
Bernardo Ruiz Victoria
Psicólogo Clínico especialista en adicciones
¿Cómo influyen la cultura del ocio y la presión social en el desarrollo de hábitos de consumo problemáticos?
El consumo de alcohol está integrado culturalmente en la vida social, en España y en muchos otros países, con lo cual aprendemos de forma natural a beber alcohol en momentos festivos, celebraciones sociales, comidas, etc.
También está muy presente en el ocio, sobre todo en las fiestas populares y en la noche, donde cada vez con más frecuencia se asocia al consumo de otras drogas adictivas, como la cocaína, con fines presuntamente “recreativos”.
Desde niños nos criamos en un entorno familiar y social donde el alcohol está presente, y al llegar a la adolescencia y empezar a tener vida social fuera de la familia, también se encuentran con mucha naturalidad otras drogas como el cannabis, la ya mencionada cocaína y muchas otras.
Esto no quiere decir que todo el que bebe alcohol en un contexto sociocultural como el nuestro acaba desarrollando una adicción, pero indudablemente favorece el consumo, teniendo en cuenta, además, que la sociedad es muy permisiva y comprensiva con la embriaguez, ya que se suele considerar parte de la fiesta. Todos estos factores contribuyen a fomentar el abuso de alcohol y, a la larga, el desarrollo de trastornos adictivos en algunas personas.
¿Por qué el consumo de alcohol está tan normalizado en nuestra sociedad, incluso cuando puede generar graves problemas de salud mental?
Es una cuestión cultural, el vino y la cerveza todavía se consideran “alimentos” en muchos casos, y la cultura española, como la mediterránea en general, desde tiempo inmemorial, integra el consumo de alcohol en la vida normal de las personas.
La conciencia de riesgo para la salud es muy baja en la mayoría de la población, aunque esto está cambiando poco a poco en las generaciones más jóvenes
¿Seguimos viviendo en una cultura en la que se romantiza el consumo de alcohol para “parecer interesante” o mostrar carácter?
Pienso que en ciertos ambientes, sí, pero en otros no. Los estudios de consumo de alcohol de los últimos años reflejan un número creciente de jóvenes que no consumen alcohol, lo cual va rompiendo poco a poco esos estereotipos, aunque por desgracia a veces aparecen ahora en relación con otras drogas adictivas.
Otra de las drogas más populares vinculadas al mundo de la noche es la cocaína. ¿Puede decirse que el uso de la cocaína y de las bebidas alcohólicas se refuerzan mutuamente?
Sin duda, hay una correlación muy alta entre ambos consumos, y muchas personas acaban creando adicción a ambas sustancias. Debido a que sus efectos sobre el sistema nervioso son contrapuestos, el alcohol es un depresor y la cocaína es un excitante, algunas personas encuentran en el consumo combinado de ambos una forma, peligrosa sin duda, de contrarrestar los efectos de la embriaguez para “aguantar” más tiempo de fiesta; o bien lo contrario, usar el alcohol como calmante para reducir la sobreexcitación causada por la cocaína.
¿Qué señales indican que un consumo “social” está empezando a convertirse en un problema?
En primer lugar yo no hablaría de consumo “social” ya que es totalmente impreciso. La primera señal de alarma es el consumo reiterado por encima de los límites de bajo riesgo establecidos por la ciencia en los últimos años, que son mucho más bajos que lo que culturalmente se considera beber poco.
Un estudio canadiense de 2023 indica que el consumo de alcohol puede considerarse como sigue:
- Bajo riesgo: 1 a 2 bebidas estándar por semana. A este nivel, el riesgo de sufrir consecuencias negativas es muy bajo.
- Riesgo moderado: 3 a 6 bebidas por semana. Aquí aumenta el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer.
- Riesgo alto: 7 o más bebidas por semana. El riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares aumenta significativamente.
Todas las entidades que velan por la salud pública han alertado en los últimos años de los riesgos asociados al consumo de alcohol, desde la primera copa. Pero aparte del aspecto puramente físico del efecto tóxico del alcohol en la salud, está el aspecto comportamental. Una persona empieza transitar por el camino de la adicción cuando empieza a beber más cantidad y más frecuentemente de lo que era su intención antes de empezar a beber.
Cuando las consecuencias negativas del abuso de alcohol se repiten una y otra vez, y la persona entra en un círculo vicioso de culpa, arrepentimiento, propósito de autocontrolarse y vuelta al abuso, estamos ante un trastorno adictivo que suele evolucionar a peor si no se detiene el consumo de forma radical.
Hay quienes creen que, como casi nunca llegan a emborracharse, mantienen su patrón de consumo “bajo control”. Sin embargo, existe el alcoholismo delta, en el que la persona consume cantidades relativamente pequeñas constantemente. ¿Este perfil es común en países como España?
Cuando una persona bebe cantidades crecientes de alcohol y no se emborracha, está desarrollando tolerancia, lo cual es un síntoma de adicción. La mayoría de personas lo interpreta erróneamente como una señal de que el alcohol no le hace daño, pero en realidad es el primer síntoma preocupante a tener en cuenta.
