Todas las personas anhelan estar en posesión de la razón. Cuando mantenemos una idea en nuestro fuero interno es porque consideramos que es la mejor de entre todas las posibles en un determinado asunto, y raramente cedemos a abandonarla sin luchar antes.

Y es por ello que, al entregarnos al calor de la batalla dialéctica, muchas veces hacemos uso de estrategias de persuasión que rompen con la lógica formal; o somos víctimas de las tretas de otros por llevar nuestra opinión a su terreno (y a veces sin darnos cuenta).

A este tipo de malabares de la lógica, que con mucha frecuencia precisamente la obvian y la relevan a un segundo orden de importancia, lo conocemos como falacias. En ocasiones, tales falacias son sesgos cognitivos que dañan más a quien los usa que a los demás.

En este artículo abordaremos, concretamente, las falacias informales. Conocerlas es esencial para desarrollar la competencia suficiente con nuestras palabras para salir victoriosos de los debates, así como para resguardarnos de las trampas que nuestra mente (u otras personas) pueden tendernos ocasionalmente.

¿Qué son las falacias informales?

Las falacias informales son razonamientos en los que se utilizan premisas que en apariencia podrían resultar lógicas, pero que en realidad esconden un error en su propia estructura (los argumentos tienen sesgos de planteamiento o aluden a la irracionalidad). En alguna ocasión disponen de una secuencia que a nivel formal es intachable, por lo que no resultan sencillas de reconocer. El objetivo del presente texto es arrojar luz sobre este asunto, y proporcionar la base necesaria para identificarlas en nosotros mismos o en los demás.

Tipos de falacias informales

Seguidamente veremos cuáles son las 20 falacias informales más importantes, así como en qué consiste cada una de ellas. Con el fin de facilitar su total comprensión, repasaremos también ejemplos concretos.

1. Ad hominem

La falacia ad hominem alude directamente a la persona que pronuncia un argumento, pero no repara en ningún momento en la veracidad o la lógica de lo que dice. El fin, en tal caso, es desacreditar al interlocutor o menospreciar su opinión basándose en "supuestas" cualidades indeseables, que atenten contra las fortalezas de su esfuerzo de persuasión. Por ejemplo: "si no estudiante en la universidad eres un total ignorante, y no tienes derecho a dar tu opinión sobre este asunto".

2. Ad baculum

La estructura de un argumento se sustenta de un modo ilógico, recurriendo a la imposición, la amenaza o la violencia con el fin de persuadir a los demás sobre que lleven a cabo una acción o asuman como propia una actitud. El contenido de tales mensajes carece de fundamentos de cualquier tipo, y suele producirse en el contexto de una relación vertical o asimétrica (desde aquel que ostenta la autoridad hacia el que no la posee). Por ejemplo: "esto se hace así porque lo digo yo".

3. Ad verecundiam

Se afirma que cierta cosa es verdadera por la única razón de que aquel que la dice tiene una posición de autoridad o es un experto sobre la cuestión que se trata.

El prestigio de la fuente es el único motivo que se esgrime para validar un argumento, sin considerar el hecho de que las personas puedan incurrir en errores (u otro tipo de sesgos) pese a disponer de profundos conocimientos. A veces también se afirma que algo es cierto por haber sido publicado en los medios. Por ejemplo: "eso debería ser verdad, porque lo han dicho por la tele".

4. Ad populum

Se recurre a la creencia general sobre el tema en discusión para inferir, a partir de ello, que la postura que se mantiene sobre él es correcta o veraz. A partir de esta falacia se deduce que el consenso popular señala indudablemente lo acertado, por lo que la dirección en que otros opinan ha de alzarse como el estándar a partir del cual orientar la propia visión de las cosas. Por ejemplo: "si esta canción es la primera en las listas de ventas, es porque debe ser buena y digna de ser escuchada".

5. Ad ignorantiam

Pese a que la posibilidad de falsear cualquier hipótesis es una característica necesaria para que pueda ser considerada en el ámbito de la ciencia, esta falacia señala que la incapacidad para demostrar que algo es erróneo comporta que debe ser cierto. Quien hace uso de ella no considera importante demostrar la certeza de lo que está afirmando, sino que el interlocutor pruebe su falsedad. Por ejemplo: "Yo tengo un león en el garaje, y si no demuéstrame que lo estoy inventando".

