Nadie les preparó para esto. Sí, leyeron sobre lactancia y rutinas de sueño, pero no sobre cómo se transforma la relación. Desde que nació el bebé, las conversaciones giran en torno a pañales, dinero y tareas. Y, sí, es normal que haya alegría y orgullo, pero también hay irritación y distancia.
Tal vez, con la llegada del bebé, te ha sorprendido esa sensación de “ya no eres prioridad” ni en tu vida ni en la de tu pareja o que tengas encima esa presión de tener que hacerlo todo.. y, a veces, sin el apoyo que desearías tener.
No eres la única persona que vive esto, por eso hoy queremos explicarte cómo la terapia cognitivo conductual puede ayudarles a salir del ciclo de discusiones y recuperar la complicidad.
Hablemos sin culpa sobre lo que pasa cuando llega un bebé
Tener un hijo cambia la vida por completo. Hay momentos de ternura que no se comparan con nada, y también hay días en los que se acumula el cansancio y cuesta reconocerse como pareja. Puedes amar con locura a tu bebé y, al mismo tiempo, sentir que tu relación atraviesa una etapa difícil. Las dos cosas pueden coexistir.
La rutina se transforma porque ahora casi todo gira alrededor del recién nacido. Las horas se organizan según sus necesidades y lo que antes hacían sin pensarlo ahora requiere coordinación. Ya no es tan fácil salir a caminar juntos, ver una serie abrazados o hablar sin interrupciones. Poco a poco, la conversación se llena de temas prácticos y se vacía de lo emocional.
Si eres quien dio a luz, tu cuerpo y tus emociones pasan por muchos cambios en poco tiempo. Hay recuperación física, alteraciones hormonales y una responsabilidad enorme sobre un ser que depende de ti. Eso puede generar agotamiento y también cierta sensación de soledad.
Tu pareja, por su parte, puede sentirse fuera de ese vínculo tan estrecho entre madre e hijo o hija, y no siempre sabe cómo expresar esa mezcla de amor, celos y desconcierto.
A eso se suman las opiniones externas. Familiares que aconsejan, comparaciones con otras parejas y una idea social que presenta la maternidad y la paternidad como etapas perfectas. Cuando la experiencia real no coincide con esa imagen, aparece frustración. Y claro, en ese contexto cualquier desacuerdo se vuelve más intenso.
Además, muchas veces tener un bebé hace más visibles los problemas que ya estaban en la pareja. Diferencias en la forma de comunicarse, en la gestión del dinero o en la distribución de tareas ahora pesan más porque el margen de paciencia es menor. El estrés actúa como un amplificador.
Por qué ahora discuten por casi todo
Tal vez te preguntas por qué cosas pequeñas terminan en peleas largas. No es casualidad. Hay distintos factores que afectan al mismo tiempo, entre ellos:
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Falta de sueño: dormir poco afecta el estado de ánimo y reduce la tolerancia. Cuando el cuerpo está agotado, la reacción suele ser más intensa.
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Percepción de desigualdad: si una persona siente que asume más carga, aparece resentimiento. Aunque la otra crea que está haciendo lo posible, la sensación de desequilibrio afecta bastante.
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Cambio de roles: pasar de ser pareja a ser madre o padre implica redefinir prioridades y expectativas. No todos viven esa transición al mismo ritmo.
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Interpretaciones rápidas: es común suponer lo que el otro piensa sin comprobarlo. Un silencio se interpreta como indiferencia y una demora como desinterés, y allí empiezan los problemas.
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Patrón de ataque y defensa: uno lanza una crítica, el otro se protege o responde con otra crítica, y así la conversación se enreda.
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Distancia íntima: es común que la frecuencia sexual disminuya en el primer año. Esto impacta en la cercanía emocional si no se habla abiertamente.
Además, muchas discusiones no giran en torno a tareas o dinero. En el fondo suelen esconder frases no dichas como “quiero sentir que importo” o “necesito que reconozcas mi esfuerzo”.
Cómo puede ayudar la terapia cognitivo conductual
La terapia cognitivo conductual, o TCC, trabaja sobre algo muy concreto: la relación entre lo que piensas, lo que sientes y cómo actúas. En pareja, eso puede traducirse en identificar qué ideas disparan ciertas reacciones y cómo cambiarlas para que la conversación no termine siempre igual.
Ya sabemos que muchas discusiones no surgen por falta de amor, sino por falta de herramientas, y la TCC ofrece justamente eso: herramientas claras y entrenables. También ayuda a:
1. Detectar el pensamiento que enciende la discusión
Antes de que explote el conflicto, suele haber una frase interna. Por ejemplo: “ya no le importo” o “todo depende de mí”. Aprender a reconocer esa idea es el primer paso para no reaccionar de forma automática.
2. Cuestionar las interpretaciones extremas
La mente tiende a usar palabras como “siempre” o “nunca”. La TCC invita a revisar si eso es realmente así o si se trata de una generalización. Ese simple ejercicio baja la intensidad emocional.
3. Transformar reproches en peticiones claras
En lugar de acusar, se entrena la habilidad de expresar una necesidad concreta. Decir “me gustaría que esta noche tú te encargues del bebé porque necesito descansar” genera una respuesta muy distinta a “nunca haces nada”.
4. Practicar la asertividad
Ser asertivo implica hablar desde lo que sientes sin atacar ni minimizar lo que el otro vive. Esto crea un clima más seguro para conversar.
5. Establecer pausas conscientes
Cuando notan que la charla sube de tono, pueden acordar detenerse unos minutos. Esa pausa permite regular emociones y retomar el diálogo con más calma.
6. Validar la emoción del otro
Validar no significa estar de acuerdo. Significa reconocer que lo que el otro siente tiene sentido desde su experiencia. Escuchar con esa actitud reduce la distancia.
7. Resolver problemas como equipo
La TCC propone definir el problema de forma específica, generar varias soluciones sin críticas y elegir juntos la más viable. Este método cambia la dinámica de competencia por una de cooperación.
Pequeños pasos que pueden empezar hoy
Si sienten que las discusiones se repiten, pueden probar algunos cambios sencillos en casa. Y si notan que les cuesta avanzar solos, contar con apoyo profesional puede ordenar el proceso y ofrecer una guía más estructurada. Para comenzar, pueden probar algunas de estas herramientas:
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Reserven un momento breve al día para hablar sin distracciones.
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Expresen una necesidad concreta en vez de lanzar una crítica general.
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Escriban los pensamientos que aparecen antes de discutir.
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Acuerden una señal para calmarse o tomarse una pequeña pausa cuando la tensión sube.
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Revisen el reparto de tareas y ajusten lo que no funciona.
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Busquen un espacio, aunque sea corto, solo para ustedes.
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Agradezcan de forma explícita un gesto del otro cada día.
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Eviten conversaciones sensibles cuando el cansancio es extremo.
Convertirse en madre y padre cambia el equilibrio de la relación, porque crecen las responsabilidades y se intensifica todo lo que sienten. Eso puede generar tensión, aunque también puede convertirse en un punto de crecimiento.
Si ambas partes están dispuestas a ajustar su manera de pensar y de comunicarse, pueden recuperar el trabajo en equipo y la cercanía que quieren mantener mientras su familia crece.


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