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Raquel Nava: «Decir que sí cuando queremos decir que no, tiene un coste»

La psicóloga Raquel Nava nos habla sobre la necesidad de saber poner límites en las relaciones.

Raquel Nava: «Decir que sí cuando queremos decir que no, tiene un coste»

Las relaciones personales tienen un gran potencial para ofrecernos cosas buenas, tanto en lo relativo al apoyo material como en lo vinculado al apoyo emocional. Sin embargo, también nos exponen a ciertos retos y problemas que debemos afrontar para no dar lugar a asimetrías; es por eso que es importante ser capaces de defender nuestros intereses, poner límites y hacerlos valer cuando corresponde.

Este principio es también aplicado en el ámbito de la psicoterapia, donde se ayuda a las personas a desarrollar asertividad y a impulsar el autoconocimiento para conectar con los propios valores e intereses sin dejarse llevar por las presiones externas. Por eso, en esta entrevista a la psicóloga Raquel Nava hablaremos sobre el arte de poner límites en las relaciones.

Entrevista a Raquel Nava: la necesidad de establecer límites en nuestras relaciones

Raquel Nava es Psicóloga General Sanitaria especializada en la atención a adultos, y se entra en ofrecer terapia online. En esta entrevista nos habla sobre la importancia de saber poner límites en las relaciones personales que mantenemos.

¿Cuáles son los problemas más frecuentes que aparecen cuando no sabemos decir que no?

Decir que sí cuando en realidad queremos decir que no, tiene un coste, y en ocasiones es un precio demasiado alto, alguna de las consecuencias que podemos experimentar son, resentimiento, y frustración tanto hacia los demás como con uno mismo, también puede aparecer ansiedad, depresión, pensamientos rumiativos, decepción, sentimientos de culpa, baja autoestima, crítica interna excesiva, estallidos de ira…

En muchas ocasiones la ausencia de límites también influye de forma negativa a la relación, pudiendo incluso ser la causa de la ruptura de la misma, ya sea de amistad, de familia o de pareja, podemos llegar a evitar a esa persona.

Una cosa que hay que tener en cuenta, es que cuando hablamos de límites también hablamos de límites con nosotros mismos; una exigencia excesiva, unas expectativas muy altas, querer siempre complacer a los demás, tienen también sus consecuencias y debemos ser conscientes de ellas y empezar a frenarnos, saber cuándo no puedo llegar a todo, cuando tengo que delegar o cuando no puedo ayudar a ese familiar o amigo… Decirme no a mí misma también es importante.

¿Las relaciones en las que faltan límites suelen producir desequilibrios de poder?

Los límites son los cimientos sobre los que construir relaciones saludables, es muy complicado mantener una relación saludable con otra persona si no hay comunicación, si no decimos lo que nos gusta o nos disgusta, lo que nos parece bien y lo que nos parece mal.

Lo más probable ante este tipo de relaciones es que una de las partes sea la que establece las “reglas del juego” es decir sus propios límites y la otra persona simplemente tendrá que seguir sus reglas, produciéndose un claro desequilibrio.

En muchas ocasiones la otra parte puede no ser consciente de este desequilibro, por la falta de comunicación. Lo que suele suceder en este tipo de relaciones es que llega un momento en que desbordamos, por haber dejado de lado nuestros gustos, aficiones, intereses… por la otra persona, nos cansamos de aguantar y estallamos, esto suele pillar a los demás desprevenidos pues nunca antes habíamos comunicado nuestro descontento. Mientras que, en otras ocasiones, la otra persona puede ser consciente de nuestra incapacidad para poner límites y aprovecharse de ella, es algo que se puede observar cuando comenzamos a poner límites, quien sigue a nuestro lado y quien se va.

¿Es habitual que personas que no tienen una especial predisposición a temer el rechazo o el “qué pensarán de mí” no fijen límites en sus relaciones simplemente por pura inercia, por no pensar en ello o por el hecho de subestimar los efectos nocivos que eso puede tener?

No existe una única razón por la cual somos incapaces o nos cuesta decir que no o marcar los límites, todo depende de cada persona, de sus vivencias, sus experiencias, sus aprendizajes y su forma de relacionarse con los demás.

