No hay que perder de vista el hecho de que, además de las medidas de confinamiento, del riesgo de colapso del sistema sanitario, del riesgo de contagio y de la vulnerabilidad económica, la crisis del coronavirus también favorece que surja otro tipo de problemas: el malestar psicológico y el riesgo de desarrollar alteraciones emocionales.

Para comprender mejor las claves de este fenómeno, en esta ocasión entrevistamos al equipo de expertos en salud mental de ITAE Psicología.

La ansiedad y la crisis del COVID-19: entrevista a ITAE

ITAE Psicología es una entidad compuesta por un equipo de psicólogos y psiquiatras especializados en problemas de estrés, ansiedad y mala regulación de las emociones. Realizan tanto sesiones presenciales en Madrid y Barcelona y también sesiones online por videollamada. En este caso nos hablan sobre el impacto de la pandemia del coronavirus en nuestra manera de experimentar la ansiedad, un tipo de malestar muy frecuente.

Estos días se habla mucho acerca de la situación de emergencia médica a la que estamos sometidos, pero no hay que olvidar que también hay una crisis de tipo psicológico. ¿Cuáles son las señales más habituales que, al manifestarse en una persona, indican que la situación es demasiado para ella y que necesita ayuda profesional?

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La situación se hace susceptible de ayuda profesional cuando la persona observa que no puede dejar de pensar en el problema, y cuando los pensamientos negativos sobre la situación o sobre el futuro son tan recurrentes que “secuestran” su mente.

También cuando la persona ha dejado de satisfacer alguna o varias de sus necesidades básicas, es decir, comer o dormir, puesto que indicaría que el problema le está superando ya que afecta a áreas que la persona necesita para tener una mínima base de bienestar.

Así mismo, serían señales de la necesidad de ayuda psicológica profesional cuando, especialmente en cuarentena, la persona no puede mantener su atención por un mínimo tiempo en actividades placenteras o de disfrute, que le permitan, precisamente, distraerse, por unos instantes, de la situación externa.

¿La ansiedad producida por el coronavirus es fruto sobre todo del miedo a la enfermedad, o pesa más la incertidumbre que ha generado el parón económico y la situación de cuarentena?

Ambas preocupaciones son recurrentes en estos días. Depende en cierta medida de la situación específica de cada uno, y de características personales.

Hay personas que pueden tener una tendencia a la preocupación por las enfermedades, o lo que más bien sería un mayor miedo (mayor que la población general) a perder salud física o, incluso, morir por una enfermedad física, que posiblemente estén ahora más afectadas por las posibilidades de exposición al virus y a padecer la enfermedad.

Encontramos también casos de personas con un familiar cercano infectado, que están mucho más “sintonizadas” con el tema y sean más proclives a padecer ansiedad.

Por otro lado, también nos encontramos con un elevado nivel de personas que experimentan pensamientos negativos anticipatorios o catastróficos debido a la incertidumbre sobre el futuro.

El cambio de las condiciones económicas a peor sumado a la experiencia de confinamiento puede generar mucha ansiedad. Tanto por la interpretación de amenaza presente o futura (con pensamientos como “habrá menos trabajo, tendré menos dinero, no podré pagar el alquiler...”) como por dificultad para gestionar los síntomas de ansiedad al no poder realizar actividades que, posiblemente, antes se realizaban para reducir estos síntomas (deporte, ocio al aire libre, etc.).

¿Y qué hábitos podemos adoptar para protegernos de la ansiedad en una situación así?

Hay varios hábitos que resulta imprescindible incorporar en nuestro abanico de estrategias para gestionar la ansiedad en estas circunstancias. Podemos empezar por tomar consciencia de qué nos pasa, esto es, escucharnos más. Ya sea darnos cuenta de que tenemos más ansiedad un día que otro, observando nuestros pensamientos, las sensaciones físicas o nuestras emociones.

Todo ello es información importante para saber cómo estamos reaccionando en estas circunstancias. En la mayoría de casos no prestamos atención a cómo estamos con lo que, de primeras, es difícil hacer algo para solucionarlo.

