Hablar de familias LGBTIQ+ es cada vez más habitual en medios, escuelas y conversaciones cotidianas. Aun así, crecer dentro de una de ellas puede implicar experiencias que no siempre resultan visibles para el resto.
Desde hace años distintas investigaciones, principalmente realizadas en Norteamérica y Europa, han ido observando cómo se desarrollan los hijos e hijas que crecen en familias homoparentales, y en general los resultados apuntan a que su bienestar psicológico y desempeño académico no difieren de manera significativa respecto a otros modelos familiares.
Sin embargo, el contexto social todavía puede presentar desafíos, sobre todo en etapas como la adolescencia, cuando la identidad y la pertenencia adquieren un peso especial.
Familias LGBTIQ+: avances sociales y retos actuales
En las últimas décadas ha habido cambios legales y culturales relevantes. Países que antes prohibían el matrimonio igualitario ahora lo reconocen, y cada vez más parejas del mismo sexo deciden formar familia mediante adopción, reproducción asistida o acuerdos de coparentalidad. Estos avances brindan mayor estabilidad jurídica y visibilidad social.
Pero, ojo, que la ley no elimina automáticamente los prejuicios. Aunque exista reconocimiento legal, la homofobia social puede mantenerse en distintos niveles. El caso de Obergefell v. Hodges en Estados Unidos marcó un hito al legalizar el matrimonio igualitario en todo el país. Sin embargo, estudios posteriores sobre actitudes sociales y experiencias de discriminación indican que el estigma no desaparece automáticamente con los cambios legislativos.
Formar una familia LGBTIQ+ implica planificar con detalle aspectos médicos, legales y sociales. Muchas parejas deben explicar su estructura familiar en espacios escolares o sanitarios, ya que los formularios y protocolos aún parten de modelos tradicionales. Esto puede generar cansancio o sensación de exposición constante.
Al mismo tiempo, la visibilidad ha permitido crear redes de apoyo y organizaciones específicas. Existen colectivos de hijos e hijas de padres LGBTIQ+ que ofrecen espacios propios para compartir experiencias, lo que ayuda a consolidar una identidad colectiva diferenciada pero conectada con la lucha por los derechos.
Socialización, identidad y estigma en hijos e hijas de padres LGBTIQ+
La identidad no se construye en aislamiento. Se forma en diálogo con la familia, la escuela y la cultura. En el caso de estos jóvenes, el llamado “estigma de cortesía” puede aparecer, es decir, el rechazo que reciben por su vínculo con alguien estigmatizado.
La escuela como escenario principal
Estudios longitudinales realizados en Estados Unidos con adolescentes concebidos mediante reproducción asistida en hogares lésbicos muestran que, en esas muestras, aproximadamente la mitad reportó haber vivido alguna experiencia de estigmatización, especialmente en contextos escolares. No hablamos de un fenómeno universal, pero sí frecuente.
Algunos estudios han observado que muchos no reconocen de inmediato estas vivencias como discriminación hasta que se profundiza en preguntas abiertas. Eso indica que el prejuicio puede normalizarse.
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Desarrollo psicológico y rendimiento académico
Aquí es importante detenerse. Una investigación publicada en Children and Youth Services Review sugiere que estos jóvenes no presentan desventajas en ajuste emocional ni en desempeño escolar frente a sus pares con padres heterosexuales. Incluso se han observado niveles altos de competencia social.
Es decir, la estructura familiar no determina dificultades. El problema surge cuando el entorno responde con rechazo.
Control de la visibilidad
Durante la infancia, la posibilidad de decidir a quién contar sobre la orientación sexual de los padres es limitada. La composición familiar puede ser evidente. Con la adolescencia llega mayor autonomía, y con ella la decisión de revelar o no esta información.
Algunos optan por la apertura total en contextos universitarios o más inclusivos. Otros prefieren seleccionar cuidadosamente con quién comparten detalles. Ambas opciones son válidas, ya que responden a la búsqueda de seguridad y pertenencia.
La propia orientación sexual del hijo o hija
Cuando el hijo o hija es heterosexual, puede sentirse en un punto intermedio. Puede identificarse como aliado o aliada, pero a veces debe explicar su presencia en espacios queer.
Si el hijo o hija también es parte de la comunidad LGBTIQ+, aparecen tensiones distintas. Puede surgir el temor de reforzar estereotipos sociales que afirman que “los padres influyen” en la orientación. Además, puede sentir que su identidad es evaluada bajo criterios diferentes.
Estrategias de afrontamiento frente al estigma
Frente al prejuicio, estos jóvenes desarrollan recursos variados. La investigación señala que predominan estrategias adaptativas. No siempre son sencillas, pero muestran capacidad de reflexión y acción.
1. Confrontación constructiva
Algunos adolescentes responden explicando su realidad familiar. Buscan educar al otro, ofrecer información y desmontar mitos. Esta postura requiere seguridad y apoyo previo.
2. Optimismo realista
No se trata de negar lo que ocurre, sino de mantener una visión equilibrada. Reconocen la discriminación, pero no la convierten en el centro de su identidad.
3. Transparencia estratégica
Decidir cuándo y con quién compartir información es una herramienta válida. Elegir espacios seguros protege la autoestima y reduce la exposición innecesaria.
4. Construcción de redes de apoyo
Grupos específicos de hijos e hijas de familias LGBTIQ+ permiten compartir experiencias comunes. Este tipo de espacios facilita una identidad propia diferenciada de la de sus padres.
5. Apoyo familiar explícito
El respaldo claro de madres, padres o cuidadores actúa como factor protector. Revisiones recopiladas en el proyecto What We Know de la Universidad de Cornell, que sintetiza investigaciones empíricas sobre políticas y bienestar LGBTIQ+, indican que la validación específica relacionada con orientación e identidad se asocia con mayor autoestima y menor riesgo de problemas de salud mental.
6. Participación en entornos inclusivos
Buscar escuelas, universidades o comunidades con políticas claras contra la discriminación reduce la exposición al estigma y favorece el bienestar.
Una reflexión necesaria sobre el cambio social
Si algo dejan claras las investigaciones es que el problema no nace en estas familias. Los datos no muestran déficits asociados a la crianza en hogares LGBTIQ+. Lo que genera tensión es el prejuicio externo.
Por eso, aunque las estrategias individuales ayudan, la responsabilidad no puede recaer solo en quien recibe el estigma. Las instituciones educativas tienen un papel clave en implementar programas de diversidad familiar desde edades tempranas. Las políticas públicas también influyen, ya que envían mensajes culturales sobre qué modelos familiares son legítimos.
@PROFESSIONAL(2052839)
Hablar de este tema también implica situarlo en el marco de los derechos humanos, que establecen la igualdad y la no discriminación como principios básicos independientemente de mayorías o tradiciones culturales. Las familias diversas forman parte de la realidad social contemporánea y están reconocidas en numerosos marcos legales y normativos.
Comprender esto no significa idealizar ni simplificar la experiencia. Significa asumir que la diversidad familiar es una realidad y que el bienestar infantil depende más del apoyo y el respeto social que de la orientación sexual de quienes crían.


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