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El cuerpo del ser humano, al igual que el de casi todos los cuerpos que pueblan el conjunto de formas de vida animal, sigue unos patrones de simetría

Tenemos dos brazos, dos piernas, dos ojos y una nariz en nuestro eje central, y la misma lógica se repite en la disposición de casi la totalidad de nuestros órganos. Estamos adaptados para percibir y actuar de forma muy parecida tanto hacia la izquierda como hacia la derecha.

¿Qué son la lateralidad y la lateralidad cruzada?

Tal y como cabría esperar, estas mismas normas se plasman en la forma de nuestro cerebro. Tenemos dos hemisferios cerebrales, cada uno a izquierda y derecha, que son algo así como imágenes especulares el uno del otro... al menos a simple vista. En realidad ambos hemisferios son muy distintos a nivel celular y, de hecho, se encargan de procesos distintos. Todos conocemos esa idea que dice que el hemisferio derecho es racional y analínico, mientras que el derecho es emocional y responde de manera especial a la música.

Estas sutiles variaciones hacen que para ciertas tareas tengamos un lado de nuestro cuerpo que responde de manera diferente a su lado opuesto, ya que cada una de estas mitades está relacionada con uno de los dos hemisferios del cerebro. Por ejemplo, casi todos tenemos una mano dominante y nos consideramos diestros, ya que utilizamos la derecha para casi todo. Sin embargo, este hecho no significa que tengamos una mitad del cuerpo que sea enteramente dominante. Curiosamente, es posible que una persona tenga una mano derecha dominante, pero que ocurra lo contrario con sus ojos o sus piernas. Estos son los casos de lateralidad cruzada.

Lateralidad cruzada, lateralidad homogénea y dominancia

Normalmente hablamos de lateralidad homogénea, porque las personas cuya mano dominante es la de un lado tienden a tener alineadas en esa mitad las dominancias del resto de sus miembros y sentidos. Por lo tanto, cuando hablamos de lateralidad estamos haciendo referencia a las distintas dominancias que existen en una persona, y el conjunto de esas dominancias será lo que defina si se da una lateralidad cruzada u homogénea.

En todo caso, la lateralidad cruzada es una forma más de lateralidad, y la existencia de uno u otro tipo es una consecuencia del funcionamiento de nuestro sistema nervioso. Eso significa que es en las interconexiones de nuestras diferentes partes del cuerpo a partir de los nervios donde tienen que buscarse las causas de uno u otro tipo de lateralidad, y esta puede definirse también por las áreas del cuerpo a las que afecta. En ese sentido, existen diferentes clases de dominancia que sirven como criterio para definir el tipo de lateralidad:

  1. Dominancia manual: definida por la dominancia de una u otra mano a la hora de coger objetos, escribir, tocar, etc.
  2. Dominancia podal: definida por la dominancia de uno u otro pie para dar patadas, chutar una pelota, mantenerse sobre una sola pierna, etc.
  3. Dominancia auditiva: tendencia a usar más uno u otro oído para escuchar, colocarse un auricular, etc.
  4. Dominancia ocular o visual: definida por el ojo dominante a la hora de apuntar con la mirada.

¿Por qué existe la lateralidad cruzada?

No se conocen muy bien los mecanismos nerviosos por los que se da uno u otro tipo de lateralidad, ni por qué a veces se dan casos de lateralidad cruzada siendo que lo mayoritario es que exista la homogénea. En todo caso, la lateralidad cruzada sería una prueba de que no existe un gran centro de planificación encargado de coordinar las distintas dominancias o que, si existe, su función o es imprescindible.

De todas formas, actualmente se cree que la lateralidad cruzada podría dar algunos problemas a la hora de coordinar las partes del cuerpo cuya dominancia es discordante, como por ejemplo a la hora de escribir. Faltan investigaciones en este sentido, pero se considera cauto tener en cuenta la lateralidad cruzada como un factor de riesgo en la aparición de trastornos del aprendizaje en niños.

De todas formas, como el sistema de conexiones entre neuronas sobre el que sea asienta la dominancia es altamente plástico (es decir, adaptable según nuestros aprendizajes y experiencias) la lateralidad no viene determinada sólo por la genética, sino que también influye en ella la conducta aprendida, la cultura, los hábitos, etc. 

La lateralidad cruzada no es una excepción a esta norma, y por lo tanto puede aprenderse a mitigar los efectos de una dominancia muy extrema para utilizar también la parte del cuerpo homóloga en la otra mitad, pasando a hablar en este caso de lateralidad forzada.