En muchas enfermedades graves crónicas, especialmente en sus últimos estadios, es habitual encontrar que el paciente se encuentra muy demacrado. Apenas conserva musculatura y materia grasa, se encuentra en los huesos y no tiene fuerzas.

Originalmente esto se consideraba un síntoma propio de cualquier enfermedad grave, sin embargo, parece ser que, aunque acompaña a la enfermedad principal, estos síntomas serían, en sí mismos, otra enfermedad: la caquexia.

A continuación descubriremos qué es esta enfermedad, en qué otras condiciones médicas puede aparecer, cuales son sus causas, diagnóstico y tratamiento.

¿Qué es la caquexia?

La caquexia (de griego “kakos” y “hexis” “mala constitución, mala condición”) es un estado de extrema desnutrición, fatiga y debilidad generalizada. Se trata de un trastorno metabólico que se piensa que podría afectar a unos nueve millones de personas en todo el mundo, incluyendo al 80% de las personas diagnosticadas con alguna enfermedad oncológica avanzada. Implica una pérdida extrema de peso y masa muscular, dificultando enormemente poder llevar las tareas diarias y ser más propenso a tener accidentes y ser sedentario.

A diferencia de lo que se pueda pensar, la caquexia no se puede revertir con una dieta alta en calorías (dieta de superávit) o con gran cantidad de proteínas y grasas (dieta cetogénica). La persona va perdiendo masa muscular y grasa por problemas metabólicos, no por una desnutrición causada por no poder consumir todos los nutrientes que necesita. Igualmente, no es extraño encontrar familiares y allegados a la persona caquéctica que piensan que obligándola a comer van a revertir o enlentecer el curso de la enfermedad.

Historia de la condición

Pese a que ha sido en las últimas dos décadas que se le ha prestado la merecida atención a este trastorno metabólico, lo cierto es que se cree que el propio Hipócrates describiera la enfermedad por el siglo IV a. C. Aún así, la caquexia ha sido considerada una condición médica y no un mero síntoma a partir del año 2000, cuando la investigación médica le puso este nombre y empezó a estudiarla y definirla de forma formal.

En la actualidad se considera que hay caquexia cuando la persona ha perdido cerca del 5% o más de su peso corporal durante un período de 12 meses, acompañado de una reducción significativa de la fuerza muscular. Clínicamente sigue siendo poco reconocida por los oncólogos, y todavía no existen guías estándar para tratarla, centrándose más en tratar la enfermedad principal a la que acompaña, sea cáncer, infección, inflamación o trastorno autoinmune.

Causas

La caquexia se puede observar en las últimas etapas de casi todas las enfermedades crónicas graves, como el cáncer, VIH-SIDA y enfermedades infecciosas como la tuberculosis. Entre 16 y 42% de las personas con insuficiencia cardíaca, el 30% de los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica y el 60% de las personas con enfermedades renales presentan caquexia. Normalmente, esta condición suele pasar desapercibida entre los médicos debido a que se presta mayor atención a la enfermedad principal por la que el paciente está siendo tratado.

La caquexia debilita físicamente. El paciente llega a un estado de deterioro tan grande que presenta una muy reducida movilidad. No tiene fuerzas a causa de su extrema delgadez, la astenia y la anemia. La respuesta a los tratamientos para revertir estos síntomas suele ser baja, con lo cual la persona apenas recuperará masa muscular y grasa.

Fisiopatología

La caquexia presenta unas características fisiológicas especiales, pese a que tradicionalmente ha pasado muy inadvertida o, simplemente, ha sido considerada un síntoma más de la enfermedad grave con la que venía acompañada. En la actualidad se considera un trastorno metabólico y se han planteado diferentes hipótesis para poder explicarla, hipótesis las cuales han servido para crear fármacos con la intención de revertir los efectos de esta condición médica.

De acuerdo con las investigaciones más recientes, en la caquexia lo que sucedería es que el tejido adiposo blanco o grasa blanca, se va reemplazando por grasa parda o marrón, en la que se produce un incremento en el gasto de energía. Este fenómeno de pardeamiento de la grasa blanca ocurre antes de la atrofia muscular, un síntoma muy característico en la caquexia avanzada, y se debería a la acción de diferentes mediadores del proceso inflamatorio y la citoquina interleuquina-6 (IL-6).

