Hoy, en plena pandemia, con muchísimas personas sufriendo estrés, ansiedad y soledad (entre otros síntomas provocados por el confinamiento) nos damos cuenta de algo que los psicólogos y psiquiatras vienen anunciando desde siempre: la importancia fundamental que tiene la salud mental en la vida de las personas.

Durante estos días en los que nuestras realidades se han perturbado, cuando nuestras rutinas se han visto alteradas y todo parece haberse desencajado, es cuando más nos vemos forzados a confrontarnos con nosotros mismos, a mirar “hacia adentro”.

Allí están nuestras fortalezas y debilidades, nuestros miedos y nuestras virtudes... y allí está también nuestra tolerancia, nuestra resiliencia y la capacidad siempre humana de salir adelante ante la adversidad. Quien sabe, tal vez con un poco de buena disposición, este mal trago (con todo lo duro que representa) sea una ocasión para detenernos, priorizar nuestra salud mental y construir en adelante un futuro mejor para todos.

En Madrid hay un grupo de psicólogos especializados que se encuentran trabajando a destajo desde que comenzó el COVID-19 para dar apoyo y acompañamiento profesional a personas que lo necesitan. Hoy entrevistamos a Guillermo Miatello, Psicólogo Psicoanalista, Director del portal Tescuchamos.com.

Entrevista a Guillermo Miatello: la importancia de la salud mental durante la pandemia

Guillermo Miatello es Psicólogo, Magister en Psicoanálisis, y se dedica desde hace más de diez años a brindar atención presencial y online a personas con diversas dificultades emocionales. En plena pandemia abrió el portal de Salud Mental Tescuchamos.com, el cual ha crecido a un ritmo vertiginoso en los últimos meses. En la presente entrevista, Miatello nos cuenta cuáles son, según su perspectiva, las causas de este fenómeno, a la vez que nos describe la situación de la Psicología en general y, en particular, a partir del drama mundial vivido por el coronavirus.

¿Qué se entiende por salud mental y cuál es su valor?

Tescuchamos

Para expresarlo de una manera resumida, la salud mental define el modo en que una persona se relaciona consigo misma. Las personas estamos permanentemente en compañía de otros: familia, amigos, colegas, etc. Ahora bien, si hay alguien con quien debemos vérnoslas de manera permanente es con nosotros mismos. Pues bien: si no estamos a gusto con lo que somos, con lo que hacemos, con cómo vivimos, el malestar, la angustia y la frustración son inevitables.

Por el contrario, si construimos un modo amigable de relacionarnos con nuestros sueños, proyectos, con los vínculos que elegimos y con nuestra vida en general, seguramente no evitaremos tener problemas como todo el mundo, pero sí nos sentiremos más vivos, más dueños de nuestra vida... En ese sentido el valor de la salud mental es fundamental.

¿Crees que a veces la gente no le da la debida importancia?

A veces las personas por comodidad, por inercia o por no querer saber (resistencias) sobreestimamos la importancia del “funcionar”. Explico a qué me refiero: a veces nos importa que “la cosa marche” a cualquier precio, sin fijarnos demasiado en cómo marcha. Y hay muchas veces en que las cosas funcionan como decimos los psicólogos, “disfuncionalmente”, de manera patológica o enfermiza, es decir, con una gran cuota de sufrimiento para alguno de los agentes.

Que el sufrimiento de los agentes singulares esté silenciado por la propia dinámica de los vínculos no quiere decir que no esté, y a esto lo sabemos muy bien los terapeutas que somos quienes escuchamos al sujeto y su dolor. En muchas familias o relaciones de pareja, por ejemplo, el conflicto o el disenso suele tener mala prensa, entonces la salida habitual suele ser “hacer de cuenta que todo va bien” y que todo siga como está.

¿Y qué función cumple la terapia en estos casos?

La terapia representa la ocasión de construir un límite a esto. A partir de la terapia, una persona puede plantearse que si bien hay cosas de su vida que funcionan, tal vez no funcionan de la manera que él / ella desea. Entonces, que alguien pueda decir y decirse esto a sí misma es un paso muy importante, pues le permitirá ir construyendo vínculos más sanos con quienes forman parte de su entorno e ir haciendo lugar a una vida más acorde con su deseo.

¿Cómo crees que ha afectado la pandemia a las crisis ligadas con la salud mental?

Como toda situación extrema, la pandemia ha funcionado como una especie de lente de aumento, magnificando los déficits, las falencias y las virtudes preexistentes. Es esto lo que ha ocurrido, a mi entender, con la economía, la organización y el sistema sanitario de los distintos países: quienes más han sufrido la pandemia han sido aquellos países que no se encontraban estructuralmente preparados para un golpe semejante.

¿Hay preparación posible frente al trauma?

Una ciudad nunca está del todo preparada para un desastre natural como un tsunami o un terremoto. Ahora bien, la intensidad del daño que se produzca dependerá de cómo estén construidas las casas y organizada su ingeniería desde sus fundamentos.

Con las relaciones humanas y la salud mental pasa igual: en parejas que estaban “atadas con alambre” el confinamiento ha desencadenado conflictos y ha terminado por disolverlas; en personas que sostenían su estabilidad emocional en una actividad frenética o una adicción al trabajo, la súbita y forzada interrupción de sus labores los ha sumido en la incertidumbre y hoy experimentan por primera vez síntomas depresivos. En efecto, el volumen de consultas psicológicas ha aumentado casi un 50% durante estos meses.

¿Cuáles crees que son los síntomas o indicios de que una persona necesita terapia?

