Laura tiene una larga lista de pendientes para la semana. Es lunes, así que no se preocupa demasiado: aún le quedan cinco días para terminarlo todo. Llega el martes, el miércoles, el jueves… y se encuentra con la misma pila de tareas. No sabe muy bien cómo ha pasado, pero, una vez más, ha dejado casi todo para el último día.
A Laura le ocurre lo mismo que a muchísimas personas. Según el metaanálisis del psicólogo Piers Steel (2007), entre el 80% y el 95% de los estudiantes universitarios procrastina en algún momento, y el fenómeno no se limita a las aulas.
Procrastinar no suele ser cuestión de pereza. Muchas veces aplazamos para escapar del malestar que nos provoca una tarea: aburrimiento, inseguridad, miedo a hacerlo mal. Si quieres entender a fondo este mecanismo, lo explicamos en nuestra guía sobre por qué procrastinamos. Aquí nos centramos en lo práctico: qué hacer cuando toca ponerse.
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Antes de empezar: elige según lo que te frena
No todas las técnicas sirven para todo. Si identificas qué es lo que te hace aplazar, te será más fácil elegir por dónde empezar:
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1. Divide la tarea en pasos pequeños
En qué consiste: la magnitud de una tarea puede abrumarnos hasta el punto de no saber ni por dónde empezar. Dividirla en etapas pequeñas y concretas la hace más manejable.
Cómo aplicarla: imagina que tienes que hacer la declaración de la renta. "Hacer la renta" es enorme y difuso. En cambio, puedes desglosarla así:
- Buscar la contraseña o el certificado digital.
- Descargar el borrador.
- Reunir los justificantes de gastos deducibles.
- Revisar los datos del borrador.
- Presentarla.
Cada paso es breve y tiene un final claro. Cuando uno te cueste, divídelo todavía más.
Cuándo te puede servir más: cuando la tarea es grande, nueva o no sabes muy bien cómo abordarla.
2. Prepara tu entorno
En qué consiste: el entorno influye mucho más de lo que creemos. En lugar de confiar en tu fuerza de voluntad para resistir las distracciones, se trata de ponértelas más difíciles.
Cómo aplicarla:
- Deja el móvil en otra habitación o en modo no molestar.
- Desactiva las notificaciones del ordenador.
- Usa aplicaciones que bloqueen temporalmente las redes sociales o ciertas webs.
- Ten a mano todo lo que necesitas antes de empezar, para no tener excusas para levantarte.
- Si puedes, reserva un espacio solo para trabajar o estudiar.
Cuándo te puede servir más: cuando empiezas la tarea con buena intención, pero acabas saltando de una cosa a otra.
3. Ponte metas concretas y realistas
En qué consiste: una meta vaga invita a aplazar, y una meta demasiado ambiciosa, también. Una herramienta útil es el método SMART, que propone que los objetivos sean específicos, medibles, alcanzables, relevantes y con un plazo definido.
Cómo aplicarla: compara estas dos metas:
❌ "Esta semana avanzo con el trabajo de fin de grado." ✅ "El miércoles, de 17 a 19 h, escribo el primer borrador de la introducción, aunque sea imperfecto."
La segunda te dice qué hacer, cuándo y cuándo has terminado.
Cuándo te puede servir más: cuando te bloqueas porque quieres que todo salga perfecto. Recuerda que hecho es mejor que perfecto: un borrador mejorable siempre avanza más que un texto ideal que no existe.
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4. Prueba la técnica Pomodoro
En qué consiste: este método, creado por Francesco Cirillo, propone trabajar en intervalos de 25 minutos seguidos de un descanso de 5. Tras cuatro ciclos, se hace una pausa más larga, de entre 15 y 30 minutos.
Cómo aplicarla:
- Elige una única tarea.
- Pon un temporizador de 25 minutos.
- Trabaja solo en esa tarea hasta que suene.
- Descansa 5 minutos, a poder ser lejos de la pantalla.
- Repite.
Si la tarea requiere mucha concentración, quizá te funcionen mejor bloques de 50 minutos con 10 de descanso. Lo importante es tener un final a la vista.
Cuándo te puede servir más: con tareas aburridas o largas. Saber que solo tienes que aguantar 25 minutos hace que empezar resulte menos pesado. Puede encajar peor en tareas que exigen mucha continuidad, como resolver un problema complejo; en ese caso, no pasa nada por saltarte un descanso.
