Hay algo que casi nadie dice en voz alta: no todas las mujeres disfrutan del embarazo. Y eso no significa que haya algo mal en ellas.
En consulta los psicólogos escuchamos muchas veces frases como: “Sé que debería estar feliz, pero no lo estoy” o “Me siento culpable porque todo el mundo me dice que es una etapa preciosa y yo solo quiero que pase”.
Hablar de esto sigue siendo incómodo porque el embarazo está muy idealizado. Pero, es necesario dar voz a todas estas vivencias de muchas mujeres.
El mito del embarazo como etapa feliz
Socialmente existe una narrativa muy fuerte sobre el embarazo como una etapa que debería ser feliz, mágica y plena. Parece que debemos disfrutarlo, emocionarnos y sentirnos agradecidas constantemente.
El problema aparece cuando esa experiencia no coincide con lo que la mujer está viviendo realmente.
Muchas mujeres sienten culpa porque creen que no están reaccionando “como deberían”. Algunas incluso llegan a preguntarse si el hecho de no disfrutar del embarazo significa que no van a ser buenas madres.
Quiero dejar claro que no disfrutar del embarazo no significa no querer a tu bebé. Se puede desear ese embarazo y, al mismo tiempo, no disfrutar del proceso físico o emocional.
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Motivos reales por los que algunas mujeres no disfrutan el embarazo
En primer lugar, los cambios físicos pueden ser difíciles de gestionar. El cansancio extremo, las náuseas constantes, los problemas de sueño o el malestar corporal pueden hacer que el día a día se convierta en un esfuerzo continuo.
Muchas mujeres también describen una sensación de pérdida de control sobre su propio cuerpo. De repente el cuerpo cambia, las sensaciones cambian y no siempre se vive como algo bonito. También puede aparecer ansiedad por la responsabilidad que viene después, miedo al parto o miedo a no estar a la altura.
En consulta, muchas mujeres dicen cosas como: “Todo el mundo me habla del bebé, pero nadie me pregunta cómo estoy yo”.
Si además existe historia previa de ansiedad, trauma o dificultades emocionales, el embarazo puede activar muchas inseguridades internas.
Cuando además hay factores invisibles
Además, de lo explicado en la sección anterior, hay situaciones en las que la ambivalencia emocional es todavía más frecuente, aunque desde fuera no siempre se entienda.
Por ejemplo, en embarazos que llegan después de procesos de infertilidad. Aquí muchas mujeres sienten que deberían estar felices, lo que hace todavía más difícil admitir que también hay miedo, cansancio o saturación emocional.
También ocurre en mujeres que han tenido pérdidas gestacionales previas. En estos casos es frecuente la hipervigilancia constante y la dificultad para relajarse emocionalmente durante el embarazo.
En mujeres neurodivergentes también puede aparecer una sobrecarga sensorial importante por los cambios corporales, las nuevas sensaciones físicas o la alteración de las rutinas.
Y hay otro perfil muy frecuente en consulta que es el de las mujeres muy autoexigentes que sienten que tienen que hacerlo todo bien incluso emocionalmente. Como si hubiera una forma “correcta de sentir”.
Pensamientos que muchas mujeres no se atreven a decir en voz alta
Hay pensamientos muy comunes que muchas mujeres tienen durante el embarazo, pero que rara vez se atreven a compartir por miedo al juicio.
Frases como:
- “Ojalá pasara rápido.”
- “No me siento conectada todavía.”
- “Siento que he perdido quién era.”
- “Todo el mundo parece feliz menos yo.”
En consulta, cuando se abre un espacio seguro, muchas mujeres sienten un enorme alivio simplemente al poder decir estas cosas sin ser juzgadas.
Y algo que suele sorprenderles es descubrir que no son las únicas que lo sienten.
Muchas veces el sufrimiento no viene solo de lo que se está viviendo, sino de pensar que una debería estar viviéndolo de otra manera.
Qué sí suele ayudar psicológicamente
Lo primero que suele ayudar es normalizar la ambivalencia emocional. Se puede sentir amor, miedo, ilusión y saturación al mismo tiempo. Las emociones no funcionan en categorías limpias. También ayuda mucho quitar la culpa. Las emociones no son decisiones morales. No se eligen. Permitir emociones contradictorias suele ser más sano que intentar forzar emociones que no están ahí.
Otro factor muy importante es tener espacios donde poder hablar sin juicio. Poder decir “esto también está siendo difícil” sin que alguien responda “pero deberías estar feliz”.
Y algo que suele ser muy reparador es entender psicológicamente lo que está pasando. Cuando una mujer entiende que sus reacciones tienen sentido dentro del contexto que está viviendo, la autoexigencia suele bajar mucho.

Iratxe López Fuentes
Iratxe López Fuentes
Psicóloga General Sanitaria en Bilbao | Ansiedad, relaciones y neurodivergencias
Termino con una frase simple, pero potente: No disfrutar del embarazo no te convierte en mala madre. Te convierte en humana. Se puede querer profundamente a un bebé y no disfrutar del proceso. Se puede estar agradecida y, al mismo tiempo, pasarlo mal. Se puede tener ilusión y también miedo.















