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Por qué superar una Ruptura no es borrar los Recuerdos de tu Ex

Este es el motivo por el que pasar página tras una ruptura no implica olvidar a tu expareja.

Por qué superar una ruptura no es borrar los recuerdos de tu ex

Después de una ruptura amorosa, las personas caemos en la falacia de creer que es necesario borrar nuestros recuerdos con nuestra expareja para poder salir adelante. Peor aún, creemos que eliminar los recuerdos es posible. Sin embargo, lo más probable es que solo hagan falta algunos días o semanas para que esos recuerdos reaparezcan en nuestras mentes: al pasar junto a una planta de jazmín, podríamos recordar el aroma que tenía la ropa de esa persona; un paisaje en la televisión podría avivar la memoria de un viaje compartido; y, cómo no, los recuerdos que de cuando en cuando nos arrojan nuestros teléfonos móviles podrían enseñarnos una fotografía que preferiríamos no haber visto. Los recuerdos de una persona que no está más en nuestra vida son dolorosos, pero no podemos eliminarlos. En este artículo reflexionaremos acerca de éste tema.

¿Podemos olvidar a una expareja?

En primer lugar, para ahondar en el tema de este artículo, podríamos partir del siguiente interrogante. Es posible que no deseemos traer al momento presente memorias de una persona que queremos superar —en especial, aquellas que cuentan con una carga emotiva importante—, pero, ¿en qué medida el recuerdo de los eventos que compartimos con nuestra expareja depende de nosotros?

La memoria humana no es un mero archivo de información que se encuentra en algún lugar recóndito de nuestra mente. Aunque es cierto que la información que aprendemos acerca de la realidad se encuentra almacenada de forma organizada, de acuerdo a su contenido semántico, la memoria cuenta con determinados mecanismos para recuperar o perder la información que, a día de hoy, a la ciencia le resulta fascinante.

El estudio de la cognición humana ha convenido que, de acuerdo con el modelo del procesamiento de la información, el sistema cognitivo cuenta con una memoria de trabajo o memoria operativa que es aquella que utilizamos para actuar sobre situaciones del momento presente. Supongamos, ésta podría ser la resolución de un ejercicio de matemáticas. Esta memoria tiene una capacidad limitada —es decir, no podemos operar con demasiada información al mismo tiempo— y la duración de la información es breve.

Sin embargo, cuando estamos realizando una operación numérica, es necesario que contemos con una serie de conceptos que hemos aprendido previamente en algún momento de nuestras vidas, como los conceptos de “número”, “símbolo matemático”, “multiplicación”, “ecuación”, “derivada”, etcétera. Esta información no la tenemos presente mientras llevamos a cabo nuestras actividades cotidianas, sino que se encuentra almacenada en nuestra memoria de largo plazo, de capacidad muchísimo mayor, y la traemos a la memoria de trabajo cuando la necesitamos para una tarea específica. A este proceso se lo denomina recuperación de la información.

Ahora bien: cuando se nos viene a la mente un recuerdo de una expareja de forma accidental, es porque un estímulo del medio ha activado cierta información en nuestra memoria de largo plazo (es decir, la ha recuperado). Este proceso es automático, rápido y es una clara ventaja evolutiva. Por lo tanto, es imposible manipularlo a nuestra voluntad y determinar qué recuerdos queremos traer a nuestra memoria operativa y qué otros recuerdos no. Reconocer esto puede ser difícil, ya que las personas caemos una y otra vez en la tendencia a intentar controlar nuestras emociones, pensamientos y nuestros recuerdos también, a pesar de que sea en vano.

Además, como veremos a continuación, cuando se trata de recuerdos que involucran una intensa carga emocional, la memoria lleva a cabo distorsiones que podrían modificar el modo en el que observamos dichos recuerdos.

Las emociones tras una ruptura y su relación con nuestros recuerdos

Cuando finaliza nuestra relación con una persona, es esperable que emerjan todo tipo de reacciones con un alto contenido emocional, desde la ira hasta la tristeza profunda. Experimentar estas emociones es algo completamente normal. Durante este proceso, es necesario permitirse experimentar esa montaña rusa sentimental sin resistencia. Esto incluye darse el permiso de recordar aquellos momentos compartidos con la otra persona, los buenos y los malos, por más dolorosos que sean.