Cualquier persona que bebe alcohol está en riesgo de padecer problemas relacionados con la intoxicación etílica, aguda o crónica, y a desarrollar un trastorno adictivo. La clave es la cantidad y la frecuencia de consumo. Cuanto mayores sean estas variables, mayor es el riesgo asociado. Es cuestión de copas y de tiempo, dicho vulgarmente.
¿Cómo suelen variar las motivaciones detrás del consumo según avanza la adicción? Evasión emocional, búsqueda de placer, presión social…
La adicción es un proceso individual y depende de muchos factores. Las motivaciones de consumo, al principio, son muy diferentes de las que experimenta una persona que ya ha desarrollado un trastorno adictivo En algunos casos pesan más las motivaciones sociales, el deseo de formar parte de la vida social, vencer la timidez, sentirse más seguro a la hora de hablar con desconocidos, etc.
En otros casos el alcohol se usa como anestésico emocional para aliviar la ansiedad, la tristeza o para detener pensamientos perturbadores. Además, estos factores van cambiando con el tiempo a medida que el trastorno adictivo se va desarrollando.
¿Qué papel juega el malestar emocional o psicológico en el desarrollo y mantenimiento de una adicción al alcohol?
Para muchas personas acaba siendo el factor fundamental, aunque no en todos los casos. El alcohol sirve para evadirse del dolor emocional que se siente por una u otra causa, pero como no resuelve realmente los problemas sino que los aplaza, todo acaba empeorando y se crea un problema aún mayor que es la propia adicción.
Buena parte de su labor se ha centrado en dirigir el Programa Victoria de tratamiento de las adicciones. ¿Cuáles son sus características y aspectos distintivos?
El Programa Victoria es un método terapéutico original y radicalmente diferente de todos los demás. Se basa en la ciencia de la conducta adictiva y combina una serie de técnicas terapéuticas contrastadas, validadas por la investigación científica, como son las siguientes:
- Análisis funcional de la conducta adictiva
- Terapia cognitiva
- Relajación y visualización
- Psicoeducación
El formato del Programa Victoria es un retiro terapéutico de diez días. Los pacientes forman un pequeño grupo de hasta ocho personas, y todos entran en el Retiro a la vez, tras un periodo preliminar de terapia individual, y a veces familiar, para trabajar la motivación y asegurar que el paciente entra con la actitud correcta para sacar el máximo partido de la terapia.
El Retiro se realiza en un hotel, no en una clínica o centro de desintoxicación, porque ese entorno facilita un aspecto de la terapia cognitivo-conductual que es la práctica de conductas diferentes en un entorno muy parecido a la vida normal que se van a encontrar al salir.
En el hotel hay bebidas alcohólicas, que no consumimos, evidentemente, pero cuya presencia sirve para normalizar y asimilar unas nuevas pautas de conducta frente a los estímulos que anteriormente desencadenaban el deseo de consumir. QEsta parte la denominamos “terapia informal” pero es particularmente efectiva para cambiar actitudes y conductas hacia las bebidas alcohólicas y, en general, hacia todas las sustancias adictivas.
La terapia formal está estructurada en sesiones grupales e individuales en las que se van trabajando sistemáticamente los diferentes contenidos del Programa. Al ser un grupo cerrado de pacientes, sin entradas ni salidas durante el proceso, se puede seguir un orden lógico de contenidos terapéuticos, lo cual hace que el tiempo de terapia se acorte y su intensidad se multiplique.
En el retiro no hay restricciones, prohibiciones ni limitaciones. Los pacientes son conscientes de su responsabilidad y participan en las sesiones porque para eso han venido. No se les revisa el equipaje, ni se les retira el teléfono ni se limita la comunicación con sus familiares, e incluso en ocasiones con su trabajo, si fuera necesario, aunque lógicamente siempre aconsejamos mantener el máximo nivel de concentración en el programa y evitar distracciones externas.
Tras los diez días de retiro los pacientes se reincorporan a su vida profesional y familiar de inmediato. Reciben un año de seguimiento terapéutico a su propio criterio, sin obligaciones de asistir a sesiones de terapia, pero con una disponibilidad total por parte del equipo terapéutico para acompañarlos en el proceso de cambio.
¿Qué tipos de tratamiento existen actualmente para abordar el alcoholismo y otras adicciones, y qué relación tienen con el Programa Victoria?
Hay muchas opciones terapéuticas disponibles, y cada persona debe buscar la que mejor se adapte a sus circunstancias particulares.
Hay grupos de autoayuda gratuitos, como Alcohólicos Anónimos o Alcohólicos Rehabilitados, que suelen tener presencia en prácticamente todas partes. Hay terapia ambulatoria ofrecida por médicos, psiquiatras o psicólogos, algunos más especializados que otros en adicciones.
Hay centros de ingreso de larga duración, que siguen todos aproximadamente el mismo modelo de Comunidad Terapéutica, con muchos adictos en rehabilitación ejerciendo labores de monitores o terapeutas.
Hay clínicas psiquiátricas que también tratan adicciones. Y también está el Programa Victoria, que no se parece en nada a ninguno de los anteriores métodos terapéuticos.

















