John Stuart Mill fue uno de los filósofos más influyentes en el pensamiento occidental y en posterior desarrollo de la Psicología. Además de ser uno de los referentes de la última fase de la Ilustración, muchos de sus planteamientos éticos y políticos sirvieron para dar forma a los propósitos de la ciencia de la conducta y a las ideas sobre la idea de la mente.

A continuación daremos un repaso resumido a la teoría utilitarista de John Stuart Mill y su pensamiento.

¿Quién fue John Stuart Mill?

Este filósofo nació en Londres en el año 1806. Su padre, James Mill, fue uno de los amigos del filósofo Jeremy Bentham, y pronto embarcó a su hijo en un duro y exigente programa de educación para convertirlo en un intelectual. Tras dejar la universidad a causa de un colapso, se dedicó a trabajar en la Compañía de las Indias Orientales, y también a escribir.

En 1931 inició una amistad con Harriet Taylor, con la que se casaría 20 años más tarde. Harriet era una luchadora por los derechos de la mujer y su influencia se plasmó claramente en la manera de pensar de John Stuart Mill, quien como defensor de la Ilustración creía en el principio de la igualdad y su filosofía en el tema, por ello, sería equiparable al feminismo liberal que se desarrolló más tarde.

De 1865 a 1868, John Stuart Mill fue parlamentario en Londres, y desde esta posición su filosofía ganó aún más visibilidad.

La teoría de John Stuart Mill

Los aspectos principales del pensamiento de John Stuart Mill son los siguientes.

1. El mayor bien para el mayor número de personas

Stuart Mill estaba muy influido por Jeremy Bentham, un buen amigo de su familia. Si Platón creía que el bien era la verdad, Bentham era un utilitarista radical, y creía que la idea del bien equivalía a lo útil.

John Stuart Mill no llegó a los extremos de Bentham, pero sí que colocó la idea de lo útil en un lugar elevado de su sistema filosófico. A la hora de establecer qué es lo moralmente correcto, pues, estableció que hay que perseguir el mayor bien para el mayor número de personas.

2. La idea de la libertad

Con la finalidad de conseguir el objetivo anterior, las personas deben tener la libertad para establecer qué es aquello que las hace felices y les permite vivir bien. Solo de este modo es posible crear un sistema moral sin que exista una idea totalizadora e impuesta (y por consiguiente contraria a los principios de la Ilustración) de lo bueno.

3. Los límites de la libertad

Para garantizar que los proyectos personales de búsqueda de la felicidad de las personas no se solapan entre sí causando un daño injusto, es importante evitar aquello que perjudique de un modo directo al resto.

4. El sujeto soberano

Ahora bien, no es fácil distinguir entre una situación que beneficia a una persona y una en la que otra sale perdiendo. Para ello, John Stuart Mill sitúa un claro límite que no debe ser traspasado por voluntades impuestas: el propio cuerpo. Algo indudablemente malo es aquello que supone una intromisión indeseada en un cuerpo o en su salud.

Así pues, Stuart Mill establece la idea de que cada persona es soberana de su propio cuerpo y mente. Sin embargo, el cuerpo no es lo único en lo que se crea un límite que no puede ser traspasado, sino lo mínimo, lo seguro en todos los casos, independientemente del contexto. Hay otra frontera moral: la que plantea la propiedad privada. Esta es considerada una extensión del propio sujeto soberano, como el cuerpo.

5. El fixismo

El fixismo es la idea de que los seres permanecen aislados del contexto. Se trata de un concepto muy utilizado en Psicología y en filosofía de la mente, y que John Stuart Mill defendía a pesar de no utilizar esta palabra.

Básicamente, el hecho de considerar que cada persona es soberana sobre su cuerpo y mente es una manera de establecer un marco conceptual en el que el punto de partida es siempre el individuo, algo que se relaciona con lo que hay más allá de sus propiedades adueñándose de ello o negociando, ganando o perdiendo, pero no cambiando.

Esta idea se iopone totalmente, por ejemplo, con la manera conductista de entender al ser humano. Los conductistas, especialmente desde las aportaciones de B. F. Skinner a este campo, creen que cada persona es fruto de las transacciones entre estímulos (lo que perciben) y respuestas (lo que hacen). Dicho de otro modo, que no existen de un modo ajeno al contexto.

En conclusión

países occidentales de la época contemporánea. Parte de una concepción individualista del ser humano y establece que, por defecto, nada es malo si no perjudica de forma flagrante a alguien. Sin embargo, ontológicamente su concepción del ser humano resulta dualista, y es por eso que muchos psicólogos, y los conductistas especialmente, se oponen a ellas.