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Nuevos (viejos) propósitos: por qué no logramos hacer lo que nos proponemos

¿Por qué es tan común renunciar a cumplir los nuevos propósitos y proyectos?

Mariana García Guschmer

Mariana García Guschmer

Nuevos (viejos) propósitos: por qué no logramos hacer lo que nos proponemos

Se acercan estas fechas navideñas y comenzamos a ver qué sucedió en nuestras vidas y qué queremos para el futuro. Hacer balance es un elemento interesante a tener en cuenta y nos permite planificar. Pero... ¿realmente hemos hecho lo que habíamos previsto?

En esta ocasión sería bueno preguntarnos por qué no conseguimos hacer eso que siempre prometemos y dar algunas pistas para conseguirlo. Los seres humanos somos seres complejos y hay una parte de nosotros, inconsciente, con la que nos peleamos a la hora de pasar a la acción. Llega el nuevo año, con él los nuevos proyectos, y luego, según se suceden los días, nos desmotivamos y los dejamos inacabados.

Nuevos propósitos: dos cuestiones interesantes a tener en cuenta

Para comenzar y, aunque parezca evidente, es importante recordar que todas estas actividades requieren un trabajo. Surge así el espejismo de que mágicamente y casi sin ningún esfuerzo vamos a conseguir una transformación, de que con sólo mencionarlo, aquello va a suceder.

El hecho de decir que vamos a empezar a ir al gimnasio no produce cambios; decir que aprenderemos inglés no nos volverá angloparlantes.

Es necesario un esfuerzo, un trabajo, poner una parte de nosotros en ese camino. Sin capacidad de trabajo aplicada a ello, no conseguiremos el objetivo deseado. Para poder hablar inglés, tenemos que asistir a todas las clases, hacer la tarea, completar los exámenes...; para poder tener la figura que deseamos, tenemos que ejercitarla: ir un número de veces por semana al gimnasio, comer de modo saludable, etc. En definitiva, podemos tener mucha ambición, pero sin capacidad de trabajo, enfermamos.

La contraparte de esto (de abandonar el inglés o el gimnasio) es la sensación de fracaso, la desmotivación y las excusas. “Para qué voy a ir si no veo cambios”, pero... ¿hemos hecho el trabajo suficiente? ¿Realmente deseamos ese cambio? ¿Estamos dispuestos a transformar una parte de nosotros? De manera rápida diremos que sí, porque nos lo hemos propuesto; pero toda transformación implica una metamorfosis. Adquirir una suma de prácticas, de saberes y esa apertura a un nuevo universo de saber (cualquiera sea éste), implica cuestionarse, replantearse, mirarse y tenerse paciencia.

El progreso hacia nuestras metas va asociado al esfuerzo

Cuando iniciamos algo nuevo (una actividad, un trabajo) debemos aprender a estar con otros, estar dispuestos a aprender, a tolerar que haya diferentes y también tolerar que no sabemos, que estamos aprendiendo, que somos imperfectos, que tenemos un tiempo particular. Eso muchas veces es complicado.

Al mismo tiempo, cuando comenzamos esa actividad o emprendemos ese nuevo proyecto, todo nuestro alrededor se moviliza, hay un impacto en nuestras relaciones, en nuestros vínculos. Traemos algo nuevo, hemos modificado algo en nosotros: sumamos nuevas maneras de relacionarnos, conocemos nuevas personas, nuevos modos de hacer y nuestro círculo se amplía. Esto nos beneficia, y si estamos bien y deseamos seguir avanzando en ese nuevo camino, eso se contagia; permitimos que a nuestro alrededor esa energía fluya y otros se identifiquen con nuestra transformación, transformándose también. No obstante, puede haber quien se sienta agredido con ese nuevo conocimiento que adquirimos y por tanto lo desvalorice, lo menos precie e, incluso, nos desanime.

La importancia de lo inconsciente

Tanto el fracaso como el éxito de un proyecto o actividad están vinculados, en una proporción muy importante, con nosotros mismos, con nuestros deseos inconscientes. Y este es el otro aspecto que es preciso tener en cuenta a la hora de revisar el porqué no conseguimos nuestros objetivos.

Desde el psicoanálisis trabajamos con la teoría del inconsciente y entendemos que es el inconsciente la fuerza que nos sobredetermina en cada una de las acciones que llevamos adelante (sin comprender desde la consciencia el porqué).

Esto significa que, en todas nuestras decisiones, lo que mandará será nuestro deseo, siempre, aunque nos parezca todo lo contrario (existen deseos placenteros y deseos displacenteros; por lo general aquellos que producen placer en el inconsciente deben ser sofocados porque provocan displacer en la consciencia, esa es la complejidad del sujeto).

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Mariana García Guschmer

Mariana García Guschmer

Psicoanalista

Profesional verificado

Boadilla del Monte

Terapia online

Somos sujetos del lenguaje

De alguna manera, las palabras de otras personas condicionan lo que hacemos, y vienen a avalar, a encajar, a darle entidad a aquello que (desde algún lugar) se manifiesta en nosotros mismos. Muchas veces esto funciona como excusa para detener lo nuevo que estamos emprendiendo, eso que nos transformará. No todo es negativo, muchas veces, ¡también nos impulsa!

Los seres humanos estamos producidos a través de la palabra. Desde que somos niños vamos construyendo nuestro Yo con identificaciones, frases, creencias que nos producen, y en muchas ocasiones son éstas las que nos limitan.

Afortunadamente esas palabras pueden modificarse, pueden cambiarse y permitir construir otros significantes, otras creencias que nos capaciten para hacer más cosas, que nos habiliten a producir nuevos saberes. A no enfermar.

Tenemos a nuestro alcance las herramientas para poder construir nuestro propio camino y producir la vida que deseemos vivir. Solo nosotros ponemos los límites, creyendo en aquello que entendemos como única verdad. El psicoanálisis nos enseña que no hay una verdad, sino veracidades. Y también nos muestra que cada uno vive la vida que desea, incluso la enfermedad es una forma de resolver conflictos psíquicos. Una fórmula poco saludable, pero la que encontró ese sujeto. Por eso es vital dotarlo de palabras para que en lugar de enfermar pueda hablar de lo que le sucede.

Revisar lo que hicimos en el pasado, desde el punto de vista analítico, tiene poca importancia por varias cuestiones: en primer término, porque no podemos modificar nada acerca de lo sucedido, y en segundo lugar porque aquello que recordamos está teñido de subjetividad (son recuerdos encubridores). Lo relevante será lo que hagamos en el futuro, la próxima palabra, la próxima acción.

Comencemos el nuevo año no solo con propósitos, sino también con las ganas de trabajar para conseguirlos. Los procesos de cambio tienen un tiempo y el camino se hace sólo caminando.

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