Tanto la depresión mayor (o unipolar) como el trastorno bipolar se incluyen actualmente en la categoría general de las patologías del estado de ánimo. No obstante, se trata de problemas distintos, y que deben ser identificados como tal.

Lamentablemente, puede ser difícil diferenciar los síntomas de una depresión mayor y los de un episodio depresivo asociado a un trastorno bipolar, pese a que esta distinción es esencial para evitar complicaciones futuras.

En este artículo revisaremos las principales diferencias entre la depresión unipolar y la depresión bipolar, según el estado actual del conocimiento, con el fin de arrojar luz sobre tan relevante cuestión.

Diferencias entre la depresión unipolar y la depresión bipolar

Muchas de las personas que padecen trastorno bipolar (tipo I o tipo II) tardan años en recibir su correspondiente diagnóstico, lo que retrasa inevitablemente la articulación de programas terapéuticos dirigidos a fomentar su estabilidad afectiva y su calidad de vida. Esto obedece al hecho de que la expresión propia de las fases depresivas del trastorno bipolar y la de la depresión mayor es similar, pese a que el tratamiento para la una y para la otra sea absolutamente distinto.

Una diferencia esencial entre ambas, a partir de la cual resultaría posible una identificación certera del trastorno bipolar, sería la evidencia clara de que en algún momento del pasado se atravesó por los síntomas propios de una fase maníaca. De hecho, esta circunstancia por sí misma permitiría confirmar el diagnóstico de trastorno bipolar. El problema es que tales episodios (y los hipomaníacos) son referidos con mayor dificultad que los depresivos, pues se perciben (de forma equívoca) como menos invalidantes.

Además, el trastorno bipolar a menudo se presenta de forma concomitante a una serie de problemas que lo enmascaran no solo con la depresión mayor, sino también con otras condiciones físicas y/o de salud mental, como la ansiedad o la dependencia de sustancias. En esta línea, algunas investigaciones refieren que la certificación diagnóstica puede dilatarse cinco años o más, con las complicaciones que de esta demora se pudieran derivar.

Una de las más relevantes, sin duda, sucede cuando se ofrece a la persona con trastorno bipolar un tratamiento farmacológico (ISRS, por ejemplo) de indicación para la depresión mayor. En estos casos puede observarse un riesgo acentuado de viraje hacia episodios maníacos inducido por las propiedades químicas de la sustancia, o una aceleración en los vaivenes clínicos del estado de ánimo, que agravan las circunstancias orgánicas y psicosociales de la patología de base.

Lo más importante, en este caso, es realizar un exhaustivo análisis de la historia personal y familiar. Esta información, junto a la detallada valoración de los síntomas que se presentan en el momento actual, permitirán aunar los datos necesarios para una toma de decisiones cabal sobre el estado mental real y aportar un tratamiento (farmacológico y psicoterapéutico) que ofrezca beneficios a la persona.

Seguidamente proponemos un conjunto de "señales" sugerentes de que los síntomas depresivos pudieran no relacionarse con una depresión mayor subyacente, sino con la fase depresiva de un trastorno bipolar que aún no ha mostrado su verdadero rostro. Ninguna de ellas, por sí misma, es suficiente para obtener una certeza absoluta; sino que aportan en su conjunto información relevante en términos de probabilidad, y que habrá de complementarse con un juicio clínico riguroso.

1. Episodios previos de depresión mayor

La depresión mayor es un trastorno que tiende a presentarse de forma recurrente a lo largo de la vida, por lo que la mayor parte de las personas que lo han sufrido en alguna ocasión volverán a padecerlo con alta probabilidad en el futuro. No obstante, tales recaídas resultan mucho más frecuentes en el caso concreto del trastorno bipolar, donde el síntoma depresivo se presenta de manera periódica pero de muy difícil predicción (episodios agudos de duración superior a la de los maníacos o hipomaníacos).

Es por tanto importante indagar en la historia personal, con el fin de esbozar la evolución del estado de ánimo a lo largo de los años, y determinar la eventual existencia de periodos vitales del pasado en los que se pudo padecer depresión. Se trata también, por tanto, de un momento ideal para explorar la posible historia de síntomas maníacos. En el caso de que estos últimos se detectaran, sería crucial sospechar un trastorno bipolar y evitar el uso de cualquier fármaco antidepresivo.

2. Presencia de síntomas depresivos atípicos

Aunque la depresión suele cursar con tristeza e inhibición en la capacidad para sentir placer (anhedonia), junto a una reducción del tiempo total dedicado a dormir (insomnio en sus distintos subtipos) y una pérdida de apetito, en ocasiones se puede manifestar a través de lo que se conoce como síntomas atípicos. Estos síntomas son diferentes a los que resultarían previsibles en quien está deprimido, pero son frecuentes en fases depresivas del trastorno bipolar.

Dentro de estos síntomas se incluyen la hipersomnia (mayor necesidad percibida de dormir), el aumento del apetito, la irritabilidad excesiva, la inquietud o nerviosismo interior, la hiperreactividad fisiológica ante circunstancias ambientales difíciles, el miedo al rechazo y la sensación acentuada de fatiga física y mental. Todos ellos suponen, en su conjunto, un patrón diferencial respecto al de la depresión mayor.

