«Farmear aura» se ha convertido en una de las expresiones más reconocibles de la cultura juvenil en redes. Detrás de sus bailes, poses y bromas hay algo bastante menos nuevo: el deseo de proyectar una determinada imagen, obtener reconocimiento del grupo y experimentar con la propia identidad.
Un adolescente entra en una plaza, camina hacia el centro de un círculo y, durante unos segundos, todo consiste en parecer extremadamente seguro de sí mismo. Puede bailar, adoptar una pose exagerada o interpretar algún gesto reconocible de TikTok. El público decide quién tiene más presencia. Quién ha ganado, dicho en el lenguaje de internet, más «aura».
Durante agosto y septiembre de 2026, las llamadas batallas de farmear aura han saltado de las redes a encuentros presenciales en distintos países. En Elche, por ejemplo, alrededor de 200 personas —en su mayoría menores— acudieron en septiembre a una convocatoria organizada a través de redes sociales. Puede parecer una extravagancia difícil de descifrar desde fuera. Sin embargo, el fenómeno combina ingredientes psicológicos muy conocidos: estatus, pertenencia, juego, comparación social y búsqueda de aprobación. Entenderlos ayuda a explicar por qué resulta tan atractivo para los más jóvenes sin convertir otra moda adolescente en un problema clínico.

Centro Psicológico Cepsim Cepsim
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¿Qué significa realmente «farmear aura»?
La expresión mezcla dos códigos propios de internet. Farmear procede del lenguaje de los videojuegos y describe la repetición de determinadas acciones para acumular recursos, experiencia o puntos. El «aura», en la jerga actual, representa algo mucho más difícil de medir: carisma, presencia, seguridad, estilo o esa capacidad de resultar impresionante aparentemente sin esfuerzo.
Así, «farmear aura» significa hacer algo que aumenta simbólicamente nuestro prestigio. Atrapar un objeto sin mirar podría sumar aura; tropezarse delante de todo el instituto, restarla. De ahí surgieron también los «puntos de aura», una especie de marcador imaginario con el que internet empezó a puntuar situaciones cotidianas. El término puede rastrearse al menos hasta 2024 en TikTok y otras comunidades digitales, aunque recibió un enorme impulso viral durante 2025 y, en 2026, ha evolucionado hasta las actuales competiciones presenciales.
Pero hay una contradicción divertida en su propia definición. Para conseguir aura hay que parecer espontáneamente carismático, aunque muchas veces se esté actuando deliberadamente para conseguirlo. Es decir: hay que esforzarse en parecer que no nos estamos esforzando.
¿Por qué puede resultar tan atractivo durante la adolescencia?
Para entender el fenómeno conviene olvidarse durante un momento de TikTok. Mucho antes de internet, los adolescentes ya experimentaban con su ropa, su lenguaje, la música que escuchaban o su manera de comportarse para descubrir quiénes eran y dónde encajaban.
La adolescencia es una etapa especialmente importante para la construcción de la identidad y para las relaciones con los iguales. También aumenta la relevancia de la evaluación social: qué piensan los demás de nosotros, qué conductas son admiradas y cuáles pueden provocar rechazo adquiere un peso considerable. Crone y Dahl señalaron en una influyente revisión que esta etapa se caracteriza precisamente por importantes cambios en el procesamiento de las experiencias sociales y afectivas, incluida una elevada sensibilidad al feedback social.
Las redes no inventaron esa necesidad; proporcionaron nuevos instrumentos para cuantificarla. Likes, visualizaciones, seguidores y comentarios convierten respuestas sociales que antes eran difusas en números visibles. Los puntos de aura llevan esa lógica hasta la parodia: incluso el carisma puede convertirse metafóricamente en una puntuación.
La recompensa de conseguir la aprobación del grupo
Hay otro elemento que ayuda a explicar su atractivo: recibir aprobación social puede resultar gratificante. En 2016, Lauren Sherman y sus colaboradores pidieron a adolescentes que observaran fotografías en una simulación de Instagram mientras se registraba su actividad cerebral. Las imágenes supuestamente respaldadas por muchos «me gusta» tenían más probabilidades de recibir también el like de los participantes.