Además, también puede resultar muy útil tener el hábito de expresar lo que nos pasa a alguien cercano, un amigo, un familiar. Contar lo que me preocupa, me molesta o me entristece es una buena salida del malestar emocional.

Por otro lado, es muy útil poder crear espacios “libres de problemas” en los que disfrutemos de alguna actividad, en solitario o en familia, y esto nos permita evadirnos momentáneamente de las circunstancias, para poder recargar energía emocional. Por supuesto también practicar ejercicio físico y mantener una buena alimentación constituyen una base esencial para la salud, también la emocional.

¿Cuáles son los mecanismos psicológicos que favorecen que la ansiedad se mantenga en el tiempo? ¿Contribuye a ello el bombardeo de información por televisión e Internet?

La ansiedad es una emoción, y como tal es pasajera. Cuando se mantiene en el tiempo es porque la “alimentamos”. Con lo que todo estímulo externo o interno que esté relacionado con miedo, mantendrá la ansiedad por más tiempo. Por supuesto, a nivel externo, tenemos el bombardeo de información por cualquier medio de comunicación.

El cerebro es fiel a lo que le dictamos y si recibe información preocupante o la interpretamos como preocupante, activará todos los mecanismos fisiológicos de respuesta a un peligro, manifestándose en síntomas de ansiedad. También ocurre que, sin necesidad de estar recibiendo información de fuera, podamos mantener la ansiedad nosotros mismos por estar continuamente enganchados a los pensamientos negativos.

Aquí el mecanismo que subyace es un exceso de atención sobre los mismos pensamientos, pensando que no tenemos control sobre ellos y que no podemos “dejarlos pasar”. De ahí, que la aceptación y distracción de los pensamientos resulte una estrategia más eficaz para reducir las señales de ansiedad.

Ante el confinamiento, es posible que los problemas de convivencia se intensifiquen. ¿Qué recomendaciones pueden seguir las familias para que la ansiedad y la irritabilidad no produzcan más problemas en este sentido?

Para las familias es importante que mantengan una rutina, primero de todo, que aporte esa sensación agradable de orden (haya o no niños pequeños en la familia). Así mismo, más que nunca, se convierte en imprescindible practicar las habilidades de comunicación asertiva.

Los conflictos en la convivencia son comunes, y más ahora, lo que requiere que se establezcan entre todos los miembros de la familia formas de poder exponerlos y solucionarlos. Por ejemplo, pactar un día y hora en que todos los miembros de la familia puedan hablar de cómo están y qué necesitan para que se puedan prevenir conflictos o si ya existen estos se puedan dialogar.

Si bien cuando ocurre un conflicto será vital que no se gestione en “caliente” ya que la intensidad de la emoción no permitirá el diálogo, pero sí que se especifique un momento en el que se retomará el tema, ya en “frío”, evitando así que se acumulen los problemas y esto de pie al “efecto bola de nieve”.

Otra ayuda muy recomendable es generar tiempo de ocio en familia y en casa, ya que la experiencia de espacios conjuntos positivos suele ejercer de catalizador de las tensiones (acumuladas) y propicia la afectividad y la comunicación saludable entre todos los miembros de la familia.

Si en unos pocos años vuelve a darse una pandemia global similar a esta, ¿seremos mejores gestionando las emociones negativas que nos produzca eso?

Eso dependerá de los recursos que pongamos en marcha en la actual situación. Si utilizamos el contexto en el que estamos viviendo en la actualidad en nuestro beneficio para aprender sobre nosotros y mejorar, seguramente hayamos adquirido mecanismos de gestión emocional para toda la vida y, aunque ninguna futura situación es predecible, contaremos con mayores herramientas para hacerle frente. Esto es potenciar nuestra resiliencia.

Es posible que esta situación extrema nos esté enseñando lecciones que todos recibimos, y por mínimo que sea el aprendizaje, haber pasado por esta situación nos ayude a la adaptación de circunstancias adversas futuras, como otra pandemia.