A todos nos ha ocurrido en alguna ocasión: nos exigimos o nos sentimos exigidos, en una espiral de frustración que termina por hacernos sentir desánimo. Sentimos que no estamos a la altura, y eso nos causa desánimo y a la vez miedo e inseguridad.

¿De dónde vienen esas sensaciones? ¿A qué te llevan? Y sobre todo, ¿cómo solucionarlo?

El exceso de autoexigencia

La exigencia o autoexigencia puede ser una sensación y estado de ánimo positivo, ya que nos ayuda a crecer y a superar retos. Sin embargo, en nuestra sociedad actual y modo de vida (basado en el materialismo y el culto al individualismo) ha terminado por resultar disfuncional, ya que si no somos conscientes de nuestros límites esa exigencia puede transformarse en una insatisfacción permanente, tanto contigo como con los demás.

Nos lo dicen constantemente: debes superarte, debes ser "el mejor", tienes un talento por explotar, además de una constante exposición a comparaciones y modelos irreales que nos frustran. Sí, las personas tenemos talentos y habilidades, y estos nos hacen felices si sabemos armonizarlos en nuestra vida. El problema llega cuando esa exigencia no es armónica, ni funcional, porque en lugar de hacerte feliz te ancla en la insatisfacción y te hace sentir que corres detrás de un objetivo que parece ir siempre más rápido que tú.

¿A qué te lleva esa exigencia? A volcarte en el trabajo (lo cual hace muy difícil armonizar tu vida laboral con la personal o familiar), dedicar demasiadas horas a tus proyectos, prestar demasiada atención al otro, tratar de cumplir expectativas ajenas, o, en definitiva, a vivir una vida en bas a una exigencia que termina solo por frustrarte.

¿Qué es la exigencia o la autoexigencia? Es un estado de ánimo similar al de la frustración, donde queremos conseguir un resultado o experiencia que por ahora no estamos consiguiendo o viviendo.

El pensamiento de no estar a la altura

Tener deseos y querer crecer es algo en sí mismo bueno. El problema es cuando esa exigencia no está construida en base a deseos propios sino a expectativas, comparaciones o miedo a la valoración que nos den los demás (pareja, familiares, o incluso dentro del propio trabajo).

Este es uno de los problemas más habituales en consulta a la hora de vivir un proceso de cambio personal: sentir que no estamos a la altura, que nos exigimos demasiado, que no se cumplen nuestras expectativas. El origen de este problema es el mismo: gestión de emociones, en concreto en relación al miedo y a la inseguridad.

Como psicólogo y coach, en los últimos 10 años he acompañado a personas en sus procesos de cambio, y fuera cual fuera el problema, la forma en la que entendemos y gestionamos nuestras emociones siempre era una clave necesaria para trabajar. En este vídeo podemos profundizar mucho más en qué significa la exigencia, a qué te lleva, cuándo es disfuncional (no te ayuda a crecer sino que te limita) y cómo superar ese problema. Dale a play!

La falta de aceptación

Detrás de una autoexigencia funcional hay ante todo una falta de aceptación hacia nuestra realidad. Queremos más y más, y eso implica que tenemos miedo e inseguridad por el futuro. A su vez, nos autoexigimos para cumplir nuestras expectativas o las expectativas ajenas, pero las expectativa siempre están basadas en el miedo (si queremos conseguir algo en concreto y construimos nuestras expectativas en base a un objetivo rígido, es porque tenemos miedo a no conseguirlo o porque lo consideramos imprescindible).

En un proceso de cambio, ante todo, aprendemos que los objetivos que tenemos en un principio son solo los deseos que nos llevan a cambiar, pero que el auténtico objetivo y resultado es lo que consigues cuando vives un proceso de cambio personal estable, profundo, que te ayuda para toda tu vida.

Exigirte es funcional si te ayuda a crecer en base a tus talentos, dentro de tus límites, y sobre todo si te orientas a lo que realmente te hace feliz. En cuanto esa exigencia está basada en el miedo o depende de factores externos (cómo te valoran los otros, por ejemplo), será disfuncional, ya que el mundo exterior es un factor que no puedes controlar.

Aprender a entender y a gestionar tus emociones implica vivir un proceso de cambio donde aprendas a tenerlas a tu favor en lugar de en tu contra, y donde tus emociones te ayuden a crecer y a exigirte lo que sí realmente puedes exigirte y te hace estar en paz contigo.

Si quieres vivir ese cambio, en empoderamientohumano.com tienes la opción de agendar una primera sesión exploratoria gratuita (solo si tienes el deseo y compromiso de vivir tu proceso) o dar los primeros pasos en el programa gratuito Emociónate. Ante todo, que tu exigencia te lleve solo a crecer, no a limitarte.