Una persona necesita terapia cuando siente que hay en su vida algún exceso de cualquier índole que se repite, que le hace daño y que la persona no puede manejar. Este exceso puede expresarse en distintos órdenes de su vida: el nerviosismo, la ansiedad, la comida, la bebida, las compras, una droga, el trabajo o una relación, por citar sólo algunos ejemplos.

Por lo general, es muy difícil que una persona advierta por sí sola sus excesos ya que ellos constituyen lo que en psicoanálisis llamamos “su síntoma”. Por un lado, la persona de alguna manera se beneficia de sus excesos y, por otro lado, estos síntomas constituyen modos muy arraigados de ser que, por decirlo de algún modo, la definen o sostienen. Ahora bien, hay un punto bisagra que les ocurre a muchas personas, en el cual esto “se le va de las manos”. En ese punto, la persona advierte que el daño de su síntoma tiene una magnitud desproporcionada, y allí se produce la angustia.

En ese punto, una persona necesita iniciar una terapia y confrontarse, por más duro que sea, con esa dimensión desconocida de sí misma que se está expresando en su patología. La terapia representa, el lugar donde una persona puede abrir paso a dicha pregunta.

¿Qué puede hacer la psicología por una persona?

Lo que hace la psicología es “apuntalarse” en el deseo de sanar por parte del paciente y acompañarlo en el recorrido de preguntarse por qué le pasa lo que le pasa, por qué repite como repite, por qué sufre como sufre y, fundamentalmente, qué está dispuesto a hacer para ocuparse de estas cuestiones y hacer algo al respecto.

Cuando una persona se hace estas preguntas, con frecuencia descubre que mucho de lo que padece tiene que ver con cosas que ha elegido ignorar, aunque tal vez no de forma consciente.

En ese punto se abre para la persona un universo inexplorado en relación a ciertas preguntas propias largamente postergadas: ¿Qué quiero? ¿Cómo quiero vivir mi vida? Hacerse estas preguntas no implica la panacea ni la promesa de un futuro venturoso, pero representan algo más cercano a la posibilidad de tener una vida.

¿A qué te refieres con “tener una vida”?

A veces creemos que vivir es subsistir, alimentarse, respirar. Por supuesto que estas cosas son necesarias, pero no bastan para construir una vida. Tampoco acceder a bienes materiales (dinero, autos, casas) o culturales (prestigio, fama) nos garantiza tener una vida. La vida es una metáfora que da cuenta de cómo una persona se hace cargo de sus propios sueños, de sus proyectos, de su deseo, de su presente y de su futuro. Entonces en resumen y respondiendo a tu pregunta: la psicología puede hacer ni más ni menos que una persona sienta que tiene una vida, y no una mera existencia.

¿Cómo afectan las problemáticas actuales a los niños?

Los niños sienten y se dan cuenta absolutamente de todo. Las situaciones de angustia y desazón de los padres repercuten de manera directa en ellos por varios motivos: en primer lugar, son más sensibles a períodos de incertidumbre como los que plantea una pandemia. En segundo lugar, están a merced y dependen plenamente de los adultos y, en tercer lugar, su constitución psíquica está en proceso, por lo cual los traumas suelen tener consecuencias mucho más duraderas en ellos que en los adultos, para quienes la “estructura” de su edificio anímico se encuentra, por decirlo de algún modo, ya construida.

A la vez, debe tenerse en cuenta que los niños han perdido el acceso a lugares indispensables como las plazas, los parques y la escuela. Allí ellos habitualmente encuentran el juego, el esparcimiento y la interacción con los pares, construyen sus habilidades sociales y “respiran” un aire distinto a la densidad emocional que muy frecuentemente inunda sus hogares. El haberse visto coartados de dichos espacios promueve vías de escape sustitutivas que no del todo recomendables, como las que proveen los videojuegos o los dispositivos móviles.

¿Cómo los ayudamos desde nuestro lugar?

El único modo que tenemos los adultos de ayudar a los niños es ocupándonos de nuestra propia salud mental. Éste es, a mi juicio, el hecho fundamental. Nadie puede hacer por otro lo que antes no está dispuesto a hacer por sí mismo. Freud decía que la identificación es el modo más primitivo y eficaz del amor. Los niños copian lo que observan en los padres. Si los padres se encuentran desbordados, excedidos, frustrados, da igual lo que prediquen o enseñen a sus hijos. Si los padres se encuentran firmes, no importa cuán duros los embates, los niños encontrarán los recursos emocionales para sobrellevarlos.

¿Crees que podremos sacar algo positivo de toda esta situación?

Considero que sí. Muchas veces se advierte en la clínica que una enfermedad psicosomática, una crisis de pareja, profesional o académica termina siendo la ocasión que encuentra una persona para detenerse, escucharse y preguntarse cuál es su lugar en su familia, en la pareja, en la sociedad. Al inicio del tratamiento con frecuencia nos encontramos con que todas estas preguntas estaban silenciadas o en suspenso para la persona: a fin de cuentas, todos sabemos lo que “tenemos que” hacer para ser una mujer, un hombre, un padre, una madre…ahora bien, preguntarnos respecto de lo que nos hace bien y limitar lo que nos daña puede ser, paradójicamente, lo más difícil.

A nivel social ocurre algo parecido. Tal vez esta pandemia representa ese “monstruo” que hoy nos toca enfrentar para enterarnos de que, como decía Nietzsche, “de nadie estamos más lejos que de nosotros mismos”. Tal vez esta adversidad sea una buena ocasión para saber dónde estamos parados en nuestras vidas y con nosotros mismos. Es un momento angustiante y, por ello, la salud mental es hoy más necesaria que nunca. Es el compromiso de cada uno de nosotros atender esta necesidad y ocuparnos de ella, por nuestro bien y por el de quienes nos rodean.