Cuando hay amor… y aun así hay traición

No todas las infidelidades ocurren donde el amor se terminó: una de las verdades más incómodas.

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Creemos que la infidelidad ocurre cuando el amor se termina.

Es una idea tranquilizadora porque nos permite creer que el amor verdadero nos dejaría a salvo de algo así. Que si la infidelidad ocurrió, es porque ya no había amor verdadero. Y eso, aunque duela, resulta más fácil de digerir que aceptar que alguien puede amarnos y aun así traicionarnos. O que nosotros mismos no estamos exentos de esa contradicción.

Sin embargo, muchas veces lo que se ha debilitado no es el amor sino la intimidad emocional.

La intimidad emocional no es solo sexo. Es algo más profundo. Es poder decir “no estoy bien” sin sentirse débil. Es poder compartir miedos, inseguridades, cansancio o dudas sin temor a decepcionar al otro. Es sentirse visto de verdad, no solo como madre, padre, proveedora o compañero, sino como la persona que uno es realmente por dentro.

Hay parejas que funcionan como un gran equipo.

Estas parejas se organizan, se apoyan, crían hijos, sostienen proyectos, resuelven problemas, se respetan y se quieren. Pero hace tiempo que dejaron de mostrarse por dentro.

La vida en común sigue, pero algo más silencioso se pierde. Ya no hay ese espacio donde uno puede decir lo que realmente le pasa. Uno teme mostrarse vulnerable porque siente que está fallando.

Y cuando ese espacio desaparece, el vínculo puede seguir funcionando, pero deja de ser un lugar de verdadero encuentro.

Comprender esto no justifica la infidelidad en absoluto. El daño es real y hondo y la ruptura de confianza es muy fuerte. Pero entender esta complejidad permite salir de explicaciones simples que no siempre ayudan a comprender lo que está realmente en juego.

El dolor de la infidelidad

No duele solo el engaño, duele lo que se rompe por dentro.

Para quien la sufre, la infidelidad es un golpe profundo. No es solo el hecho. Es la sensación de sentirse reemplazable. Es la comparación inevitable. Es la duda que aparece incluso cuando uno sabe que no debería dudar de sí mismo.

También se rompe algo invisible pero esencial: la sensación de seguridad emocional.

Muchas personas describen ese momento como una pérdida de suelo. Ya no miran al otro de la misma manera. Y algo en su propia confianza también se resquebraja.

Es una herida que toca el núcleo de la identidad y del vínculo y sanar esa herida lleva tiempo.

Cuando ocurre una infidelidad, lo que suele doler profundamente, no es solo el acto en sí, sino la sensación de haber quedado afuera de la conciencia del otro. Como si, por un momento, todo lo vivido juntos no hubiera estado presente. Muchas personas preguntan a su pareja:

“¿No pensaste en mí?”

“¿No te importó lo nuestro?”

No es una pregunta racional. Es una pregunta existencial. Es el intento de entender si el vínculo que uno creía real también era real para el otro.

Hay preguntas que no tienen una respuesta única

Cuando ocurre una infidelidad, la pregunta no es solo “¿por qué pasó?”. La pregunta que realmente desvela es otra:

  • ¿Se puede seguir después de esto?
  • ¿Se debe perdonar?
  • ¿Irse es dignidad?
  • ¿Quedarse es debilidad?

No hay una respuesta universal. Ojalá las relaciones fueran más fáciles de entender, pero no lo son. Están hechas de personas, y las personas somos complejas. Cada vínculo tiene su historia. Cada persona tiene sus límites. Y aquí, hay algo muy importante: ninguna decisión profunda puede tomarse desde el miedo o desde lo que los otros creen que debería hacerse.

Después de una infidelidad, aparecen muchas voces. Algunas dicen “ándate”. Otras dicen “perdona”. Otras hablan desde su propia historia, sus propias heridas, sus propias convicciones proyectadas en quien está sufriendo.

Pero quien tiene que vivir con la decisión es uno mismo. Y encontrar esa claridad lleva tiempo.

Hay algo que marca una diferencia fundamental: lo que ocurre después.

No es el error lo que define. Es la responsabilidad posterior. La infidelidad es una decisión. Y como tal, implica responsabilidad. El futuro del vínculo no depende únicamente de pedir perdón, sino de la conciencia que aparece después. Esto es fundamental porque no es lo mismo sentirse mal por haber sido descubierto que comprender el daño causado. El arrepentimiento verdadero no exige que la pareja “supere” rápidamente lo ocurrido. No minimiza. No justifica. No desplaza la responsabilidad. Sino que:

  • Escucha.
  • Tolera el enojo.
  • Responde preguntas incómodas.
  • Y no se demuestra con palabras, sino con cambios reales que se sostienen en el tiempo.

Sin responsabilidad real, no hay reconstrucción posible.

Algunas relaciones terminan. Otras cambian para siempre.

¿Se puede reconstruir el vínculo?

A veces sí.

A veces no.

Depende de la honestidad. Depende de la capacidad de asumir lo ocurrido sin excusas. Depende de si ambos están dispuestos a reconstruir la intimidad emocional que se había debilitado.

Reconstruir no es olvidar ni tampoco es hacer de cuenta que nada pasó. Es decidir, con conciencia, si el vínculo que existe hoy merece una nueva oportunidad. Algunas parejas se separan, y esa es la decisión más coherente. Otras continúan, pero la distancia emocional permanece. Y algunas, atravesando conversaciones difíciles, cuestionándose, haciéndose cargo de lo propio y, muchas veces, con ayuda profesional, construyen una relación distinta.

Y esta reconstrucción de la relación no es idílica pero sí sumamente honesta.

La infidelidad es una crisis y las crisis revelan.

Revelan lo que estaba oculto. Revelan los límites de cada persona. Revelan la verdad del vínculo.

No se trata de justificar ni de condenar automáticamente. Se trata de ver con honestidad quién es el otro ahora, y quién es uno dentro de ese vínculo.

Porque la verdadera pregunta no es solo qué o por qué ocurrió, sino qué es posible a partir de aquí. Hay que ver si hay responsabilidad, si hay verdad y si ambos están realmente dispuestos a reconstruir lo que se rompió.

Georgina Hudson

Georgina Hudson

Terapeuta Transpersonal, Coach Vida Y Estrategia, Coach Transformacional

Profesional verificado
Barcelona
Terapia online

Fundamentalmente, es importante dilucidar si uno puede volver a habitar esa relación sin traicionarse. Porque cuando la ilusión se rompe, lo único que puede sostener un vínculo es la verdad.

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Georgina Hudson. (2026, febrero 23). Cuando hay amor… y aun así hay traición. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/pareja/cuando-hay-amor-y-aun-asi-hay-traicion

Coach

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Georgina Hudson es coach de vida y estrategia, con consulta en Barcelona. Está formada como Coach Transformacional, de Vida y Estratégica, y es Experta en Psicología Transpersonal. Está especializada en Mindfulness, Neurociencias, Flow y PNL, y cuenta con un M. Sc. en Enseñanaza.

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