5. Espera cinco minutos antes de ceder
En qué consiste: muchas veces, el impulso de dejar la tarea para después es intenso pero breve. Si no actúas sobre él de inmediato, suele perder fuerza.
Cómo aplicarla: cuando te apetezca ver una serie en lugar de estudiar, o de repente sientas la necesidad urgente de ordenar el armario, no decidas todavía. Pon una alarma de cinco minutos y espera. Solo cuando suene, decide qué hacer. Descubrirás que, en muchas ocasiones, las ganas de distraerte se han desvanecido.
Cuándo te puede servir más: cuando notas que procrastinas por impulso, casi sin darte cuenta.
6. Reserva bloques de tiempo en tu agenda
En qué consiste: tratar las tareas importantes como si fueran citas. Si está en el calendario, deja de ser algo que harás "cuando tengas un rato".
Cómo aplicarla: al principio de la semana, reserva huecos concretos para las tareas que sueles aplazar, por ejemplo "martes y jueves, de 9 a 10:30, informe trimestral". Protégelos igual que protegerías una reunión con otra persona.
Cuándo te puede servir más: cuando las tareas importantes pero no urgentes siempre acaban desplazadas por otras más inmediatas.
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7. Aplica la regla de los dos minutos
En qué consiste: esta idea, popularizada por David Allen en su método de productividad, dice que si algo lleva menos de dos minutos, conviene hacerlo en el momento.
Cómo aplicarla: responder ese correo breve, pedir cita en el médico, fregar la taza o archivar un documento. En lugar de apuntarlo en la lista, hazlo ya.
Cuándo te puede servir más: cuando tu lista de pendientes está llena de pequeñas tareas que, acumuladas, te generan sensación de agobio. Úsala con moderación: si te pasas el día resolviendo tareas de dos minutos, puedes estar evitando las importantes.
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8. Empieza por lo que más te pesa
En qué consiste: conocida como "comerse el sapo", una expresión que popularizó el autor Brian Tracy, esta técnica propone dedicar las primeras horas del día a la tarea que más te cuesta.
Cómo aplicarla: la noche anterior, decide cuál es tu tarea más temida del día siguiente. Por la mañana, empieza por ella antes de revisar el correo o las redes.
Cuándo te puede servir más: cuando una tarea concreta te acompaña todo el día como una sombra y te impide disfrutar del resto. Quitártela de encima pronto libera mucha energía mental. Si por la mañana no es tu mejor momento, adáptalo a la franja del día en la que te sientes más despejado.
9. Combina la tarea con algo agradable
En qué consiste: la investigadora Katherine Milkman estudió lo que llamó temptation bundling, algo así como "agrupar tentaciones". Consiste en permitirte algo que te gusta solo mientras haces una tarea que te cuesta.
Cómo aplicarla: escucha tu pódcast favorito solo mientras planchas, tómate tu café preferido solo mientras respondes correos pendientes o reserva cierta lista de música para las sesiones de estudio.
Cuándo te puede servir más: con tareas aburridas o repetitivas que no requieren toda tu atención.
10. Trabaja acompañado
En qué consiste: la presencia de otra persona, aunque esté haciendo algo distinto, puede ayudarte a mantener el foco y a empezar.
Cómo aplicarla:
- Queda con un amigo para estudiar juntos en una biblioteca.
- Conéctate por videollamada con un compañero y trabajad cada uno en lo vuestro.
- Comprométete con alguien a enseñarle un avance en una fecha concreta.
Cuándo te puede servir más: cuando te cuesta arrancar o cuando la tarea te genera inseguridad. Compartir el momento hace que la tarea resulte menos solitaria y más llevadera.
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No necesitas aplicarlas todas
Estas técnicas no son una lista de obligaciones. Elige una o dos que encajen con lo que te frena, pruébalas durante un par de semanas y ajusta lo que haga falta. Lo que funciona para una tarea puede no servir para otra.
Cuando consigas avanzar, date un reconocimiento, aunque sea pequeño. Te ayudará a asociar el trabajo con algo positivo. Y si un día vuelves a aplazar, no te castigues: tratarte con comprensión hace más fácil retomar la tarea al día siguiente.
Si sientes que la procrastinación es persistente, afecta de forma importante a tu vida o te genera mucho malestar, puede ser útil hablarlo con un profesional de la psicología. En nuestra guía sobre por qué procrastinamos te explicamos en qué casos conviene hacerlo.
















