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«Era como una adicción»: por qué cuesta tanto dejar un apego disfuncional

El vínculo traumático combina afecto, maltrato y esperanza, y puede dificultar dejar una relación.

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«Al final, era como una adicción, ¿sabes? Que te hace daño y, a la vez, no la puedes dejar». Margaret lo recuerda con una voz fina y amable, con cierta candidez que contrasta con el dolor de lo que cuenta. Durante aquella relación, había días en los que se sentía enamorada y otros en los que percibía que su presencia molestaba. Si intentaba hablar de lo que sentía, su pareja le llamaba «intensa». Poco a poco, empezó a guardar sus emociones para no perder a la persona que quería.

«Me daba mucho miedo a perderlo… Y en realidad nunca estuvo conmigo. Y la que se perdía era yo», dice. En varias ocasiones decidió alejarse, pero las palabras bonitas y la esperanza de que las cosas cambiaran la llevaron a quedarse. Todavía se percibe el dolor en su relato, aunque también la convicción de quien reconoce que tomó la mejor decisión para sí misma. Su experiencia permite acercarnos al vínculo traumático, entender algunas de sus señales y explorar por qué romper una relación dañina puede ser tan difícil, incluso cuando empezamos a reconocer lo que nos ocurre.

¿Qué es el vínculo traumático?

El vínculo traumático describe un apego emocional intenso hacia una persona que ejerce maltrato, dentro de una relación caracterizada por el desequilibrio de poder y la alternancia entre daño y muestras de afecto. No es un diagnóstico clínico, sino un concepto que la psicología utiliza para describir esta dinámica. Aunque se emplea especialmente para hablar de parejas, también puede aparecer en otros contextos de abuso y explotación. Lo que tienen en común todos estos casos es la presencia de maltrato dentro del vínculo.

En 1993, los psicólogos Donald G. Dutton y Susan Painter publicaron en Violence and Victims un estudio que examinó esta dinámica en 75 mujeres que habían salido de relaciones abusivas. Los investigadores observaron que la alternancia entre malos tratos y momentos positivos, junto con las diferencias de poder, se relacionaba con un apego persistente hacia la expareja. Seis meses después, ese apego había disminuido, aunque no había desaparecido por completo. Los resultados respaldaron la relevancia de la dinámica relacional, si bien el tamaño y las características de la muestra limitan la posibilidad de generalizar los hallazgos a todas las relaciones.

¿Por qué cuesta tanto romper este vínculo?

Una de las explicaciones más citadas es el refuerzo intermitente: la alternancia impredecible entre experiencias desagradables y recompensas afectivas. Después de un periodo de indiferencia, una reconciliación o una muestra de cariño puede despertar una esperanza intensa. La persona se aferra a esos momentos positivos y espera que se mantengan, incluso cuando el comportamiento dañino se repite.

En el caso de Margaret, las palabras bonitas la llevaban a reconsiderar sus intentos de alejarse. A esto se suma la inversión emocional en la relación y el duelo por el futuro imaginado. «Creo que lo que más me pesaba era la frustración de aceptar que me equivoqué con el amor», explica. Terminar también puede significar aceptar que el esfuerzo realizado no se traducirá en el vínculo esperado. Seguir queriendo a alguien no significa que la relación sea saludable, ni que abandonarla sea emocionalmente sencillo.

En 2023, se publicó en Child Abuse & Neglect una investigación con 354 personas que mantenían relaciones abusivas. Allí se encontraron asociaciones entre el maltrato durante la infancia, la inseguridad en el apego adulto y el vínculo traumático. También se observó una asociación positiva entre este último y los síntomas de estrés postraumático. El estudio no demuestra que las experiencias infantiles determinen las relaciones futuras, pero sí identifica factores relacionados que requieren más investigación.

Señales que pueden ayudar a reconocerlo

No existe una lista de señales que permita identificar por sí sola un vínculo traumático. Sin embargo, hay patrones a los que conviene prestar atención cuando aparecen en una relación donde existe maltrato, control o intimidación. Entre ellos están justificar comportamientos dañinos, restarles importancia ante las advertencias de personas cercanas, sentir culpa por los conflictos o aferrarse a la esperanza de que la otra persona cambie, aunque sus promesas no se traduzcan en hechos.

Margaret recuerda que llegó a cuestionar sus propias necesidades. Pedir un saludo con un beso al reencontrarse podía parecerle demasiado; si su pareja desaparecía durante un fin de semana, encontraba explicaciones para justificarlo. «Ah, es que se le acabó la batería», recuerda haberse dicho. Mientras intentaba comprender al otro, dejaba de escuchar su propia intuición y trataba de evitar cualquier reacción que pudiera poner en peligro la relación.

Una señal a tener en cuenta es empezar a modificar lo que expresamos, pedimos o hacemos por miedo a la reacción de la otra persona. Esto no permite concluir que exista un vínculo traumático, pero sí puede ser una invitación a observar la relación con más detenimiento. Las dificultades de pareja no equivalen necesariamente a maltrato, pero el patrón de control, intimidación y desvalorización merece especial atención.

