Arturo Espinosa, Flickr

Amado y odiado a partes iguales, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es un escritor y periodista español que cuenta, entre otras muchas distinciones, con el honor de representar una letra (o puesto vocal) en la Real Academia de la Lengua Española.

Se licenció en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Su carrera profesional empezó como corresponsal de Televisión Española en distintos conflictos bélicos alrededor del mundo, allá por el año 2003. Más tarde debutó como literato con su saga El Capitán Alatriste, que resultó un éxito sin precedentes.

Citas célebres y frases de Arturo Pérez-Reverte

En el artículo de hoy vamos a conocer más de cerca la figura de este irreverente escritor y periodista a través de las setenta mejores frases célebres de Arturo Pérez-Reverte.

Si nos hemos olvidado de alguna reflexión o pensamiento de Pérez-Reverte que merezca aparecer en esta lista, por favor apúntala en la sección de comentarios.

1. No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.

Sobre el Capitán Alatriste, un personaje que da nombre al que tal vez sea su libro más vendido.

2. Nadie debería irse sin dejar una Troya ardiendo a sus espaldas.

Ante las injusticias, mejor dejar claras las cosas y marcharse.

3. Los libros son puertas que te llevan a la calle, decía Patricia. Con ellos aprendes, te educas, viajas, sueñas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil.

Sobre la utilidad de la lectura.

4. Es agradable ser feliz, pensó. Y saberlo mientras lo eres.

Ser consciente de una vida agradable y plena multiplica la felicidad.

5. Desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.

Un buen pensador tiene muchos referentes.

6. El heroísmo ajeno siempre conmueve una barbaridad.

Una de las frases de Arturo Pérez-Reverte más recordadas.

7. El hombre..., cree ser el amante de una mujer, cuando en realidad es sólo su testigo.

Los hombres, siempre rogando a las mujeres.

8. El problema de las palabras es que, una vez echadas, no pueden volverse solas a su dueño. De modo que a veces te las vuelven en la punta de un acero.

Somos dueños y esclavos de la palabra dada.

9. En un mundo donde el horror se vende como arte, donde el arte nace ya con la pretensión de ser fotografiado, donde convivir con las imágenes del sufrimiento no tiene relación con la conciencia ni con la compasión, las fotos de guerra no sirven para nada.

Una gran perspectiva sobre la sociedad de la información.

10. Respecto a los perros, nadie que no haya convivido con ellos conocerá nunca, a fondo, hasta dónde llegan las palabras generosidad, compañía y lealtad. Nadie que no haya sentido en el brazo un hocico húmedo intentando interponerse entre el libro que estás leyendo y tú, en demanda de una caricia, o haya contemplado esa noble cabeza ladeada, esos ojos grandes, oscuros, fieles, mirar en espera de un gesto o una simple palabra, podrá entender del todo lo que me crepitó en la sangre cuando leí aquellas líneas; eso de que en las peleas de perros, el animal, si su amo está con él, lo da todo.

Una loa a los amigos canes.

11. Nos hacemos fotos, no con el objeto de recordar, sino para completarlas después con el resto de nuestras vidas. Por eso hay fotos que aciertan y fotos que no. Imágenes que el tiempo pone en su lugar, atribuyendo a unas su auténtico significado, y negando otras que se apagan solas, igual que si los colores se borraran con el tiempo.

Una gran reflexión acerca de la autenticidad (o no) que esconden las fotografías.

12. Mientras hay muerte - apuntó- hay esperanza. - ¿Es otra cita? - Es un chiste malo.

Una ironía de la pluma de Reverte.

13. Pero el tiempo pasa, y dura. Y hay un momento en que todo se estanca. Los días dejan de contarse, la esperanza se desvanece... Es entonces cuando te conviertes en prisionero real. Profesional, por decirlo de algún modo. Un prisionero paciente.

Cuando los límites de tu día a día te constriñen, es probable que te hayas convertido en un profesional, en el peor sentido de la palabra.

14. No le tolero eso. —Pues revise usted, si es tan amable, sus límites de tolerancia.

En la época de la intolerancia, alzar la voz suele ser mal visto.

15. Cuando veo todas esas camisas negras, pardas, rojas o azules, exigiendo que te afilies a esto o aquello, pienso que antes el mundo era de los ricos y ahora va a ser de los resentidos.

Una sociedad en que todos buscan revancha.

16. Todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano. Hace casi 80 años, entre 1936 y 1939, en tiempos de nuestros abuelos y bisabuelos, una espantosa guerra civil tuvo lugar en España. Causó miles de muertos, destruyó hogares, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio. Para evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca es conveniente recordar cómo ocurrió. Así, de aquella desgracia podrán extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que jamás debemos olvidar.

Una reflexión de Pérez-Reverte sobre la guerra civil española.

17. Para bien o para mal, a despecho del turco, el francés, el holandés, el inglés y la puta que los parió, España tuvo, durante un siglo y medio, bien agarrados a Europa y al mundo por las pelotas.

Sobre la patria que algún día fue grande.

18. Es la duda la que mantiene joven a la gente. La certeza es como un virus maligno. Te contagia de vejez.

Solo cuando sentimos incertidumbre nos apasionamos con las cosas.

19. Lo malo de estas cosas es que, hasta que el rabo no pasa, todo es toro.

Irónica reflexión del gran Arturo.

20. Bien mirado, el mundo ha dejado de pensar en la muerte. Creer que no vamos a morir nos hace débiles, y peores.

Intentamos alejar la muerte de nuestro pensamiento y eso solo logra el efecto contrario.

21. Había aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas.

La paciencia siempre tiene premio, si sabes gestionar la espera.

22. El mundo nunca supo tanto de sí mismo y de su naturaleza como ahora, pero no le sirve de nada. Siempre hubo maremotos, fíjese. Lo que pasa es que antes no pretendíamos tener hoteles de lujo en primera línea de playa... El hombre crea eufemismos y cortinas de humo para negar las leyes de la naturaleza. También para negar la infame condición que le es propia. Y cada despertar le cuesta los doscientos muertos de un avión que se cae, los doscientos mil de un tsunami o el millón de una guerra civil.

Sobre la ignorancia de nuestra época, a pesar de tener todos los medios para ahuyentarla.

23. ¿Alguien puede decirme qué diantre es eso? Y señaló hacia el valle con un dedo imperioso e imperial, el que había utilizado para señalar las Pirámides cuando aquello de los cuarenta siglos o -en otro orden de cosas- el catre a María Valewska.

Un fragmento de La sombra del águila.

24. Creo que en el mundo de hoy la única libertad posible es la indiferencia. Por eso seguiré viviendo con mi sable y mi caballo.

Una tendencia de moda.

25. Gracias a usted ya no puedo creer en las certidumbres de los que tienen una casa, una familia, unos amigos.

Para reflexionar.

26. ¿Y es cierto eso que dicen? ¿Que el carácter de una mujer se muestra con más sinceridad cuando baila? ―A veces. Pero no más que el de un hombre.

Interesante reflexión acerca de cómo el baile nos muestra la verdadera esencia de cada persona.

27. Una mujer perspicaz —continúa ella— adivina al pedante en la tercera frase, y es capaz de ver el talento del que guarda silencio.

Sobre el sexto sentido femenino.

28. Nada hay más despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila.

Sobre los cínicos y su modus operandi.

29. Los filósofos griegos tenían razón al decir que la guerra era la madre de todas las cosas.

De la guerra nace la paz, desgraciadamente.

30. Una mujer nunca es sólo una mujer, querido Max. Es también, y sobre todo, los hombres que tuvo, que tiene y que podría tener. Ninguna se explica sin ellos.

Influencias que vienen y van.

31. Embrutecidos en sus pequeñas miserias, sin ver más allá. Sin desear la aurora de las ideas que les liberen... Ajenos a cuanto no sea comer, beber, reñir, dormir y procrear.

Sobre los hombres de pocas luces.

32. También ésta es la historia de mi vida, pensó, o parte de ella: buscar un taxi de madrugada, oliendo a mujer o a noche perdida, sin que una cosa contradiga la otra.

Diario de un mujeriego.

33. …Pues nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.

Un crudo retrato sobre el hombre medio español.

34. Así, tras haber tenido buen número de amantes, una mujer debe considerarse afortunada si sabe convertir a alguno de ellos, el más inteligente, en un fiel y leal amigo.

Una reflexión sobre el amor desde la perspectiva de la mujer.

35. Con rusos y con mujeres nunca se sabe.

Impredecibles.

36. Era usted un buen fotógrafo porque fotografiar es encuadrar, y encuadrar es elegir y excluir. Salvar unas cosas y condenar otras. No todo el mundo puede hacer eso: erguirse juez de cuanto pasa alrededor. Nadie que ame de verdad puede dictar esa clase de sentencias.