En estudios con ratones se ha observado una relación con los genes que codifican enzimas ubiquitina ligasas E3. Estas enzimas se encargan de etiquetar las proteínas para generar destrucción de células. Los ratones que no presentaban estas enzimas eran más resistentes a la pérdida muscular. Parecer ser que cuando las células musculares reciben una señal propia de un proceso inflamatorio, tumor o célula inmune, estas células empiezan a producir más enzimas ubiquitina ligasas E3, lo cual permitiría explicar su relación con el cáncer, enfermedades autoinmunes e inflamación.

También se ha encontrado un vínculo molecular con el pardeamiento de la grasa blanca, que es el aumento de la expresión de la proteína UCP1. Esta molécula se encarga de desacoplar la respiración mitocondrial hacia la producción de calor o termogénesis en lugar de hacia la síntesis de ATP, lo cual implica al aumento de la movilización de los lípidos y un incremento en el gasto energético.

Diagnóstico

Pese a la prevalencia de la caquexia, los criterios diagnósticos han sido propuestos hace relativamente poco, además de que todavía son provisionales y siguen estando pendientes de estandarización. Aún así, se coincide en considerar que la caquexia debe ser diagnosticada cuando haya una progresiva pérdida de masa muscular y grasa, reducción de la ingesta de comida, problemas en el metabolismo de los carbohidratos, lípidos y proteínas, reducción de la calidad de vida y deterioro físico.

Aunque hasta hacía relativamente poco se consideraba como criterio diagnóstico la pérdida de un 10% del peso original del individuo, este criterio por sí solo se ha considerado demasiado limitado como para siquiera diagnosticar un caso de desnutrición. Sí que se considera que una pérdida del 5% del peso en los últimos 12 meses es un indicador, pero las pruebas y análisis de los niveles de nutrientes son considerados indicadores más fiables y decisivos en el diagnóstico de esta condición médica.

Con la intención de poder clasificar el nivel de gravedad de la caquexia, se han planteado diferentes sistemas de evaluación. Entre ellos encontramos “Cachexia Staging Score” (CSS) y el “Cachexia Score” (CASCO):

El CSS tiene en cuenta la pérdida de peso, además de la función muscular percibida pro el paciente, su grado de realización de diferentes tareas físicas, pérdida de apetito y cambios bioquímicos. Esta escala permite categorizar el caso en cuatro tipos: non-caquexia, pre-caquexia, caquexia and caquexia refractaria. El CASCO evalúa si la pérdida de peso, cambios en la composición corporal, inflamación, alteraciones metabólicas, inmunosupresión, rendimiento físico, anorexia y cambios en la calidad de vida.

Tratamiento

El tratamiento de la caquexia depende de la enfermedad subyacente con la que venga acompañada, el pronóstico general y las necesidades de la persona afectada. La principal vía terapéutica de la caquexia es tratar la enfermedad que la causa. Por ejemplo, en el caso de que habláramos de una persona con caquexia asociada al SIDA se aplicaría terapia antirretroviral activa. De todas formas lo habitual es no poder revertir la caquexia, dado que suele aparecer en enfermedades en avanzado estado.

Pese a esto, existen diferentes opciones terapéuticas para conseguir revertir un poco o, al menos, enlentecer el progreso de la caquexia.

1. Ejercicio

En la terapia suele recomendarse la realización de ejercicio físico, dado que se activa y fortalece la musculatura esquelética. Las personas que sufren caquexia suelen indicar que hacen poco ejercicio y pocos llevan a cabo una rutina, ya sea por falta de motivación o porque creen que el ejercicio puede empeorar sus síntomas o, incluso, hacerles daño.

2. Medicación

Como uno de los síntomas de la caquexia es la pérdida de apetito se suele recurrir a los fármacos que lo estimulan como vía terapéutica. De todas formas, los estimulantes del apetito no sirven para parar la pérdida de músculo y pueden tener efectos secundarios que deterioren todavía más el estado del paciente. Entre estos fármacos encontramos glucocorticoides, cannabinoides y progestinas. También se usan antieméticos como los antagonistas de la 5-HT3 en caso de que la náusea sea un síntoma común.

3. Nutrición

Entre las dietas que parece que podrían reducir la pérdida de masa musuclar tenemos aquellas que posean una elevada cantidad de calorías y proteínas, aunque esto no sea garantía de que el paciente vaya a recuperar en algún momento la masa muscular perdida.

Referencias bibliográficas:

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