En la situación actual, resulta muy complicado pensar en una adaptación a la rutina tras las vacaciones tal y como lo hacíamos otros años.

La vuelta al día a día habitual en septiembre suele ir acompañada de nostalgia de las escapadas veraniegas, preparación del curso si hay niños, nuevos propósitos, y puede que una ojeada a los próximos puentes hasta que llegue la Navidad.

Este año, sin embargo, todos esos aspectos normalizados por la experiencia anterior se ven alterados, pudiendo producir pensamientos como "por lo menos he podido irme y desconectar unos días", "a ver cómo se reincorporan los niños al colegio" o "espero que podamos disfrutar las navidades como siempre". Sin duda, lo que va a ir de la mano de esta nueva rutina es la incertidumbre.

Con frecuencia, los cambios en nuestros hábitos tienen parte de decisión propia y, aunque el hecho de asumir riesgos puede generar pérdidas, la realidad es que mantener una actitud flexible favorece afrontarlos de forma eficaz.

Lo que hace de este momento uno especial es que nuestra capacidad de control es mínima, y por tanto la toma de decisiones no viene de un proceso de reflexión sino de una orden externa. Por esto queremos darte unos consejos para evitar una actitud pesimista por vivir una situación que sientes injusta.

Consejos para gestionar la vuelta a la rutina en septiembre

Sigue estas recomendaciones y consejos para hacer que te resulta más fácil ajustarte a los hábitos y responsabilidades que te esperan a la vuelta de las vacaciones.

1. Mantén la precaución

De la misma manera que cuando la expansión del virus comenzó a ser preocupante instauramos en nuestras rutinas conductas distintas, tanto sociales como de higiene, es muy sencillo que la sensación de recuperación de la vida anterior suponga la pérdida de estas. Esto es así porque la percepción de peligro puede haber disminuido y como consecuencia, ciertos comportamientos preventivos también.

En este sentido es clave que nuestro sentido de responsabilidad a nivel individual y como parte de la sociedad se encuentre en un punto adecuado, produciendo el pensamiento de que la normalidad tal y como la conocíamos puede estar más cerca si actuamos todos igual. Recuerda que tener la conciencia tranquila es fundamental para alcanzar un nivel de bienestar adecuado y sentir paz interior.

2. Trabaja los pensamientos negativos

De manera automática, nuestro cerebro genera una serie de pensamientos espontáneos sobre los que no tenemos control, al menos para evitar su aparición. A pesar de que pueden ser tanto positivos como negativos, en épocas de más ansiedad es frecuente que esos pensamientos tomen un cariz desagradable.

Tras los meses de confinamiento y viendo la situación actual, en estos días pueden invadirnos mensajes como "me gustaba mi normalidad anterior", "esto nos va a cambiar para siempre" o "yo no aguantaría otro confinamiento". Nuestro objetivo aquí no debe ser intentar que no aparezcan sino hacer una buena gestión de los mismos para que no generen malestar.

Es muy sencillo que un pensamiento intrusivo atraiga a otro y nos veamos envueltos en una espiral de preocupaciones de difícil manejo, y es por esto por lo que técnicas como el entrenamiento en pensamiento positivo son eficaces no solo para conseguir salir de ese bucle sino también para producir uno alternativo con ideas optimistas.

3. Confía en las decisiones de los expertos

La desconfianza, en cierta manera, implica anticipar algo negativo y por lo tanto prepararnos a todos los niveles para afrontarlo. Uno de los efectos más frecuentes es la hipervigilancia para intentar percibir la amenaza a tiempo, lo que supone por un lado un nivel elevado de tensión y ansiedad y por otro una incapacidad para disfrutar o conseguir tranquilidad en el día a día.

En la situación de crisis sanitaria que estamos atravesando la desconfianza está a la orden del día y es importante que, a pesar de las diferencias políticas, pienses que el objetivo de salvar vidas y prevenir complicaciones es común. Solo confiando en los expertos y asumiendo las instrucciones que nos dan en cada momento conseguiremos mayor sosiego, y solo actuando todos en la misma dirección el engranaje funcionará.

4. Gestiona las expectativas de la nueva normalidad

A lo largo de la cuarentena, todos hemos fantaseado con aquellas cosas de nuestra vida anterior que nos hacían sentir bien, y probablemente en algún momento hemos asumido que tras la desescalada podríamos recuperarlas. El hecho de que los plazos que se tienen en mente no encajen con la realidad genera un nivel de frustración elevado que se puede evitar.

Si entrenar en el gimnasio, salir por las noches los fines de semana o hacer grandes viajes formaba parte de tus hábitos tendrás que pensar en otras opciones que también te hagan disfrutar y sean factibles en la realidad actual.

Por ejemplo, entrenar al aire libre, continuar las reuniones sociales en casas de amigos o viajes de corta distancia podrían ser una solución. Centrar tu mente en todo lo que está a tu alcance y no en las limitaciones es la mejor manera de mantener a raya el sentimiento de desilusión.

5. Paciencia en la vuelta al trabajo

A nivel laboral son muchos los cambios que se están produciendo y que pueden generar una sensación de extrañeza si distan mucho de nuestra jornada anterior.

Por un lado está la parte emocional, ya que el contacto con los compañeros seguramente tenga que ser más distante y puede que tu lugar de trabajo esté irreconocible y te produzca una sensación de vacío. Situaciones tan básicas como bajar a desayunar y ver la cafetería desierta te pueden recordar que algo sigue ocurriendo.

Por otro lado puede que las funciones también se hayan visto alteradas, teniendo que utilizar una protección concreta o llevar a cabo medidas de desinfección constantemente. Llegará un momento en el que se automaticen y no supongan un esfuerzo extra, pero hasta entonces solo la paciencia te hará reducir la sensación de molestia.

Lo mismo puede ocurrir a nivel de productividad, las preocupaciones pueden reducir la capacidad de concentración y como consecuencia, también la efectividad. En este sentido, obligarte a estar en el nivel anterior a la pandemia te hará sentir una presión que quizá te aleje más del objetivo. Sé tolerante contigo y de forma natural todo te llevará a ese punto.

Concluyendo

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Como hemos visto, la vuelta a la rutina tras las vacaciones de verano tiene más matices que nunca, pero también puede que hace unos meses no nos creyésemos que las vacaciones de verano pudieran ser un hecho. Ahora, el optimismo, una actitud flexible y paciencia serán tus aliados para afrontar la nueva normalidad.

Mientras tanto, si te interesa buscar la ayuda profesional de psicólogos, ponte en contacto con nuestro equipo de terapeutas.