Apego en pareja: cómo nuestros estilos de apego influyen en las relaciones

Cómo influyen la ansiedad, la evitación y la seguridad emocional en nuestros vínculos de pareja.

Apego en pareja: cómo nuestros estilos de apego influyen en las relaciones
¿Eres psicólogo/a?

Destaca entre toda tu competencia profesional.

Registrarse

Una persona recibe un mensaje de su pareja que dice simplemente «luego hablamos». Durante las siguientes horas imagina posibles problemas, repasa la última conversación y siente la necesidad de preguntar si todo está bien. Otra recibe exactamente el mismo mensaje y apenas piensa en ello. Y una tercera puede sentirse incómoda cuando su pareja intenta tranquilizarla demasiado porque interpreta tanta cercanía como una invasión de su espacio.

El acontecimiento es idéntico. Lo que cambia es el significado que cada persona le atribuye. En las relaciones íntimas no reaccionamos únicamente a aquello que ocurre, sino también a lo que esperamos de los demás: si creemos que estarán disponibles cuando los necesitemos, si tememos que puedan abandonarnos o si hemos aprendido que depender emocionalmente de alguien resulta peligroso. La teoría del apego ofrece uno de los marcos psicológicos más influyentes para comprender estas diferencias.

Ahora bien, hablar de apego no significa dividir a todo el mundo en cuatro cajas ni asumir que dos estilos determinados están condenados a llevarse mal. El apego adulto se entiende actualmente, sobre todo, a partir de dimensiones que pueden presentarse en grados distintos. Y cuando dos personas construyen una relación, esas tendencias individuales empiezan, además, a interactuar entre sí.

Oscar Marrero

Oscar Marrero

Psicólogo General Sanitario

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

Qué significa hablar de apego en una relación de pareja

La teoría del apego nació con los trabajos de John Bowlby sobre los vínculos entre los niños y sus cuidadores. Décadas después, Cindy Hazan y Phillip Shaver propusieron que algunos de esos principios podían utilizarse también para estudiar las relaciones románticas adultas. En 1987 publicaron uno de los trabajos fundacionales de este campo, planteando que la pareja puede convertirse en una figura a la que buscamos cuando necesitamos proximidad, apoyo o seguridad.

Esto no significa que tratemos a nuestra pareja como a un progenitor ni que las experiencias infantiles determinen inevitablemente nuestras relaciones futuras. El concepto se refiere a expectativas y estrategias desarrolladas en torno a cuestiones básicas: ¿puedo confiar en que la otra persona estará disponible?, ¿qué hago cuando percibo distancia?, ¿me resulta cómodo depender de alguien y permitir que dependa de mí?

Actualmente, buena parte de la investigación estudia el apego adulto mediante dos dimensiones principales: ansiedad de apego y evitación de apego. La primera refleja, entre otras cosas, preocupación por el abandono y necesidad intensa de confirmación. La segunda se relaciona con incomodidad ante una dependencia o intimidad excesivas.

Los diferentes estilos de apego y cómo pueden expresarse en pareja

A partir de la combinación de ansiedad y evitación pueden describirse varios patrones. Una persona con un apego relativamente seguro presenta niveles bajos en ambas dimensiones: suele sentirse cómoda con la intimidad y, al mismo tiempo, tolera cierta autonomía dentro de la relación.

Cuando predomina la ansiedad, suele hablarse de un patrón ansioso o preocupado. La persona puede estar especialmente atenta a señales de distanciamiento, necesitar confirmaciones frecuentes del vínculo o interpretar con mayor facilidad determinados comportamientos ambiguos como rechazo. Esto no significa que todas las personas con mayor ansiedad sean celosas o dependientes, sino que determinadas situaciones relacionadas con la disponibilidad de la pareja pueden activar más intensamente su sistema de apego.

