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¿Quién no se ha detenido a observar con cierta envidia (¡y deseos de poder hacer lo mismo!) a un gato desperezándose, retorciéndose y estirándose lenta, meticulosa y placenteramente?

Estos felinos son auténticos maestros en el arte de estirarse, y esa maestría les permite mantener un estado de perfecta relajación, flexibilidad, alerta, fuerza y agilidad. En Tailandia existe una terapia utilizada desde hace milenios que nos permite experimentar y adentrarnos en este sentir: me refiero al masaje tailandés, también conocido como “yoga pasivo”.

Este tipo de masaje tiene sus raíces en la confluencia y fusión de distintas técnicas provenientes todas ellas de la medicina oriental: las técnicas de meditación y concentración serena propias de la filosofía budista, los remedios de fitoterapia y las posturas de yoga provenientes de la medicina ayurvédica de la India, y los puntos de acupuntura practicada en la medicina tradicional china.

La tradición del masaje tailandés

El masaje tailandés no solo es una técnica preventiva y relajante, sino que se trata realmente de una terapia médico-curativa, incluso se podría considerar como una filosofía de vida, ya que engloba a todos los ámbitos vitales del ser humano: el físico, el mental y el emocional; trabajados a través de los estiramientos, la alimentación, la meditación, la respiración plena…

Este tipo de masaje se denomina yoga pasivo porque sus orígenes entroncan con una serie de creencias muy arraigadas en Asia: tradicionalmente se ha definido como una serie de secuencias rítmicas de presiones, torsiones y estiramientos que el terapeuta realiza con sus manos, pies, rodillas, codos y brazos; con el objetivo de armonizar, restaurar y desbloquear el fluir de la energía (o Chi) que recorre 10 principales canales energéticos o meridianos Sen que se distribuyen por el cuerpo, equilibrando los 4 elementos básicos que constituyen a todo ser vivo, y cuyo bloqueo o desarmonía es causaría dolor y enfermedad. 

Estos elementos son:

  • Tierra: que conforma lo huesos, articulaciones, músculos, tendones, ligamentos… la parte sólida del cuerpo.
  • Agua: que aglutina los fluidos, la sangre y las secreciones.
  • Fuego: que regula la temperatura corporal, gobierna la digestión y el metabolismo.
  • Aire: que equilibra la respiración y la circulación sanguínea, y regula la vitalidad del cuerpo y mente.

La práctica y beneficios del yoga pasivo

Para realizar este trabajo de restauración, el terapeuta lleva al paciente (que vestido con ropa cómoda yace placenteramente en un futón), al límite de su movilidad articular a todas y cada una de las estructuras corporales, con el fin de relajar la musculatura, recuperar el espacio interarticular, equilibrar el sistema nervioso, movilizar las vísceras para su buen funcionamiento, impulsar la sangre para que irrigue adecuadamente todas las estructuras y órganos del cuerpo y agilizar la circulación linfática para depurar el organismo, otorgando una profunda sensación de relax y bienestar físico y mental, fuerza, vitalidad, flexibilidad, quietud...

Después de una sesión, que dura entre una y dos horas, tenemos la sensación de que somos más altos, de que respiramos mejor, y de que hemos mejorado en nuestra postura corporal. La mente se despeja, los músculos se relajan y aparece una sonrisa en la cara junto con un brillo especial en la mirada… ¡del mismo modo en que el gato, después de desperezarse, se encuentra plenamente alerta ante cualquier estímulo, capaz de ponerse a la carrera de un salto, manteniendo esa elegancia y equilibrio innatos en sus movimientos tan típicamente felinos!

A medio plazo, el yoga pasivo fortalece el sistema inmunológico, tonifica todo el cuerpo y relaja el sistema nervioso, equilibra las emociones, aumenta la capacidad respiratoria y la oxigenación sanguínea, fortalece los ligamentos, flexibiliza las articulaciones, activa el sistema linfático y circulatorio. Ayuda ante problemas de insomnio, estrés y fatiga crónica, dolores musculares, lumbalgias, ciáticas, dolores de cabeza, estreñimiento…

Referencias bibliográficas:

  • Chia, Maneewan y Chia, Max (2008): Nuad Thai: masaje tradicional tailandés, Gaia.
  • Plasencia, J.J. (2000): El masaje tradicional tailandés, RBA Libros.
  • Avraham, B. (2006): El masaje tailandés: manual teórico y práctico, Obelisco.