Además, observar fotografías con muchos likes se relacionó con mayor actividad en regiones vinculadas, entre otras funciones, al procesamiento de recompensas y la cognición social. El estudio tenía una muestra y una situación experimental concretas, por lo que no permite concluir que los adolescentes sean simplemente «adictos a los likes». Sí ilustra algo más razonable: las señales de aprobación de los iguales pueden influir en cómo valoramos aquello que vemos.
«Farmear aura» convierte precisamente esa aprobación en un juego colectivo. La recompensa puede ser una ovación, un vídeo compartido, comentarios celebrando una actuación o simplemente las risas de los amigos. Y el sistema posee otra característica especialmente eficaz para extender una moda: cualquiera entiende inmediatamente cuándo alguien «ha ganado aura», aunque nadie pueda definir exactamente cuántos puntos posee.
También es una forma de construir identidad
Reducir el fenómeno a necesidad de atención sería quedarse corto. Los adolescentes no solo buscan aprobación en las redes: también utilizan esos espacios para probar maneras diferentes de presentarse ante los demás.
Una revisión sistemática publicada por Hamide Avci, Laura Baams y Tina Kretschmer analizó 32 estudios con más de 19.000 adolescentes y jóvenes. Sus resultados sugieren que, para el desarrollo de la identidad, importa especialmente qué hacen las personas en redes y no únicamente cuánto tiempo pasan en ellas. La participación activa se relacionó con una mayor exploración de la identidad, mientras que la presentación auténtica de uno mismo se asoció con una mayor claridad del autoconcepto. Al tratarse, en gran parte, de investigaciones correlacionales, no puede determinarse fácilmente qué causa qué.
Desde esta perspectiva, jugar con el aura también puede entenderse como una pequeña representación social. Se prueba una postura, una estética o una personalidad y se observa cómo responde el grupo. Además, el carácter deliberadamente absurdo del fenómeno proporciona cierta protección: si sale bien, se ha conseguido aura; si sale mal, siempre puede decirse que era una broma.
¿Hay algo preocupante en «farmear aura»?
No necesariamente. Participar en una moda, imitar un baile o competir en una batalla de carisma no constituye un problema psicológico. De hecho, cuando estas tendencias trasladan una interacción nacida en internet a encuentros presenciales, también pueden generar juego, creatividad, expresión corporal y nuevas oportunidades para socializar.
El riesgo aparece si confundimos sistemáticamente el valor personal con la reacción de una audiencia. Buscar reconocimiento es humano; necesitar constantemente pruebas externas de que resultamos interesantes, atractivos o admirables puede ser diferente. La comparación permanente con los demás también se ha relacionado con aspectos menos favorables del desarrollo de la identidad, aunque la evidencia disponible no permite establecer relaciones causales simples.
Por eso, en lugar de preguntar si farmear aura es «bueno o malo», puede resultar más útil observar qué papel ocupa. No es lo mismo participar ocasionalmente porque resulta divertido que modificar constantemente el propio comportamiento por miedo a perder estatus, experimentar un malestar intenso ante las reacciones negativas o asumir conductas peligrosas únicamente para impresionar a una audiencia.
Una moda nueva para una necesidad muy antigua
Cada generación inventa códigos que la anterior contempla inicialmente con desconcierto. «Farmear aura» tiene videojuegos, TikTok, memes y un lenguaje que habría resultado incomprensible hace pocos años, pero juega con cuestiones profundamente humanas: quién soy, qué ven los demás cuando me miran y qué debo hacer para pertenecer.
Quizá ahí esté buena parte de su éxito. Convierte la compleja negociación del estatus social en algo tan sencillo como ganar o perder unos puntos imaginarios. Para los adultos, comprender esta lógica probablemente sea más útil que ridiculizarla. Porque el aura desaparecerá cuando llegue el siguiente meme; la necesidad adolescente de probar identidades, buscar reconocimiento y descubrir su lugar entre los demás seguirá ahí.

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