El ataque de pánico es un cuadro en la actualidad de muy alta prevalencia. Desde la perspectiva freudiana, su etiología se relaciona con las llamadas neurosis actuales, especialmente la neurosis de angustia y la neurastenia. Estas se vinculan con situaciones de tensión o presión presentes, algo que hoy podría asociarse en parte al concepto de estrés.
Las neurosis actuales
Freud fue el primero en agrupar este tipo de cuadros y los diferenció de las neurosis de transferencia.
Las neurosis actuales se caracterizan porque no remiten a una escena infantil reprimida ni a un conflicto inconsciente que pueda reconstruirse mediante el análisis. A diferencia de las neurosis de transferencia, no existe una "segunda escena" que explique el síntoma. La defensa principal consiste en una falta de tramitación psíquica del conflicto. Por esta razón, Freud sostenía que el psicoanálisis tenía limitaciones para intervenir directamente sobre el núcleo de estas neurosis, aunque planteaba que era posible transformar una neurosis actual en una neurosis de transferencia para hacerla abordable analíticamente.
El ataque de pánico
Freud también describió situaciones de pánico, como aquellas en las que un grupo pierde a su líder y sus integrantes entran en un estado de desorganización y terror. Asimismo, menciona el pánico en relación con ciertos momentos del desarrollo infantil dentro de su teoría. Nos explica que es importante diferenciar el ataque de pánico del ataque de angustia.
En el ataque de pánico, la persona experimenta la sensación de que su cuerpo está fuera de control o "enloqueciendo". Aparecen síntomas físicos intensos, como taquicardia, dificultad para respirar, mareos, sudoración y una sensación extrema de peligro. Es frecuente el miedo a morir, a perder el control o a volverse loco. Debido a la intensidad de los síntomas, muchas personas acuden a servicios de urgencia creyendo que están sufriendo una emergencia médica.
Por otro lado, la angustia funciona como una señal de alarma frente a una situación de peligro o desamparo. Se trata de un afecto que advierte sobre una amenaza y sobre la relación del sujeto con el otro. En un ataque de angustia no necesariamente aparecen los síntomas físicos extremos característicos del ataque de pánico.
Las personas que sufren ataques de pánico suelen describirse como muy adaptadas a las exigencias del entorno. A menudo presentan un fuerte sentido de responsabilidad y la creencia de que pueden manejar todas las demandas que se les presentan. Sin embargo, el ataque de pánico irrumpe de manera inesperada, quebrando esa sensación de control y generando una vivencia de terror intenso frente a las manifestaciones corporales que experimentan.
La experiencia de los pacientes
En muchos casos, el/la paciente que consulta por ataques de pánico se presenta como alguien que cree poder con todo y que tiene un fuerte sentido de responsabilidad. Cuando aparece el ataque, suele interpretar lo que le ocurre como un problema exclusivamente físico y llega a pensar que está sufriendo un ACV, un infarto u otra enfermedad grave.
En las primeras entrevistas, puede ser útil ofrecer explicaciones que le permitan comprender la situación, por ejemplo mediante la metáfora de una sobrecarga eléctrica: el sistema ha llegado a un límite y comienza a manifestar señales de saturación. Desde una perspectiva psicoanalítica, el ataque de pánico puede entenderse como una formación que se organiza a partir de enlaces secundarios. La persona desconoce los procesos que han llevado a la aparición del síntoma, ya que este se relaciona con aspectos que fueron desestimados o que no encontraron una adecuada tramitación psíquica. Las llamadas causas concurrentes pueden estar presentes o no, pero no constituyen necesariamente el núcleo del problema. Su exploración puede favorecer la instauración de la transferencia, aunque no expliquen por sí mismas el síntoma.
A menudo el ataque de pánico parece surgir de manera súbita e inesperada. Sin embargo, cuando se reconstruye la historia del padecimiento suelen encontrarse señales previas: olvidos frecuentes, dificultades para concentrarse, sensación de desorientación, trastornos del sueño o un estado general de agotamiento. El trabajo clínico apunta a construir una historización del ataque para que el paciente pueda comprender que no se trata de un accidente aislado, sino de un fenómeno que posee antecedentes y una lógica subjetiva. Con frecuencia, estas personas han llegado a un límite después de años de sostener exigencias excesivas. En sus historias aparecen situaciones de violencia, responsabilidades prematuras o funciones de cuidado que excedían lo esperable para su edad. Han debido adaptarse tempranamente a contextos de desamparo o de gran demanda, desarrollando rasgos de autosuficiencia y sobreadaptación.
Mientras que en el discurso médico el síntoma suele concebirse como una disfunción que debe ser eliminada, en psicoanálisis el síntoma es considerado una formación con sentido, vinculada al modo singular en que cada sujeto responde a la angustia. Esto puede observarse en distintas manifestaciones sintomáticas, como los ataques de pánico, la bulimia u otras formas de malestar psíquico.
La transferencia comienza a producirse cuando el síntoma adquiere un carácter enigmático para el paciente y este dirige una pregunta al analista acerca de lo que le ocurre. En muchos casos, la angustia aparece escindida del relato: la persona cuenta acontecimientos extremadamente dolorosos o traumáticos con aparente indiferencia afectiva, como si no le generaran impacto emocional. El espacio analítico no debe convertirse en un lugar de amenaza, sino en un ámbito donde gradualmente pueda introducirse el afecto que ha quedado excluido. Intervenciones como señalar que "eso que estás contando es muy pesado" o "parece haber sido una situación muy difícil" pueden favorecer la conexión entre el relato y la dimensión afectiva.
Con frecuencia se trata de historias en las que predomina el desamparo y la necesidad de responder a las demandas de los otros por encima de las propias necesidades. Esto puede observarse especialmente en personas que continúan sosteniendo múltiples tareas de cuidado —de hijos, padres u otros familiares— aun cuando se encuentran exhaustas.

Alicia Susana Ronzoni Rebelino
Alicia Susana Ronzoni Rebelino
Lic. en Psicología, Clínica Posg. Psicoanálisis
En estos casos, el ataque de pánico puede entenderse como la manifestación de un límite subjetivo frente a exigencias que durante mucho tiempo fueron soportadas sin reconocimiento del propio malestar. Se te encuentras en algunas de estas situaciones no dudes en consultar en psicoterapia, luego que se descarte causa orgánica.
