Cuando predomina la evitación, hablamos de un patrón evitativo o desentendido. Aquí puede aparecer una mayor tendencia a proteger la autonomía, restar importancia a las necesidades afectivas o retirarse cuando la intimidad resulta demasiado intensa. Finalmente, el modelo de Kim Bartholomew y Leonard Horowitz describió también un patrón temeroso, caracterizado por niveles altos tanto de ansiedad como de evitación: existe deseo de cercanía, pero, al mismo tiempo, miedo a ella.

Estas categorías son prototipos. Una misma persona puede no encajar perfectamente en ninguna y mostrar comportamientos diferentes según la relación y el momento vital.

Cuando dos estilos de apego empiezan a interactuar

Aquí aparece una de las partes más interesantes. Una relación no contiene un único estilo de apego, sino al menos dos personas regulándose mutuamente.

Pensemos en una pareja en la que una persona presenta elevada ansiedad y la otra una marcada evitación. Cuando la primera percibe distancia, puede buscar más contacto, pedir explicaciones o insistir en hablar. La segunda puede experimentar precisamente ese incremento de cercanía como presión y retirarse todavía más. Esa retirada aumenta la inseguridad de la primera, que intensifica nuevamente la búsqueda de conexión. Ninguno de los dos tiene necesariamente la intención de crear el conflicto, pero sus estrategias pueden alimentar un círculo en el que cada reacción confirma el miedo del otro.

También pueden aparecer otras combinaciones. Dos personas con elevada ansiedad podrían buscar mucha confirmación mutua y experimentar determinados desacuerdos con una intensidad considerable. Dos personas muy evitativas pueden mantener altos niveles de autonomía, pero también tener dificultades para recurrir al otro cuando necesitan apoyo. En cambio, una persona relativamente segura puede responder de formas que reduzcan determinadas inseguridades de su pareja.

La investigación respalda la importancia de estas interacciones. Un metaanálisis de Octav Candel y Maria Nicoleta Turliuc reunió 132 trabajos y encontró que tanto la ansiedad como la evitación se relacionaban con una menor satisfacción de pareja, no solo para quien presentaba esos rasgos, sino también, aunque en menor medida, para su compañero o compañera. Esto muestra algo importante: en una relación, la manera de regular la cercanía de una persona también configura la experiencia de la otra.

Tener un apego inseguro no condena una relación

Uno de los problemas de la popularización del apego en redes sociales es que puede convertir una teoría psicológica en una especie de test de compatibilidad. «Soy ansioso y mi pareja es evitativa, así que nuestra relación está destinada al fracaso». La evidencia no permite hacer una afirmación así.

Un metaanálisis de Tianyuan Li y Darius Chan, basado en 73 estudios y más de 21.000 participantes, encontró que tanto la ansiedad como la evitación se asociaban con diferentes indicadores de menor calidad relacional. Sin embargo, hablamos de asociaciones promedio, no de destinos individuales. La satisfacción de una pareja depende también de la comunicación, los conflictos concretos, el apoyo, las circunstancias vitales, las expectativas, la personalidad y muchas otras variables.

Además, la relación funciona en ambas direcciones. Nickola Overall y Jeffry Simpson han revisado investigaciones que muestran que determinadas respuestas de la pareja pueden amortiguar algunas reacciones asociadas a la inseguridad de apego. Una persona ansiosa puede sentirse más segura cuando encuentra disponibilidad y consistencia; alguien con tendencias evitativas puede responder mejor cuando sus necesidades de autonomía son respetadas sin que desaparezca el apoyo.

Por tanto, no existe una combinación «perfecta». Lo decisivo es también qué hacen dos personas con sus diferencias.

El apego puede cambiar dentro de las relaciones

Otra simplificación frecuente consiste en imaginar el estilo de apego como una característica fijada durante la infancia y conservada intacta durante toda la vida. La realidad es más flexible. Aunque existen tendencias relativamente estables, las experiencias posteriores también pueden modificar nuestras expectativas sobre los demás y sobre nosotros mismos.

