¿Te has sentido alguna vez como si, por mucho que te esfuerces, nunca fuera suficiente? ¿Dudas de cada paso que das? ¿Necesitas la aprobación de tu entorno para tomar decisiones y te cuesta poner límites por miedo al rechazo o a decepcionar?
Si tu respuesta es sí, tranquila: no estás sola. La autoestima y la seguridad personal no son rasgos con los que se nace o no se nace, sino cualidades que se entrenan y que pueden desarrollarse y fortalecerse con el tiempo.
Qué es realmente la autoestima
Muchas personas piensan que tener autoestima significa sentirse superior a los demás o mostrar una confianza inquebrantable. Nada más lejos de la realidad. La autoestima es algo mucho más profundo: es la valoración que haces de ti misma y la relación que mantienes contigo.
Cuando esa relación no es sana, aparecen comportamientos que afectan a prácticamente todas las áreas de la vida. Cuesta decir que no. Se aceptan situaciones que hacen daño. Se dejan pasar oportunidades por miedo al fracaso y se vive pendiente de la opinión de los demás. Al final, todo esto se traduce en dejar de vivir según nuestros propios valores para hacerlo según las expectativas ajenas.
El origen: la huella de la infancia
En muchas ocasiones, el origen de la baja autoestima y de la inseguridad se remonta a la infancia: comentarios recibidos, experiencias de rechazo, críticas constantes, comparaciones. Todo eso deja una huella que condiciona nuestra forma de pensar y de actuar.
Esas vivencias quedan grabadas en el inconsciente y, con los años, las repetimos como un disco rayado en forma de frases que nos marcan negativamente: «No soy suficiente», «seguro que lo hago mal», «los demás son mejores que yo», «si digo lo que pienso, me rechazarán».
Y lo más curioso es que rara vez cuestionamos esas ideas: las damos por ciertas y terminan guiando nuestras decisiones.
El enemigo silencioso: la necesidad de aprobación
Uno de los grandes enemigos de la autoestima y la seguridad personal es la necesidad constante de aprobación, porque nos hace perder libertad. Intentar gustar a todo el mundo es imposible: siempre habrá personas que no compartan nuestra forma de pensar o de actuar, y eso no dice nada sobre nuestro valor como personas.
Es importante entender que una autoestima saludable no significa no sentir miedo ni cometer errores. Significa reconocer nuestro valor incluso cuando nos equivocamos, aceptar nuestras imperfecciones y confiar en que somos capaces de aprender y de crecer.
Cómo fortalecer la autoestima y la seguridad personal
Revisa tu diálogo interno. Solemos hablarnos de una forma que jamás usaríamos con alguien a quien queremos: nos juzgamos con dureza, magnificamos los errores y restamos importancia a los logros. Aprender a hablarnos con respeto y comprensión es el primer paso.
Actúa, aunque tengas miedo. La confianza no aparece antes de actuar; se construye actuando, incluso con miedo. Cada reto superado, por pequeño que sea, nos acerca un poco más y fortalece nuestra percepción de capacidad, alimentando una autoestima más sólida.
Trabaja tus creencias limitantes. Desde el coaching y la programación neurolingüística es posible trabajar estos patrones: identificar las creencias que nos frenan, reencuadrar experiencias del pasado para verlas desde otra perspectiva que ya no duela y desarrollar nuevos recursos internos.
No se trata de cambiar quién eres
El objetivo no es convertirte en otra persona, sino liberar todo el potencial que, durante años, ha quedado oculto bajo capas de dudas y miedos. No necesitas transformarte para sentirte mejor: necesitas descubrir los recursos que ya tienes y aprender a reconocerlos.
Porque la verdadera seguridad no consiste en no tener miedo ni dudas. Consiste en seguir adelante a pesar de ellos, sabiendo, de una vez por todas, que eres suficiente.

Ana Isabel Marin Jodar
Ana Isabel Marin Jodar
Coach Para La Ansiedad
