Sobre el oficio de fotógrafo: decidir qué enseñar y qué no.

37. Y es verdad que cualquier detalle puede cambiar la vida: un camino que se toma, por ejemplo, o que se tarda en tomar a causa de una conversación, de un cigarrillo, de un recuerdo.

La importancia de los pequeños detalles y casualidades.

38. Esos hijoputas ya son difíciles como aliados, así que cuando sepan que estamos fusilando a los paisanos para que los pinte al óleo ese tipo, Goya, figúrese la que nos pueden organizar.

Irónica referencia histórica.

39. Déjennos volver a España y que cada chucho se lama su propio órgano, mesié, dicho en fino, o sea.

Dirigido a los franceses.

40. De vez en cuando el género humano necesita irse un rato al carajo. Irse bien ido, y que alguien dé un empujoncito para facilitar el viaje.

La humanidad suele dar bastante vergüenza ajena.

41. Quien sólo se interesa por los libros no necesita a nadie, y eso me da miedo.

No es de fiar quien tiene intereses tan unidimensionales.

42. ...Conocía de sobra... los motivos simples por los que un hombre con las dosis adecuadas de fanatismo, rencor o ánimo de lucro mercenario podía matar indiscriminadamente.

Sus relatos desde la guerra.

43. El hombre tortura y mata porque es lo suyo. Le gusta.

Desde luego, siglos y siglos atestiguan este hecho.

44. Estoy harto de este matasiete de salón, con su cordón rojo y su desvergüenza camuflada tras una seca cortesía que a nadie engaña. Si me anda buscando, es hora de que me encuentre.

Valiente ante las embestidas.

45. Sólo un Estado organizado y fuerte, protector de sus artistas, pensadores y científicos, es capaz de proveer el progreso material y moral de una nación... Y ése no es nuestro caso.

No es el caso de España, precisamente.

46. No me digan que no es vergonzoso para la especie humana haber medido la distancia de la Tierra al Sol, haber pesado todos los planetas cercanos, y no haber descubierto las leyes fecundas que hacen la felicidad de los pueblos.

En ocasiones, la ciencia se nos come.

47. Hoy digo Bringas algo en lo que convengo: no son los tiranos lo que hacen a los esclavos, sino éstos quienes hacen a los tiranos. - Con un agravante, querido amigo... En los tiempos de oscuridad, la ignorancia del hombre era disculpable. En un siglo ilustrado como éste, resulta imperdonable.

No tiene perdón que una persona sea ignorante cuando el acceso a la información es prácticamente gratuito.

48. Sería de justicia recordar que, en tiempos de oscuridad, siempre hubo hombres buenos que lucharon por traer a sus compatriotas las luces y el progreso... Y que no faltaron quienes procuraban impedirlo.

Buenos y malos ciudadanos, en todas las épocas.

49. Doce horas en la cama, cuatro en el tocador, cinco en visitas y tres de paseo, o en el teatro.

Sobre el burgués medio.

50. En la guerra sobrevives gracias a los accidentes del terreno. Eso deja un sentido especial del paisaje. ¿No le parece?

No llegan los tiros si te cubres bien.

51. Llegamos a la costa con el resto del regimiento y los daneses y los mondieus pegados a los talones, bang-bang y todo el mundo corriendo, maricón el último.

Un breve y directo relato sobre un contexto bélico.

52. Que a perro flaco todo son pulgas, y los españoles no necesitamos a nadie para arruinarnos, pues siempre dominamos bien sobrados el finibusterre de hacerlo solos.

Expertos en cavarnos nuestra propia tumba.

53. Pues, desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza.

Las personas inteligentes nacidas en España suelen tener un mal destino.

54. Me llamo Boris Balkan y una vez traduje La Cartuja de Parma. Por lo demás, las críticas y recensiones que escribo salen en suplementos y revistas de media Europa, organizo cursos sobre escritores contemporáneos en las universidades de verano, y tengo algunos libros editados sobre novela popular del XIX. Nada espectacular, me temo; sobre todo en estos tiempos donde los suicidios se disfrazan de homicidios, las novelas son escritas por el médico de Rogelio Ackroyd, y demasiada gente se empeña en publicar doscientas páginas sobre las apasionantes vivencias que experimenta mirándose al espejo.

Fragmento de El Club Dumas.

55. En cuanto a mí, sólo sé que no sé nada. Y cuando quiero saber busco en los libros, a los que nunca falla la memoria.

Sobre su proceso de aprendizaje constante.

