La mayoría cree que el problema es encontrar a alguien bueno. En realidad, muchas veces el problema empieza antes teniendo que decidir. Abrir veinte pestañas. Leer perfiles que dicen cosas parecidas. “Especialista en ansiedad”, “acompañamiento integral”, “enfoque personalizado”, “escucha activa”… y terminar más confundido que cuando empezaste.
Mientras tanto, sigues sintiéndote mal. Y aparece esa pregunta incómoda: ¿y si elijo mal? ¿Y si pierdo tiempo? ¿Y si gasto dinero y no funciona? No eres la única persona que llega ahí. De hecho, cuando alguien está ansioso suele buscar certezas absolutas para sentirse seguro antes de actuar. Tiene sentido: el cerebro cansado quiere garantías. El problema es que la terapia no funciona como comprar audífonos por internet donde comparas estrellas y listo.
¿Cómo elegir terapeuta?
Escoger terapeuta se parece más a elegir con quién vas a construir una conversación que quizá te cambie un poco la vida. Sí. Suena intenso. Pero un poco lo es. Entonces… ¿cómo escoger?
1. No busques al “mejor terapeuta”. Busca al más adecuado para ti.
Internet ama los rankings. El cerebro ansioso también. Pero terapia no es una competencia de quién tiene más diplomas o más seguidores. He visto personas conectar profundamente con terapeutas jóvenes y desconectarse por completo con profesionales con currículums larguísimos. Y también al revés. Pregúntate: ¿Siento que esta persona entiende el tipo de problema que tengo? ¿Me siento juzgado o comprendido cuando leo cómo trabaja? ¿Su manera de explicar las cosas me da calma o me deja más confundido? Porque, aunque suene obvio, hay terapeutas excelentes… que no son para ti.
2. Mira el enfoque (sí importa más de lo que parece)
Esto muchas veces nadie lo explica. No todas las terapias trabajan igual. Algunas están más orientadas al presente y a cambiar conductas concretas. Otras exploran más historia personal, emociones profundas, relaciones, patrones repetidos. No necesitas volverte experto. Pero sí entender una idea sencilla: dos terapeutas pueden ser muy buenos y hacer cosas completamente distintas.
Si alguien te dice “yo trabajo de manera ecléctica y uso un poco de todo”, no necesariamente es malo. Pero pregunta cómo decide qué usar y por qué. Un terapeuta no debería sonar como buffet libre (“hacemos un poquito de todo y vemos”). Debería poder explicarte una lógica.
3. Fíjate en cómo te hace sentir, pero no solo en la primera impresión
Esto es tramposo. Hay terapeutas muy cálidos que generan alivio inmediato y luego cuesta avanzar. Y hay terapeutas que al inicio incomodan un poco (porque te hacen ver cosas difíciles) pero terminan siendo muy transformadores. La pregunta no es: “¿Me sentí cómodo?” La pregunta más útil suele ser: “¿Me sentí visto?” No es igual.
4. Desconfía de las promesas demasiado rápidas
“Cura tu ansiedad en una sesión”. “Desbloquea todos tus traumas”. “Transformación total”. Bueno… ojalá fuera tan fácil. La terapia seria normalmente habla más de proceso que de milagros. Aunque sí puede haber cambios rápidos en algunas cosas. Si alguien te promete resultados universales, quizás vale la pena respirar un poco y mirar con más calma.
5. Date permiso de cambiar
Esta parte cuesta. Porque uno piensa: “ya empecé, ahora tengo que seguir”. No. A veces el terapeuta era bueno y simplemente no encajó. Cambiar no significa fracasar. Tampoco significa que la terapia no funcione. Significa que estás afinando. Como cuando pruebas lentes y descubres que el aumento era correcto, pero el marco te mareaba.
Una reflexión que me hubiera gustado escuchar antes
Después de estudiar distintos modelos y ver cómo trabajan en la práctica, me fui quedando menos impresionado por técnicas aisladas y más por enfoques que realmente ayuden a entender por qué seguimos repitiendo ciertas historias aunque sepamos que nos hacen daño. Y ahí encontré algo que, al menos para mí, terminó teniendo mucho sentido. La terapia de esquemas.
No porque sea una solución mágica ni porque sea la única buena terapia (no lo es). Sino porque me pareció una de las formas más completas de integrar emociones, historia de vida, patrones actuales y cambio conductual sin perder humanidad en el proceso. Tiene algo que me sigue gustando: no se queda solo en “piensa diferente”, sino que intenta comprender de dónde nació esa forma de sentir, protegerte o relacionarte. Quizás por eso, entre varias corrientes que he estudiado, sigue siendo una de las que más valoro. Y si estás leyendo esto porque llevas semanas pensando si empezar terapia o no… Tal vez no necesitas encontrar al terapeuta perfecto. Necesitas empezar la conversación correcta.


-medium.jpg)