Una relación consistente puede proporcionar experiencias repetidas de seguridad: comprobar que podemos expresar miedo sin ser ridiculizados, pedir espacio sin provocar una ruptura o atravesar un conflicto sin que el vínculo desaparezca. Con el tiempo, estas experiencias pueden contribuir a formas más seguras de relacionarse.

El proceso contrario también es posible. Experiencias de abandono, engaño, imprevisibilidad o relaciones particularmente dañinas pueden aumentar temporalmente la inseguridad. Por eso tiene más sentido entender el apego como una combinación de disposiciones relativamente estables y experiencias relacionales que continúan evolucionando.

Cuando determinados patrones generan sufrimiento recurrente —por ejemplo, miedo intenso al abandono, conflictos constantes por la distancia emocional o una gran dificultad para intimar—, la psicoterapia puede ayudar a identificar estas dinámicas y desarrollar maneras diferentes de regularlas.

Comprender el apego sin convertirlo en una etiqueta

La teoría del apego ayuda a explicar por qué dos personas pueden vivir de maneras completamente diferentes una misma situación. Para una, unas horas de silencio pueden no significar nada; para otra, pueden activar miedo al abandono; para una tercera, demasiados mensajes pueden generar sensación de asfixia. Ninguna de estas respuestas puede comprenderse únicamente observando lo que ocurre en el presente.

Pero conocer nuestro apego no debería convertirse en una excusa —«soy evitativo, por eso desaparezco»— ni en una sentencia sobre nuestra pareja. Los estilos describen tendencias, no justifican conductas ni determinan qué relaciones pueden funcionar.

Quizá su utilidad principal sea ofrecernos un lenguaje para reconocer qué hacemos cuando sentimos que un vínculo importante está amenazado. Porque una relación no está formada únicamente por dos personas que se quieren: también contiene dos historias acerca de qué significa acercarse, confiar, necesitar y dejarse necesitar. Y esas historias pueden aprender nuevas formas de encontrarse.

Oscar Marrero

Oscar Marrero

Psicólogo General Sanitario

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

Hazan, C. y Shaver, P. (1987). «Romantic Love Conceptualized as an Attachment Process». Journal of Personality and Social Psychology.

Bartholomew, K. y Horowitz, L. M. (1991). «Attachment Styles Among Young Adults: A Test of a Four-Category Model». Journal of Personality and Social Psychology.

Li, T. y Chan, D. K. S. (2012). «How Anxious and Avoidant Attachment Affect Romantic Relationship Quality Differently: A Meta-Analytic Review». European Journal of Social Psychology.

Overall, N. C. y Simpson, J. A. (2015). «Attachment and Dyadic Regulation Processes». Current Opinion in Psychology.

Candel, O. S. y Turliuc, M. N. (2019). «Insecure Attachment and Relationship Satisfaction: A Meta-Analysis of Actor and Partner Associations». Personality and Individual Differences.

Mikulincer, M. y Shaver, P. R. (2019). «Attachment Orientations and Emotion Regulation». Current Opinion in Psychology.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Oscar Marrero. (2026, septiembre 22). Apego en pareja: cómo nuestros estilos de apego influyen en las relaciones. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/pareja/apego-en-pareja-como-nuestros-estilos-de-apego-influyen-en-las-relaciones

Psicólogo General Sanitario

Madrid

Oscar Marrero es psicólogo colegiado con enfoque integrador, adaptando cada proceso terapéutico a las necesidades, objetivos y preferencias de cada persona. Trabaja con herramientas de la terapia cognitivo-conductual, humanista y Gestalt, entre otras. Está especializado en trauma, relaciones de pareja, sexualidad y acompañamiento a personas LGTBI+. Da especial importancia al vínculo terapéutico, ofreciendo un espacio cercano, respetuoso y seguro, centrado en la escucha, el apoyo y el respeto por los límites de cada paciente.

Artículos relacionados

Artículos nuevos

Quizás te interese

Consulta a nuestros especialistas