6. Ad antiquitatem

Las tradiciones son para mucha gente la guía básica para conducirse a sí mismos en la vida y en sus decisiones respecto a cómo proceder ante la incertidumbre cotidiana. De tal manera, lo que se transmite intergeneracionalmente se erige como la regla más básica, y la razón por la que algo debe ser correcto o incorrecto. Las personas que hacen uso de esta falacia dicen que si una forma de "hacer las cosas" resultó útil durante mucho tiempo, seguirá siéndolo en el presente y en el futuro. Por ejemplo: "esto es así porque toda la vida lo ha sido".

7. Ad novitatem

Esta falacia puede ser considerada un espejo de la anterior. En tal sentido, se respaldará la veracidad de cualquier argumento aludiendo a su novedad o al hecho de que se oponga a lo que antaño se consideraba de modo diferente. Quienes lo usan creen que el paso del tiempo siempre propicia una mejoría, por lo que todo cuanto haya surgido recientemente sustituirá a lo que se ha hecho por tradición. Por ejemplo: "la tecnología de hoy es tan avanzada que las películas actuales son mucho mejores que las de hace veinte años".

8. Post hoc ergo propter hoc

Esta falacia se basa en la mala interpretación de la contigüidad, en el sentido de que todo lo que suceda antes de un evento deberá ser su razón. Pese a que es cierto que las leyes de la causa y el efecto requerirían de la cercanía temporal (y física) de la una y el otro, no todo lo que acontece en las proximidades de algún hecho se relacionará directamente con él. Por ejemplo: "todos gritaron en el momento en que el profesor entró en clase, por lo que ese fue el motivo de que lo hicieran". Tambien ha recibido el nombre de correlación coincidente.

9. Equívoco, ambigüedad o antanaclasis

Se utilizan palabras polisémicas, o que tienen múltiples significados, con el fin de ofrecer un razonamiento cuyo procesamiento traslade al sujeto que pudiera recibirlo a interpretaciones muy ambiguas. En alguna ocasión es posible, incluso, que las propias connotaciones que se desprenden de ello sean tan discrepantes que se estime la intención de manipular al oyente a partir del "retorcimiento" de la rica semántica de una lengua. Por ejemplo: "el fin de la vida es únicamente la propia muerte" (entendiendo "fin" como "propósito" o como "final").

10. Hombre de paja

Esta falacia consiste en llevar el argumento de la persona con la que se interactúa hasta sus últimas consecuencias, forzándola a asumir la posición más extrema posible y distanciándola de la moderación. De esta manera es posible que un razonamiento sopesado se desdibuje y deforme, facilitando contraargumentos mucho más sencillos.

Esta falacia también supone la tergiversación del propósito original, hasta que este acabe tornándose uno distinto y difícil de defender. Por ejemplo: "si dices que todas las personas son iguales, y los asesinos son al fin y al cabo personas, entonces eres como todos los asesinos".

11. Afirmación del consecuente

Todo suceso puede ser dividido en sus causas y sus consecuencias, o lo que es lo mismo, en antecedentes y en consecuentes. A veces un hecho puede tener más de una consecuencia y, además, cuando esta última se presenta no es necesario que haya sido precedida por una única causa. Este proceso conduce a extraer conclusiones que pueden ser ciertas, pero que no exploran la totalidad de las opciones que podrían entrar en juego. Por ejemplo: "cuando llueve el suelo se moja. Como este suelo está mojado, puede decirse que ha llovido con toda seguridad".

12. Negación del antecedente

Este caso es opuesto al anterior. Al igual que en aquel, es necesario desmenuzar un hecho en sus causas y sus consecuencias. Tras ello, se trataría una causa como el "valor absoluto" para la consecuencia implicada, omitiendo en este acto cualquier factor explicativo adicional para el consecuente.

Por ejemplo: "la persona que trabaja consigue lo que pueda desear. Si no trabaja, entonces nunca lo logrará" (pese a que podría hacerlo a través de otros medios, como el azar, o por el cambio de sus metas por otras en las que el trabajo no sea tan relevante).

13. Generalización apresurada

Esta falacia implica que, a partir de una serie de vivencias personales aisladas (que no son representativas de la realidad), se lleva a cabo la generalización de un fenómeno mucho más complejo. Se trata de un mecanismo a través del cual se simplifica cognitivamente un hecho demasiado complicado para ser aprehendido de una manera plena y absoluta, y por el cual muchísimas veces nacen estereotipos injustos para quien carga con ellos. Por ejemplo: "una vez fui al médico y erró con mi diagnóstico, y es que son todos unos ineptos".