Sí es cierto que, como dices, una de las razones de no fijar límites suele venir por no ser conscientes de la importancia de los mismos. Solemos escudarnos en “no es para tanto”, “no era tan importante”, ”total, no pasa nada”, ignorando por completo nuestras emociones e incomodidad, y en realidad sí que es para tanto, sí que es importante y sí que pasa, pues una gota cayendo sobre una piedra no tiene consecuencias, pero gota, tras gota, tras gota, la piedra puede llegar a romperse.

Otras razones por las que nos cuesta poner límites, aparte del miedo al rechazo, la crítica y el desconocimiento de las consecuencias:

  • Creer que no vamos a poder gestionar las emociones y la situación derivada de establecer un límite.
  • Nuestra educación, y cómo gestionaban nuestros padres o figuras de referencia esas situaciones, al final ellos actúan como modelo en nuestro aprendizaje.
  • Creencias como: decir que no es egoísta, o medir tu valía en función de la ayuda que das.
  • Imaginarse los peores escenarios.
  • Problemas de autoestima.
  • Miedo a ser cruel, a ser borde, al conflicto.
  • O simplemente no saber cómo empezar a comunicar tus límites.

¿Cuáles son los principales aspectos de la comunicación asertiva para ser capaces de decir lo que creemos que debe ser dicho en una conversación?

La comunicación asertiva parte de la premisa del respeto, respetar los derechos, límites y opiniones de los demás pero también los propios. Partiendo de eso, uno de los principales aspectos de la comunicación asertiva es una buena gestión emocional, entender nuestras emociones y escucharlas suele ser la base para poder tener una relación sana con nosotros mismos y con los demás, cuando ignoramos las señales de nuestras emociones y de nuestro cuerpo, cuando no somos conscientes de nuestra incomodidad es más probable que pasemos por alto comportamientos de otras personas que nos hacen daño.

Las emociones no son nuestras enemigas y siempre vienen con la intención de comunicarnos algo, quizás ese enfado que sientes te este diciendo que no debes tolerar ese comportamiento, por lo tanto, debemos escuchar a esa emoción, entender que nos quiere decir, saber si se adecua a la situación que estamos viviendo y una vez gestionada la emoción comunicar nuestro malestar, es importante hacerlo cuando estemos más calmados, sin atacar a la otra persona y sin reproches.

Comunicaremos nuestro malestar de una forma neutra, describiendo la conducta y no a la persona, y siempre expresándonos en primera persona, cómo me he sentido, que he pensado, y por último decir que te gustaría que sucediera en otra ocasión, hacer todo esto sin una buena gestión emocional es tremendamente complicado.

Como psicóloga, ¿cuáles consideras que son las mejores estrategias para ayudar a las personas que tienen problemas para fijar límites en sus relaciones con seres queridos?

Ahora que se acercan las navidades, y es una época de juntarte con familia y amigos, puede ser un buen momento para empezar a establecer límites, resulta de mucha ayuda hacer el siguiente ejercicio:

Hay que empezar haciéndonos conscientes de cuáles son nuestros límites, nuestras rayas rojas, para ello podemos elaborar dos listas en una pondremos aquellas actitudes, comentarios o situaciones que cosas pueden ser negociadas y en la otra las que son innegociables.

Una vez hecho esto y para practicar cogemos una de las situaciones de la lista, es mejor empezar por la que más fácil nos resulte, y escribimos cómo lo comunicaríamos: quiero que.., me gustaría… espero que… Intenta no justificarte demasiado. A continuación, piensa en cómo te gustaría decírselo, por mensaje, por llamada, cara a cara, donde y cuando (ahora o cuando vuelva a suceder).

Una vez aquí releemos la forma en la que vamos a comunicar el límite, si es asertiva, no es atacante, ¡ya lo tenemos! Si no es así, podemos reformularla.

Comunícalo cuando, donde y de la forma que te haga sentir más cómodo. Es importante remarcar que es probable que después de comunicarlo pueda aparecer cierta incomodidad o incluso miedos, ten preparadas algunas actividades que te hagan sentir bien, dar un paseo, dibujar, escribir…

Si ves que te cuesta, que esta problemática está interfiriendo con tu vida diaria, que no eres capaz de gestionar la incomodidad o que no sabes cómo hacerlo busca ayuda de un profesional.

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