3. Episodios depresivos recurrentes antes de los 25 años

Una revisión sopesada de la historia personal puede objetivar la aparición de un primer episodio depresivo antes de los 25 años de edad. No es inusual que durante la etapa de la adolescencia se expresaran síntomas de una depresión, pese que quedaran enmascarados tras una impermeable fachada de irritabilidad. Estos episodios prematuros son también más comunes en el trastorno bipolar.

Es por ello importante que la persona haga un análisis sobre la emoción que experimentó durante este periodo de su vida, pues la naturaleza externalizante de la depresión en la adolescencia tiende a oscurecer la precisión del entorno familiar para informar sobre las verdaderas emociones que estaban a su base (priorizando por tanto la conducta manifiesta). En algunos casos, tales enfados pueden llegar a atribuirse a "cosas de la edad", restando relevancia o trascendencia a la vivencia que se atravesaba.

4. Brevedad de los episodios depresivos

Los episodios depresivos del trastorno bipolar son más breves que la depresión mayor como entidad independiente (la cual a menudo se prolonga durante seis meses o más). Por ello, se considera que la presencia confirmada de tres episodios depresivos o más durante la vida, muy especialmente cuando ocurrieron en la juventud y fueron de corta extensión (tres meses o menos), pueden ser sugerentes de un trastorno bipolar.

5. Historia familiar de trastorno bipolar

La presencia de antecedentes familiares de trastorno bipolar puede suponer un motivo de sospecha, pues se trata de un problema de salud que cuenta con componentes genéticos relevantes. Así pues, los familiares directos de una persona con trastorno bipolar deben ser especialmente cautos cuando sufren lo que en apariencia pudiera ser una depresión mayor, pues esta podría ser en realidad una etapa depresiva del trastorno bipolar. En lo relativo a las diferencias entre la depresión unipolar y la depresión bipolar, la historia familiar es clave.

Por ello, cuando acuden a un profesional de la salud para recibir tratamiento deben informar de este antecedente, pues junto a otros datos podría contribuir de modo muy importante al diagnóstico diferencial. Se estima que el trastorno bipolar tipo I se presenta en el 0,6% de la población mundial, pero es mucho más común entre los familiares de primer grado de quienes lo padecen.

No obstante, es también posible que se trate de una depresión mayor, por lo que el propio profesional deberá evitar expectativas que enturbien su juicio.

6. Instauración rápida de los síntomas depresivos en ausencia de estresores

La depresión mayor tiende a ser el resultado afectivo de la vivencia de un acontecimiento adverso, el cual supone pérdidas significativas para la persona en áreas relevantes de su vida, identificándose por ser el punto temporal a partir del cual se produjo un cambio notable en la experiencia interna. Esta relación clara de causa y efecto puede trazarse con relativa sencillez en la depresión mayor, y cuando se soluciona el suceso detonante tiende a ocurrir una mejora franca del estado emocional.

En el caso de trastorno bipolar, lo más común es que la sintomatología depresiva surja sin que la persona sea capaz de identificar un motivo evidente para ella, y que además se instaure muy rápidamente. Pareciera por tanto que brota de forma inadvertida, lo que también genera cierta sensación de pérdida de control sobre las fluctuaciones del ánimo.

7. Presencia de síntomas psicóticos

La depresión puede adquirir ocasionalmente tintes psicóticos, caracterizados por una culpa delirante o alucinaciones cuyo contenido es congruente con el estado emocional negativo. Esta forma de depresión es más frecuente en el contexto de un trastorno bipolar, y por tanto es un motivo de sospecha. La impulsividad, cuando convive con la depresión, apunta en la misma dirección que estos síntomas.

Por otra parte, es esencial tener en cuenta que la presencia de síntomas psicóticos junto a la depresión pueden ser parte de un cuadro esquizoafectivo, que habrá de ser también descartado durante el proceso diagnóstico.

Consideraciones importantes

La capacidad de informar sobre los estados emocionales es clave para que el diagnóstico de trastorno bipolar pueda realizarse. En caso de que usted sospeche estar padeciéndolo, considere su historia personal y familiar, así como la presencia de las señales indicadas, para hablar con el especialista que le atienda. Hoy en día existen estrategias terapéuticas, tanto farmacológicas como psicológicas, que pueden ayudarle a disfrutar de una vida plena aun padeciendo trastorno bipolar.

Dada la importancia de una pronta detección del trastorno bipolar, los factores de riesgo que han sido contemplados en este artículo están sometidos de forma continua a revisión y análisis, con el propósito de determinar su alcance real y encontrar otros indicadores útiles para este propósito.

Referencias bibliográficas:

  • Dervic, K., García-Amador, M., Sudol, K., Freed, P., Brent, D.A., Mann, J.J. … Oquendo, M.A. (2015). Bipolar I and II versus unipolar depression: Clinical differences and impulsivity/aggression traits. European Psychiatry, 30(1), 106-113.

  • Leyton, F. y Barrera, A. (2010). El diagnóstico diferencial entre la Depresión Bipolar y la Depresión Monopolar en la práctica clínica. Revista de Medicina Chilena, 138(6), 773-779.