Nuestras emociones tienen una estrecha relación con nuestros recuerdos, y es por ello que es tan importante recuperar este factor a fines de entender con mayor profundidad el tema de este artículo. Cuando nos encontramos vulnerables a nivel emocional, las personas tendemos a recuperar la información de manera selectiva. Es como si buscáramos entre los documentos de nuestra computadora con un filtro acorde a cómo nos sentimos.

Podríamos decir que las emociones y los recuerdos nadan por el mismo arroyo. Si nos sentimos tristes tras la ruptura con nuestra expareja, es posible que traigamos a nuestra memoria eventos con el mismo carácter emocional. Otro mecanismo del que se vale nuestra memoria es el de tender a teñir recuerdos neutros con el color de nuestro dolor. Esto se debe, a nivel neurobiológico, a la estrecha relación que existe entre dos estructuras cerebrales: el hipocampo y la amígdala.

Es posible avanzar sin dejar de recordar a tu ex

Lo desarrollado hasta ahora podría permitirnos arribar a las siguientes conclusiones. Por una parte, no está completamente en nuestro campo de acción el decidir qué recordamos y qué no. Por otro lado, ya que nuestra memoria actúa con cierta independencia respecto a nuestra voluntad, es posible que nuestros recuerdos estén sesgados por las emociones que estemos sintiendo en este momento específico.

Estos hechos podrían ser entendidos como una desventaja: queremos borrar los recuerdos de nuestra expareja, pero no podemos conseguirlo. Sin embargo, es posible adoptar una perspectiva distinta frente a este panorama: ¿Necesitamos borrar los recuerdos con esa persona para avanzar? ¿Necesitamos, en verdad, olvidar para superar a alguien? En verdad, renunciar al control de nuestros recuerdos y aceptar radicalmente que vendrán algunos recuerdos a nuestra mente muy dolorosos es algo sencillo de decir pero muy difícil de llevar a cabo. Sin embargo, el dolor es humano, universal y pasajero. Lo más probable es que, con el transcurrir del tiempo, aquellas memorias con nuestra expareja se hagan presentes con una frecuencia mucho menor, o, si lo hacen, es posible que no estén cargadas de ese peso emocional que hoy tanto nos lastima.

Sabemos que el tiempo no todo lo cura. Hay historias que pueden cocer dentro de uno incluso habiendo pasado meses o años. Las personas podemos experimentar en carne viva nuestras historias del pasado con tan sólo una imagen, un pensamiento o un olor. Eso sí, también podríamos extender esta actitud abierta y compasiva para con nosotros mismos: si el recuerdo con una pareja nos siguiera doliendo incluso habiendo pasado un largo período de tiempo… ¿significa eso que no hemos superado a nuestra expareja? Desde aquí, consideramos que no necesariamente.

Paloma Rey Cardona

Paloma Rey Cardona

Psicóloga General Sanitaria

Profesional verificado
València
Terapia online

Podemos continuar con nuestras vidas aún en presencia de ese dolor; tomándolo no como un enemigo, sino más bien como un compañero de viaje. Quizás, en verdad, el hecho de que los recuerdos de nuestro ex advengan sin preámbulos es sólo una artimaña más de nuestra memoria.

  • Aranzueque, G. (1997). Paul Ricoeur: Memoria, olvido y melancolía. Revista de Occidente (198): pp. 105 - 122.
  • Biscotti, O. (2006). Terapia de Pareja: una mirada sistémica. 1a. ed. Buenos Aires: Lumen.

Psicóloga

València
Terapia online

Paloma Rey es Psicóloga General Sanitaria. Ofrece atención a población infanto-juvenil y adulta, tanto de forma presencial como online, en casos de ansiedad, depresión, baja autoestima, estrés, duelo, dificultades de aprendizaje, entrenamiento en habilidades sociales y comunicación,resolución de conflictos, problemas de conducta y gestión emocional, y TDAH, entre otros. Para ello emplea técnicas propias de la terapia cognitivo-conductual, combinándolas con psicología positiva y Terapia de Aceptación y Compromiso.

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