56. Cambia mucho las cosas, en tal sentido, recorrer la Mancha con el Quijote en las manos, visitar Palermo habiendo leído El Gatopardo, pasear por Buenos Aires con Borges o Bioy Casares en el recuerdo, o caminar por Hisarlik sabiendo que allí hubo una ciudad llamada Troya, y que los zapatos del viajero llevan el mismo polvo por el que Aquiles arrastró el cadáver de Héctor atado a su carro.

Otro fragmento de una de sus obras.

57. Una biblioteca no es algo por leer, sino una compañía —dijo, tras dar unos pasos más—. Un remedio y un consuelo.

Oda a las bibliotecas.

58. Estoy convencida de que cada edificio, cada cuadro, cada libro antiguo que se destruye o se pierde, nos hace un poco más huérfanos. Nos empobrece.

Sobre la destrucción de la cultura.

59. Como saben, me gusta recordar viejos episodios de nuestra historia. Sobre todo si causan respeto por lo que algunos paisanos nuestros fueron capaces de hacer. O intentar. Situaciones con posible lectura paralela, de aplicación al tiempo en que vivimos. Les aseguro que es un ejercicio casi analgésico; sobre todo esos días funestos, cuando creo que la única solución serían toneladas de napalm seguidas por una repoblación de parejas mixtas compuestas, por ejemplo, de suecos y africanos. Sin embargo, cuando una de esas viejas historias viene a la memoria, concluyo que quizás no sea imprescindible el napalm. Siempre hubo aquí compatriotas capaces de hacer cosas que valen la pena, me digo. Y en alguna parte estarán todavía.

Arturo Pérez-Reverte y su interés por los hechos históricos.

60. En un mundo venal, hecho de hipocresía y falsas maneras, los poderosos, los buitres carroñeros, los envidiosos, los cobardes y los canallas suelen encubrirse unos a otros.

De igual calaña.

61. Insistir, a estas alturas, en que aprecio en general más a los perros que a los hombres es una obviedad que no remacharé demasiado. He dicho alguna vez que si la raza humana desapareciera de la faz de la tierra, ésta ganaría mucho en el cambio; mientras que sin perros sería un lugar más oscuro e insoportable. Cuestión de lealtad, supongo. Hay quien valora unas cosas y quien valora otras. Por mi parte, creo que la lealtad incondicional, a prueba de todo, es una de las pocas cosas que no pueden comprarse con retórica ni dinero. Tal vez por eso, la lealtad, en hombres o en animales, siempre me humedece un poquito las gafas de sol.

Su amor por los perros es mayor que el que profesa hacia la humanidad.

62. Así podrá instruirse y estudiar leyes para sangrar de su último maravedí a los pleiteantes; como hacen vuestras mercedes los abogados, escribanos y otras gentes de mal vivir.

El mal uso de las leyes en mano de los poderosos.

63. Después de todo, qué sería de nosotros sin nosotros mismos, pensaba. La vida es un naufragio, y cada uno echa a nadar como puede.

Genial metáfora sobre la existencia.

64. Imaginad el cuadro: sería vuestra merced tan amable de venir a la luz y destocarse, caballero, gracias, veo que sois el más rubio, permitid que os introduzca una cuarta de acero toledano en los higadillos.

Frase cargada de sarcasmo.

65. El principio es cierto: la debilidad sienta bien a una mujer, y nosotras lo sabemos. Nos interesa parecer delicadas y necesitadas del hombre.

Sacan ventaja de esa imagen desvalida, según Pérez-Reverte.

66. En la vida lo malo no es conocer, sino mostrar que se conoce.

La pedantería resta muchos puntos.

67. Cuerpo a cuerpo he de matalle donde Sevilla lo vea, en la plaza o en la calle; que al que mata y no pelea nadie puede disculparle; y gana más el que muere a traición, que el que le mata.

Un fragmento de una de sus obras.

68. Ah, bien dicho, señor. Un libertino ocupa el lugar social que otros muchos hombres no se atreven o no pueden ocupar... Les falta, o nos falta, lo que hay que tener.

Su sana envidia a los hombres de vida alegre.

69. Si no temo perder lo que poseo, ni deseo tener lo que no gozo, poco de la fortuna en mí el destrozo valdrá, cuando me elija actor o reo.

Gran frase de Arturo Pérez-Reverte para reflexionar.

70. Como acaba de leer el señor secretario, se trata de elegir entre nuestros compañeros a dos hombres buenos.

Otro fragmento de Hombres buenos.