Cómo empezar a salir de una relación que hace daño

Reconocer lo que está pasando puede ser difícil, especialmente cuando todavía hay amor, esperanza o culpa. Algunas pautas pueden ayudar a recuperar una mirada más objetiva sobre la relación; por ejemplo, registrar situaciones concretas, distinguir las promesas de los cambios reales y hablar con alguien de confianza que pueda escuchar sin juzgar. También puede ayudar retomar actividades e intereses propios y recuperar el contacto con personas de apoyo.

Si existe miedo a represalias, amenazas o control, conviene planificar la salida priorizando la seguridad y, cuando sea posible, con apoyo especializado. Cortar toda comunicación no siempre es viable ni seguro, por lo que las decisiones tienen que adaptarse a las circunstancias de cada persona. El acompañamiento psicológico puede ser útil para procesar la culpa, reconstruir la autoestima y establecer límites.

Margaret reconoce que alejarse fue lo más difícil. Incluso después de terminar, volvió a buscar a su expareja. Ese encuentro fue doloroso para ella, pero le permitió ver con más claridad algunas situaciones que antes justificaba. «La terapia ha sido parte fundamental tanto en esta decisión como en muchos procesos por los que he trabajado», cuenta.

Volver a reconocerse después del vínculo traumático

Las primeras semanas tras la ruptura, Margaret se sintió destrozada. Todo lo que había proyectado con aquella persona se había esfumado. Con el paso de los días, retomó la lectura, el ejercicio y las actividades que disfrutaba. Empezó a ocuparse de sí misma y a reconocer qué buscaba inconscientemente en una relación, qué necesitaba trabajar y qué comportamientos ya no quería aceptar.

Su historia recuerda que salir de una relación dañina no siempre elimina de inmediato el dolor ni los sentimientos hacia la otra persona. La recuperación puede incluir dudas, tristeza y momentos en los que reaparece el deseo de volver. Estos altibajos no invalidan la decisión de alejarse, y cada proceso tiene sus propios tiempos.

Hoy, Margaret afirma que fue la mejor decisión para ella y su salud mental. A la versión de sí misma que no sabía cómo salir de aquella relación le diría: «Gracias, lo hiciste perfecto con las herramientas que tenías». Su experiencia muestra que es posible reconocer una relación que hizo daño sin juzgarse por haber permanecido en ella, y tratarse con compasión después de una experiencia tan dura, de la que ella, con ayuda y convicción, pudo salir.

*Si te reconoces en alguna de estas situaciones o el malestar se mantiene en el tiempo, hablar con un psicólogo o una psicóloga puede ayudarte a ordenar lo que sientes y a valorar tus opciones con calma. En el directorio de Psicología y Mente puedes encontrar profesionales colegiados en España, México y Colombia.

Si estás en peligro o temes por tu seguridad, llama al 112. En España, el 016 atiende a víctimas de violencia de género de forma gratuita y confidencial (no deja rastro en la factura), y el 024 ofrece atención ante pensamientos suicidas. Si estás en otro país, puedes consultar las líneas de ayuda disponibles en Find A Helpline.

Este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye la valoración ni el acompañamiento de un profesional de la salud mental.

  • Dutton, D. G. y Painter, S. (1993). Emotional attachments in abusive relationships: A test of traumatic bonding theory. Violence and Victims, 8(2), 105-120.
  • Shaughnessy, E. V., Simons, R. M., Simons, J. S. y Freeman, H. (2023). Risk factors for traumatic bonding and associations with PTSD symptoms: A moderated mediation. Child Abuse & Neglect, 144, 106390.
  • CPTSD Foundation (2024). Trauma Bonding: Exploring the Psychological Effects of Abuse.
  • Psicología y Mente. 5 señales de alerta de las relaciones tóxicas.
  • Psicología y Mente. La dependencia emocional en las relaciones de pareja: un enfoque psicodinámico.

Preguntas frecuentes

No. Es un concepto que la psicología utiliza para describir el apego intenso hacia una persona que ejerce maltrato, en una relación marcada por el desequilibrio de poder y la alternancia entre daño y afecto. Solo un profesional puede valorar cada situación concreta.

Una de las explicaciones más citadas es el refuerzo intermitente: tras periodos de daño o indiferencia, las muestras de cariño despiertan una esperanza intensa. A ello se suman la inversión emocional en la relación y el duelo por el futuro que se había imaginado.

Algunos patrones merecen atención, como justificar comportamientos dañinos, sentir culpa por los conflictos o cambiar lo que dices o pides por miedo a la reacción de la otra persona. Ninguna señal confirma por sí sola un vínculo traumático, pero pueden invitar a observar la relación con más calma.

No siempre. Si hay miedo a represalias, amenazas o control, conviene planificar la salida priorizando la seguridad y, si es posible, con apoyo especializado. En España, el 016 atiende a víctimas de violencia de género y, ante un peligro inmediato, se puede llamar al 112.

El acompañamiento psicológico puede ser útil para procesar la culpa, reconstruir la autoestima y aprender a poner límites. La recuperación suele tener altibajos, y volver a sentir dudas o tristeza no invalida la decisión de alejarse.

Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.

Eileen Rada. (2026, noviembre 3). «Era como una adicción»: por qué cuesta tanto dejar un apego disfuncional. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/pareja/vinculo-traumatico-por-que-cuesta-tanto-dejarlo

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