14. Petición de principio

Esta falacia implica la articulación de premisas que, por su misma formulación, aprueban una serie de supuestos que no han sido validados en realidad. Y esto es así porque, al aceptar el contenido de las mismas, se aceptan de forma secundaria otros aspectos distintos que no se han podido corroborar.

De esta manera, si se está de acuerdo con el razonamiento original, se estarán aprobando otros sin que realmente nos demos cuenta. Por ejemplo: "yo siempre digo la verdad" (de lo que se deducirá, sin una evidencia sólida, que nunca miente).

15. Falacia del jugador

Esta falacia distorsiona las leyes reales de la probabilidad atendiendo a sucesos del pasado que realmente no tienen relevancia. Se utiliza, sobre todo, en temas relacionados con el azar y ha podido comprobarse sistemáticamente en quienes padecen juego patológico. Puede ser un problema cuando les anima a persistir en la conducta que les está conduciendo a la ruina económica. Por ejemplo: "al lanzar la moneda al aire, tanto la cara como la cruz tienen hasta un 50% de probabilidad de aparecer. Ya lo he hecho nueve veces y todas ha salido cara, por tanto es más probable que a la próxima salga cruz".

16. Ad nauseam

La falacia ad nauseam consiste en repetir una misma idea las veces suficientes para hacerla real para el interlocutor. Se basa en la premisa de que "cuando una mentira se dice una y otra vez acaba convirtiéndose en una verdad". Se trata de una estrategia muy usada en el sector de la publicidad, a partir de la cual se pretende afianzar la confianza del consumidor mediante la reiteración de las supuestas ventajas de un producto o servicio en los distintos medios de comunicación. Por ejemplo: "nuestra pasta de dientes es la más eficaz para la prevención de las caries" (repetido en distintos canales y en múltiples franjas horarias).

17. Ad misericordiam

Esta falacia informal recurre a la lástima o a la piedad con el fin de reforzar la idoneidad de lo que se pretende lograr. Supone una búsqueda de la razón, o de la persuasión interpersonal, apelando a las emociones del interlocutor y a su empatía respecto a nuestra situación. Las emociones tienen aquí un papel relevante, ya que son manipuladas obviando la lógica más básica. Por ejemplo: "apruébeme el examen, por favor, no sabe los días que he pasado sin dormir…".

18. Ad consequentiam

Esta falacia sugiere que, si las consecuencias que se derivan de una premisa son negativas, esta no puede ser cierta. Así, los argumentos quedan despojados de su veracidad porque, si se aceptaran, se asumiría con ello algo que no resulta agradable o que incluso puede devenir catastrófico. Como puede observarse, se halla muy cerca de la negación, y tiene un sustrato emocional muy importante. Por ejemplo: "eso del cambio climático es una patraña, porque si fuera cierto en apenas unos siglos el planeta se iría a pique".

19. Falso dilema

Esta falacia pretende reducir una multiplicidad de posibles opciones a elegir en tan solo dos alternativas, y a menudo excluyentes. Se crea así un dilema artificial en el que la persona se ve obligada no solo a decantarse por cualquier opción entre las pocas que se le ofrecen, sino también a aceptar sin mayor reflexión la senda que otros han trazado para ella. Por ejemplo: "o estás conmigo o estás contra mí".

20. Falacia ad crumenam y ad lazarum

Estas falacias suponen la atribución de verdad al argumento por el hecho de que quien lo usa es rico (ad crumenam) o pobre (ad lazarum). Es similar a los sesgos cognitivos del ganador y del perdedor, un fenómeno bien conocido en la Psicología Social que explica cómo la gente se posiciona a favor de un individuo por estar en una situación de privilegio o desventaja en un contexto competitivo concreto (sobre todo en el político). Así, se centra en los recursos, o la ausencia de ellos, como un criterio a partir del cual reconocer la bondad de los discursos. Por ejemplo: "si lo dice Bill Gates debe de ser cierto".

Referencias bibliográficas:

  • Cummings, L. (2014). Informal Fallacies as Cognitive Heuristics in Public Health Reasoning. Informal Logic, 34, 1 - 37.
  • Hitchcock, D. (1989). Informal Fallacies. Teaching Philosophy, 12, 49 - 51.